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Bahía Blanca, entre la ciencia, la industria y el futuro de la inteligencia artificial

El Summit BahIA reunió durante dos jornadas a investigadores, empresas, especialistas y representantes del sector público para discutir cómo convertir conocimiento en soluciones concretas para la industria, el agro, el puerto y las PyMEs.

El cierre del encuentro, en el aula magna de la UNS. (Fotos: Rodrigo García-La Nueva.)

Hay ciudades que hablan de inteligencia artificial y hay ciudades que empiezan a producirla. Bahía Blanca busca ubicarse en un lugar privilegiado entre las segundas.

Durante dos jornadas, el Aula Magna de la Universidad Nacional del Sur fue escenario del Summit BahIA, un encuentro que puso en el centro de la discusión una pregunta que excede a la tecnología: qué ocurre cuando la ciencia, la industria y el Estado se sientan en la misma mesa para pensar soluciones concretas para la comunidad donde se desenvuelven.

La respuesta es que Bahía Blanca cuenta con condiciones muy favorables. Su entramado productivo, la infraestructura energética y portuaria, y la presencia de la Universidad Nacional del Sur y del sistema científico asociado al CONICET conforman una plataforma sobre la cual la inteligencia artificial puede dejar de ser una promesa para convertirse en una herramienta de producción.

No fue casual, entonces, que el Summit se presentara desde el comienzo con una definición ambiciosa: “La ciudad que ya tiene todo para liderar la IA industrial”. El segundo día profundizó esa idea con otra consigna todavía más concreta: “IA en producción: la ciencia, la planta y el puerto que posicionan a Bahía Blanca”.

Rector Daniel Vega, intendente Federico Susbielles y señora, Gustavo Elías (titular UIBB), Gisela Caputo (presidente Concejo Deliberante) y concejal Felipe Ferrández.

Del laboratorio a la planta

La inteligencia artificial suele asociarse con grandes empresas tecnológicas, modelos generativos o aplicaciones destinadas al consumidor. El Summit BahIA eligió otra perspectiva: mirar qué sucede cuando esas herramientas ingresan en los sistemas productivos.

Por eso, el programa combinó desde el inicio las discusiones sobre el futuro de la tecnología con los desafíos concretos de la producción. Allí aparecieron cuestiones como la infraestructura digital, la energía necesaria para sostenerla, los datos, la gobernanza y los cambios que la IA introduce en el trabajo.

Pero el verdadero valor del encuentro estuvo en el diálogo entre esos mundos.

La academia aportó conocimiento y capacidad de investigación. Las empresas llevaron problemas concretos y experiencias de implementación. El sector público incorporó la mirada sobre la ciudad, sus servicios y la transformación digital. Y el entramado productivo permitió discutir algo fundamental: para que la inteligencia artificial genere valor, tiene que encontrar dónde aplicarse.

Esa interacción quedó explícita en la propia estructura del segundo día, dedicado a “Academia + Industria”, con bloques sobre educación, investigación y transferencia tecnológica, seguidos por experiencias de utilización de IA dentro de plantas industriales.

Presentadora IA y presentador humano, Marcelo Tedesco.

Los casos que muestran que ya está ocurriendo

Uno de los aspectos más interesantes del Summit fue que la conversación no quedó limitada a escenarios futuros. Hubo ejemplos concretos de inteligencia artificial funcionando sobre problemas reales.

El programa presentó experiencias vinculadas con recursos humanos y reconocimiento facial, analítica de video urbano, seguridad y gestión de espacios públicos, además de desarrollos del tejido tecnológico local.

También se mostraron aplicaciones en el agro y la industria agroalimentaria del sur, experiencias industriales de Globant y desarrollos de Forja AI.

Y, especialmente, aparecieron casos directamente vinculados con el corazón del entramado industrial bahiense. UNIPAR presentó experiencias sobre la incorporación de IA a la planta, mientras que Profertil mostró aplicaciones de machine learning destinadas al monitoreo de activos.

Son ejemplos que permiten observar el verdadero potencial de la tecnología: no se trata solamente de “usar IA”, sino de utilizarla para anticipar problemas, mejorar procesos, controlar calidad, monitorear activos, optimizar recursos y tomar mejores decisiones.

Matías Kulfas, uno de los expositores. (Foto: Rex)

El diferencial bahiense: conocimiento + producción

En ese punto aparece uno de los principales activos de Bahía Blanca.

La ciudad no parte de cero. Cuenta con una estructura industrial de enorme escala, un puerto que constituye uno de los principales nodos productivos y logísticos del país, infraestructura energética y un ecosistema tecnológico que viene creciendo. A ese entramado se suma una comunidad científica y universitaria con capacidades específicas para investigar, formar profesionales y desarrollar conocimiento.

El Summit puso particularmente en escena ese vínculo con la Universidad Nacional del Sur y el CONICET. La perspectiva académica local estuvo presente al abordar el impacto de la IA sobre el trabajo, mientras que investigadores y docentes de la UNS y del sistema científico participaron de las discusiones sobre educación, investigación, transferencia tecnológica y gobernanza de datos.

Es justamente esa combinación la que puede transformar a Bahía Blanca en algo más que una ciudad que adopta tecnología desarrollada en otros lugares: una ciudad capaz de generar conocimiento, formar recursos humanos y transferir soluciones de inteligencia artificial hacia su propio sistema productivo.

La Universidad, en ese esquema, no aparece solamente como sede física del encuentro. Su presencia es parte de la infraestructura de conocimiento que hace posible pensar en un ecosistema de IA aplicado a la industria.

Sebastián Campanario también participó desde el escenario. (Foto: Rex)

Una oportunidad que también alcanza a las PyMEs

Otro de los desafíos planteados durante el Summit fue evitar que la inteligencia artificial quede restringida a las grandes compañías.

Las PyMEs ocuparon un bloque específico del encuentro, con una encuesta nacional sobre adopción de IA, experiencias de visión artificial aplicada al control de calidad y análisis sobre las capacidades organizacionales necesarias para atravesar una transformación de este tipo.

La discusión es particularmente relevante para una ciudad con un entramado productivo amplio y diverso. La verdadera dimensión de la transformación tecnológica no se medirá solamente por cuántas grandes industrias incorporen herramientas de IA, sino también por la capacidad del ecosistema para llevarlas a empresas de menor escala.

Allí vuelve a aparecer la interacción entre universidad, ciencia y producción: muchas veces, el principal obstáculo para una PyME no es la falta de interés por la tecnología, sino la dificultad para identificar un problema concreto, disponer de datos, encontrar profesionales capacitados y convertir una herramienta tecnológica en una mejora económicamente viable.

Presidente del Consorcio de Gestión del Puerto, Santiago Mandolesi Burgos.

La ciudad como laboratorio

La discusión también trascendió las paredes de las empresas.

El Summit incorporó la idea de la ciudad como plataforma de innovación, con la participación de especialistas en transformación digital, representantes de Bahía HUB y del Consorcio de Gestión del Puerto. A eso se sumó un bloque específico sobre infraestructura digital y el potencial de Bahía Blanca como hub tecnológico.

La lógica es potente: una ciudad que concentra industria, energía, puerto, universidades, investigadores y empresas tecnológicas puede convertirse ella misma en un espacio de experimentación y desarrollo.

En ese escenario, la inteligencia artificial puede atravesar desde una planta industrial hasta un puerto, desde el monitoreo de activos hasta la gestión urbana, desde el agro hasta los servicios públicos.

Y también plantea nuevos desafíos. El Summit abordó los sesgos de la IA, su impacto sobre el trabajo, la gobernanza de datos y el orden institucional.
Porque liderar no significa solamente adoptar rápidamente una tecnología. También significa generar conocimiento para comprenderla, formar a quienes van a utilizarla y construir las reglas que permitan aprovechar sus beneficios sin desconocer sus riesgos.

Intendente Susbielles firma el acuerdo.

Hacia un Nodo IA del Sur

El cierre del encuentro sintetizó esa vocación. El programa incluyó el acto de declaración de Bahía Blanca como Nodo IA del Sur 2026–2030, una definición que busca proyectar a la ciudad como referencia regional en inteligencia artificial.

El desafío, a partir de ahora, será convertir esa declaración en un proceso sostenido.

Para eso, Bahía Blanca tiene una ventaja que pocas ciudades pueden reunir simultáneamente: un sistema universitario y científico con capacidades de investigación y formación, un entramado industrial de escala, un puerto estratégico, infraestructura energética y un creciente tejido de empresas tecnológicas.

La presencia de la UNS y del CONICET resulta central en esa ecuación porque permite construir el puente entre una pregunta científica y un problema productivo; entre una investigación y una aplicación; entre el conocimiento que se genera en un laboratorio y una solución que puede terminar funcionando en una planta, en el puerto o en una PyME.

El Summit BahIA dejó, en definitiva, una idea que puede ser mucho más importante que cualquier herramienta tecnológica puntual: la inteligencia artificial no se desarrolla solamente con algoritmos. También necesita ecosistemas.

El encuentro generó una gran convocatoria.

Y Bahía Blanca tiene buena parte de los componentes necesarios para construir uno.

Durante dos días, científicos, docentes, estudiantes, empresas, industriales, especialistas y funcionarios se encontraron para discutir cómo hacerlo. El próximo paso será que ese encuentro deje de ser solamente una conversación y se transforme en proyectos, transferencia, nuevas empresas, aplicaciones industriales y conocimiento producido desde el sur del país.

Porque si la inteligencia artificial va a cambiar la forma de producir, Bahía Blanca tiene la oportunidad de no limitarse a observar el cambio: puede convertirse en uno de los lugares donde ese futuro se está construyendo.

El Summit tuvo una duración de dos jornadas, con 300 asistentes presenciales estimados, y se realizó en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Sur.

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