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El legado verde del campus de la UNS: una historia que va más allá de los árboles

“La propuesta busca mitigar áreas críticas de calor extremo y entrelaza la práctica académica, el compromiso del voluntariado y la colaboración público-privada”, dijo el Dr. Pablo Marinangeli, secretario privado de la casa de altos estudios.

La propuesta lanzada tiene un marcado componente didáctico, académico y ambiental. / Fotos: Prensa UNS

“La propuesta tiene un marcado componente didáctico, académico y ambiental. Desde la selección de las especies, la decisión de dónde y cómo plantarlas y hasta la instalación del sistema de riego, se contó con la participación de estudiantes y docentes de las cátedras de la Tecnicatura Universitaria en Parques y Jardines y de la carrera de Agronomía”.

Lo dijo el Dr. Pablo Marinangeli, secretario privado del rectorado de la Universidad Nacional del Sur, a propósito de la implantación de 70 árboles en coincidencia con el mismo número de años que está celebrando la casa de altos estudios en nuestra ciudad.

“Pero fuimos un paso más allá en el plano científico: realizamos una proyección matemática de cuál será el aporte de estos 70 ejemplares en la captura y la fijación de carbono atmosférico. Si bien en términos globales no es una cifra masiva frente al resto de la masa forestal del campus, representa un compromiso ambiental concreto. Publicamos una estimación inicial basada en datos de otras regiones que corresponden a plantas adaptadas a condiciones distintas. A partir de ahora, año tras año, utilizaremos estos mismos árboles reales para que los estudiantes realicen mediciones de crecimiento en sus materias. Esto nos permitirá construir un modelo mucho más preciso de la fijación de carbono local, cuyos datos podrán transpolarse a futuros cultivos en el campus o en la ciudad”, dijo Marinangeli, quien es ingeniero agrónomo.

También sostuvo que la iniciativa no solo busca mitigar áreas críticas de calor extremo en los accesos, sino que entrelaza la práctica académica, el compromiso del voluntariado y la colaboración público-privada para recuperar el patrimonio forestal luego del temporal del sábado 16 de diciembre de 2023, que provocó la pérdida de 14.000 ejemplares.

Del acto realizado oportunamente en el lugar participaron, además de Marinangeli; el intendente de Bahía Blanca, Federico E. Susbielles; Guillermo Petracci, director Industrial para Argentina de Unipar; Andrés Pellegrina, gerente de Planta Fraccionadora Bahía Blanca de Compañía Mega y Daniel Vega y Andrea Castellano, rector y vicerrectora de la UNS, además de otras autoridades relacionadas a la presentación.

—¿De qué se trata el proyecto denominado 70 años, 70 árboles?

—Tiene como finalidad formar parte de los eventos y actividades conmemorativas por los 70 años de la UNS. Muchas veces, estos aniversarios son la justificación ideal para emprender proyectos de impacto y trascendencia en el tiempo. Una plantación nos pareció interesante porque, en primer lugar, es un patrimonio visible que queda establecido de forma permanente en el campus. Y luego viene a atender una necesidad real y urgente: mejorar la infraestructura del predio y elevar el bienestar de los estudiantes, docentes, no docentes y de la comunidad que accede y convive allí todos los días.

—¿Cómo se seleccionaron los lugares para que el crecimiento de los árboles no interfiera con futuras construcciones del campus?

—Es una preocupación lógica. El campus cuenta con un plan director avanzado que contempla la diagramación de los espacios verdes, aunque aún no está formalmente aprobado. Al existir cierta incertidumbre sobre si determinados espacios albergarán o no nuevos edificios en el futuro, tuvimos que evaluar cada sitio. No podemos colocar árboles donde mañana se levantará una estructura, ya que implicaría retirarlos y perder la infraestructura de riego instalada.

Dr. Pablo Marinangeli, secretario privado del rectorado de la UNS.

“Con esa premisa, analizamos en qué sectores la forestación brindaría los mejores y mayores beneficios prácticos. Así se propuso esta plantación de 70 árboles, cuyo número es simbólico, pero la plantación es real y representa el puntapié inicial de un plan más amplio que se expandirá. De hecho, todo el sistema de riego por goteo que implementamos ya está preparado para ampliarse a gran escala en etapas posteriores”.

—¿Cuáles fueron las zonas consideradas críticas?

—Decidimos priorizar la zona de acceso por la avenida Cabrera, extendiéndonos a lo largo del camino hasta llegar a las denominadas aulas rojas. Esta elección no fue arbitraria; desde allí tomamos el suministro para el sistema de riego pero, además, es el sector que tenía menos árboles. Es un área crítica porque cualquiera de los estudiantes o el personal de la UNS que baja del ómnibus en Cabrera, o que llega caminando, debe recorrer un trayecto de casi 1.000 metros hasta las aulas. Hacer esa caminata bajo el sol directo en pleno verano es complejo. Y con esta intervención buscamos dotar a esa zona de tránsito de un arbolado lineal que ofrezca sombra fresca, además de embellecer el entorno.

—¿Qué especies se eligieron?

—En esa línea de tránsito del acceso decidimos colocar un grupo importante de aguaribay, correspondientes a 40 de los 70 árboles. Es una especie de hoja perenne muy rústica y sumamente adaptable a nuestras condiciones, que no solo brinda beneficios estéticos y de sombra, sino que también genera un espacio propicio para la alimentación de aves y polinizadores. El resto de los árboles se destinó a un sector adyacente a la sala de lectura, un espacio de alta concurrencia donde los estudiantes pasan gran parte de su tiempo. Queríamos que este sector se convirtiera en un área complementaria de esparcimiento al aire libre. Por eso elegimos especies de hoja caduca, de manera que en los días lindos de invierno se pueda disfrutar del sol y en verano el follaje proporcione una sombra fresca. El objetivo de fondo es crear sombra para la gente y no solo para los automóviles.

—¿Qué árboles se plantaron en torno a la sala de lectura?

—Seleccionamos plátanos y acacias casco rosa. La acacia es muy rústica y posee una floración sumamente atractiva, mientras que el plátano es un árbol grande, de rápido crecimiento en términos forestales, que ofrece una sombra muy agradable y fresca y un follaje amarillo vistoso durante el otoño.

Además, diseñamos una línea con ejemplares de cina-cina. No se trata de una barrera física que impida el paso, sino de una división visual pensada para generar un ambiente de mayor intimidad entre la sala de lectura y el campo aledaño donde, eventualmente, podría construirse algún edificio. La cina-cina es una planta nativa de la Argentina, al igual que el aguaribay. Tiene una atractiva floración que se torna casi dorada a lo largo del año, y su estructura en forma de semiesfera que nace desde el suelo la hace visualmente interesante para este propósito ornamental”.

—¿Cómo se financió el equipamiento y la colocación de los ejemplares?

—La consigna de la comisión organizadora del 70° aniversario es clara: debemos concretar propuestas que representaran un bajo costo, o prácticamente nulo, para las arcas de la universidad debido al presupuesto restringido. Por eso convocamos a firmas amigas interesadas en proyectos de sostenibilidad y medio ambiente.

“La empresa Unipar, que cuenta con un programa histórico que ha aportado más de 11.000 árboles a Bahía Blanca, comprometió y preparó las plantas y los tutores. Por su parte, la Compañía Mega nos proveyó la totalidad de los insumos y equipamientos para montar el sistema de riego por goteo. Esto último es indispensable, ya que aunque las especies elegidas podrán subsistir con las lluvias naturales en el futuro, nuestros suelos son pobres y no retienen suficiente agua, por lo que requieren riego de apoyo durante los primeros dos o tres años para garantizar su establecimiento.

Marinangeli (izq.); Guillermo Petracci (Unipar); Andrés Pellegrina (Compañía Mega); Federico Susbielles y Andrea Castellano escuchan a Daniel Vega, en el acto realizado en el campus.

“Además, la instalación del riego estuvo a cargo de la empresa de paisajismo Semper Vivens, liderada por Julián Laiuppa, un egresado de nuestra propia Tecnicatura Universitaria en Parques y Jardines. El cotizó un presupuesto por debajo del mercado con el fin de colaborar y devolver algo a la institución donde cursó sus estudios. Finalmente, el trabajo físico de plantación se completó gracias al voluntariado corporativo de Mega, que aportó personal de su staff, junto con dos jornadas de voluntariado de alumnos de Parques y Jardines y de Agronomía”.

Acerca del Triángulo de Sábato

—Bahía Blanca aún se está recuperando del temporal que golpeó su patrimonio forestal local. ¿Cuál es la reflexión más allá de los 70 árboles?

—La comunidad está, hoy, sumamente sensibilizada con el tema forestal. La turbonada produjo un cambio drástico; al caminar por las calles o por el campus se nota de inmediato el vacío que dejaron los árboles caídos. Para dimensionar el daño, debemos recordar que cuando la UNS adquirió estas tierras, eran hectáreas de vegetación natural sin arbolado. En la década de 1970 se decidió realizar una obra de forestación monumental: se plantaron miles de ejemplares para conformar las cortinas perimetrales de un predio de 84 hectáreas, que hoy bordean zonas como el barrio Palihue y la Avda. Cabrera. En los años 70 y 80, los profesores de Agronomía iban los fines de semana a regar a balde y a combatir las hormigas para cuidar esa cortina. Ese pulmón verde histórico sufrió pérdidas masivas por el último temporal.

Castellano, Susbielles y Vega, en acción.

“Plantar un árbol hoy tiene una carga simbólica inmensa. Y queríamos mostrar que estamos alineados con la política pública del municipio de reverdecer Bahía a gran escala para recuperar ese patrimonio. Y esta acción personifica perfectamente el famoso Triángulo de Sábato (NdR: ideado por el físico y tecnólogo Jorge Sábato) sobre cómo funciona la innovación: tenemos la pata del Estado local trazando la política pública de recuperación forestal; la pata de las empresas privadas apoyando con inversiones y materiales por su compromiso ambiental, y la pata de la academia, la UNS, aportando creatividad, educación, estudiantes y comunidad para hacerlo realidad”.

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