Cornelio Galván, el comerciante bahiense que le dio su apellido a un puerto
Un modesto fondeadero de madera propiedad de este comerciante dio nombre a uno de los complejos portuarios más importantes del país.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Bahía Blanca, alguna vez llamada Ciudad de los siete puertos, tiene entre sus terminales portuarias históricas la que fuera habilitada en 1902 por la empresa del Bahía Blanca and North Western Railway (Bahía Blanca al Noroeste), la cual ingresó con sus rieles a territorio pampeano y, al unirse con las vías del Buenos Aires al Pacífico, llegaba hasta las provincia de Cuyo.
Cuando la empresa construyó su propia terminal debió demoler un elemental fondeadero de madera allí existente, el cual había sido construido a mediados del siglo XIX por el vecino Cornelio Galván, como lugar de atraque de los buques de cabotaje que desde Buenos Aires surtían de mercadería su almacén de ramos generales ubicado en Zelarrayán y Rodríguez.
En la ciudad era habitual referirse al lugar como el muelle de Galván, sitio que en 1859 (unos 25 años antes de la concesión de los puertos a los ingleses) quedó envuelto en una particular polémica vecinal cuando se planteó la necesidad de construir un muelle nacional en reemplazo del histórico ubicado en la desembocadura del arroyo Napostá.
Los gallegos contra los tanos
Al igual que en la Capital Federal confrontaban los proyectos del ingeniero Luis Huergo y el empresario Eduardo Madero para el puerto porteño, en nuestra ciudad la puja se planteó entre la propuesta del prestigioso Felipe Caronti, que consideraba adecuado el lugar que hoy ocupa el puerto de Ingeniero White, y la de Cornelio Galván, que argumentaba que el sector donde estaba su muelle ofrecía mejores ventajas.
La disputa se hizo extensiva al pueblo y a la arena política, con “los gallegos de Galván”, por un lado, y los “tanos de Caronti”, por el otro. Los dos tenían peso propio e incluso Galván integraba la comisión de vecinos –designada desde el gobierno provincial—que hacía las veces de Departamento Ejecutivo, administrando las cuestiones del pueblo.
Galván fue uno de los firmantes de la nota elevada al comandante José Orquera, máxima autoridad del fuerte, solicitando suspenda la quema de los cuerpos de los indios muertos durante el malón del 19 de Mayo de 1859, la cual el militar ordenó realizar en la plaza Rivadavia.
También se lo menciona en 1863, cuando formó la sociedad Galván y Bramberger con la idea de generar núcleos urbanos en las afueras del pueblo –el primer periurbano--, intención que no tuvo resultados favorables debido a la inseguridad todavía reinantes en el desierto bonaerense.
Llegan los ingleses, Cornelio se queda
Cuando el BBNO construye su propio puerto, se limitó a respetar el nombre con que los lugareños identificaban al sitio, y el muelle de (Cornelio) Galván pasó a ser puerto Galván.
La única ocasión en que se cuestionó esa designación fue en 1889, cuando Luis Caronti, hijo de Felipe, envió una carta al intendente José Ramón Zabala, planteando se la cambiara, atendiendo, dijo, que Cornelio Galván no tuvo “papel destacado alguno”, ni como comerciante ni como vecino, como parta merecer semejante halago. En su lugar propuso asignar al puerto el nombre de Ingeniero Carlos Pellegrini, el hombre que en 1859 llegó a nuestra ciudad y realizó un plano muy completo donde ubicó también los posibles emplazamientos de un muelle nacional.
El pedido no encontró eco y el puerto mantuvo, hasta el presente, su nombre, el cual se hizo extensivo a un club de pesa, a una estación ferroviaria, a una ramificación del canal y a una playita-balneario, entre otras cosas. Todo por Cornelio y su elemental y conflictivo fondeadero.