Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Trigo: ¿cuál es la herramienta clave para acortar las brechas de rendimiento actuales?

El zinc (Zn) es fundamental para una nutrición balanceada y, especialmente, para la sostenibilidad del suelo, siempre en el marco de la utilización de fórmulas balanceadas y el compromiso con la reducción de la huella de carbono.
 

El trigo es un cultivo icónico en el SOB. / Fotos: Pool de Periodistas

“En zonas como el sudeste y el sudoeste bonaerenses la relevancia de este micronutriente ha crecido de manera significativa. Hace una década, solo uno de cada diez análisis de suelo mostraba niveles por debajo del umbral de respuesta, pero hoy esa deficiencia es una generalidad en la gran mayoría de los lotes”.

El Ing. Agr. Juan Ignacio Holtz, gerente comercial de Yara para la región sur, se refiere al zinc, cuya aplicación se ha tornado cada vez más determinante a la hora de eficientizar los lotes de producción.

“Está comprobado que el zinc tiene un impacto muy alto en el rendimiento del cultivo de trigo; incluso, cuando se aplica en cantidades pequeñas. Definitivamente, su incorporación es una herramienta fundamental para acortar las brechas de rendimiento que existen actualmente”, añade Holtz, en diálogo con Pool de Periodistas.

Puntualmente, la aplicación de zinc aporta los siguientes beneficios:

—Nutrición balanceada: permite que el productor, en una misma aplicación ya planificada de nitrógeno, incorpore también zinc y magnesio para una formulación más completa.

—Sostenibilidad del suelo: ayuda a mejorar la situación de la tierra a largo plazo. Si la producción se enfoca únicamente en nitrógeno y en fósforo, la calidad del suelo empeora, de allí que la inclusión de zinc y de azufre es lo que permite revertir ese deterioro y, además, mejorar la salud del ecosistema.

Ing. Agr. Juan Ignacio Holtz.

En un contexto donde la producción agrícola demanda cada vez mayor precisión, la nutrición de cultivos se posiciona como una herramienta estratégica para cerrar brechas de rendimiento a partir de la eficiencia productiva, el uso de fórmulas balanceadas y el compromiso con la reducción de la huella de carbono.

“¿Cómo se hace? Se trabaja sobre la eficiencia, el balance nutricional y la sostenibilidad para transformar la realidad productiva”, dice Holtz.

“Nos basamos en pilares claros. El primero es la nutrición eficiente: nuestros productos cuentan con formas químicas de nutrientes diseñadas para interactuar de manera óptima con el clima y hacer un uso eficiente del agua”, explica.

“El segundo es la nutrición balanceada. No ofrecemos productos con un solo nutriente; buscamos combinaciones en porcentajes determinados que representan las mejores alternativas para nutrir los cultivos”, amplía.

“Finalmente, la sostenibilidad es un eje central. Los productos tienen una huella de carbono significativamente más baja que los commodities o los fertilizantes convencionales más utilizados en la Argentina”, describe Holtz.

En el reciente congreso de Aapresid, realizado en la ciudad de Rosario, se presentaron los fertilizantes nitrogenados YaraBela. Algunas de sus características son: suplementa nitrógeno en forma balanceada para una amplia gama de cultivos; aportan S y Mg que estimulan el crecimiento; contienen calcio, nitrógeno nítrico (promueve la absorción de cationes K, Ca, Mg), nitrógeno amoniacal para un suministro sostenido y poseen menor riesgo de acidez residual y pérdidas por volatilización.

—En regiones productivas como el SOB y el SEB, ¿cuál es la ventaja de los productos nitrogenados?

—En sistemas donde se realizan hasta tres aplicaciones de nitrógeno sobre cultivos de fina, ya sea para los casos de trigo y de cebada, la eficiencia es vital. Los productos están diseñados para incorporarse rápidamente, estar disponibles para el cultivo y evitar pérdidas por volatilización o inmovilización en los rastrojos. Además, tienen una ventaja física: una homogeneidad granulométrica y mayor peso específico que permiten una distribución superior al momento del voleo en comparación con otras fuentes.

—¿De qué manera contribuye el uso de fórmulas balanceadas a reducir la brecha de rendimiento?

—Es fundamental. Por ejemplo, cuando se puede aplicar nitrógeno y, simultáneamente, incorporar zinc y magnesio.

—¿Qué sucede si el productor continúa enfocándose solo en los nutrientes tradicionales?

—Si seguimos produciendo focalizados mayoritariamente solo en fósforo y en nitrógeno, la situación de la tierra, en términos generales, va a ir empeorando. La incorporación de productos que sumen azufre y zinc, por ejemplo, es lo que permitirá mejorar la situación del suelo de manera sostenida.

—Mirando al futuro, ¿qué rol jugarán la tecnología y la inteligencia artificial en aspectos relacionados con la nutrición?

—La inteligencia artificial permitirá que los productores accedan de manera simple a un diagnóstico seguro de cada uno de sus lotes, identificando niveles de nutrientes, pH y otras variables fundamentales.

“Actualmente, el porcentaje de análisis de suelo es bajo, porque se considera inferior al 50 % y de allí que la IA facilitará que el diagnóstico se adopte de forma mucho más relevante y sencilla. Al contar con datos precisos, la IA se convierte en una herramienta muy poderosa para achicar las brechas de rendimiento y apuntar directamente a una mayor productividad en el campo. Por eso se espera que la tecnología evolucione no solo para proveer más nutrientes, sino para hacerlo de la mejor manera posible, optimizando la distribución y la eficiencia con el menor impacto ambiental”.

De qué se trata

Estudios de la Unidad Integrada Balcarce han revelado que la deficiencia de zinc ya afecta a gran parte de los suelos, comprometiendo la eficiencia de la fertilización tradicional. Durante décadas, la estrategia de fertilización en la región pampeana se centró casi exclusivamente en macronutrientes como el nitrógeno, el fósforo y el azufre.

Sin embargo, el escenario está cambiando. Investigaciones recientes advierten que la baja disponibilidad de zinc (Zn) se ha convertido en un factor crítico que limita los rendimientos y la eficiencia productiva en los sistemas agrícolas extensivos.

Los datos recolectados por la Unidad Integrada Balcarce (que integran el INTA, el Conicet y la Universidad Nacional de Mar del Plata) muestran un deterioro marcado en la calidad de los suelos.

Según el relevamiento, el 33 % de los lotes analizados en el sur bonaerense presentan concentraciones de zinc inferiores a 0,80 partes por millón (ppm), un umbral por debajo del cual el rendimiento de cultivos vitales como el trigo y la cebada comienza a verse afectado.

Esta situación representa un retroceso significativo respecto a los registros de 2011, año en que la zona aún conservaba niveles de zinc mayoritariamente medios o altos. A nivel regional, el panorama es aún más complejo: se estima que el 66 % de los suelos pampeanos presentan hoy niveles de zinc entre medios y bajos.

Impacto en los cultivos

Está claro de que la ausencia —o deficiencia— de zinc en el suelo tiene un impacto significativo en el desarrollo de los cultivos agrícolas.

Un resumen de sus efectos y las condiciones que lo provocan es el siguiente:

—Interrupción de funciones vitales: aunque las plantas requieren zinc en pequeñas cantidades (menos de 0,6 kilos por hectárea), su ausencia impide el crecimiento normal, ya que es esencial para la fotosíntesis, la transcripción del ADN, las reacciones enzimáticas y la actividad de las auxinas.

—Reducción del rendimiento: en la producción de maíz, el zinc es el micronutriente que presenta deficiencias con mayor frecuencia. Cuando el suelo no tiene suficiente zinc, este se convierte en un factor limitante que disminuye la productividad del cultivo.

Durante décadas, la estrategia de fertilización se centró casi exclusivamente en macronutrientes como nitrógeno, fósforo y azufre.

—Factores que favorecen la deficiencia: el zinc suele ser insuficiente en suelos arenosos, suelos con poca materia orgánica (por ejemplo, aquellos erosionados donde se ha perdido la capa superior) o que poseen un pH elevado.

—Necesidad de diagnóstico y corrección: la falta de este elemento puede corregirse mediante el uso de fertilizantes, pero el impacto positivo en el rendimiento solo ocurre si se ha confirmado previamente la deficiencia mediante análisis de suelo o de tejido vegetal.

Sumate a la conversación. ó Registrate
Iniciaste sesión como Cerrar sesión