Bahía Blanca | Domingo, 08 de febrero

Bahía Blanca | Domingo, 08 de febrero

Bahía Blanca | Domingo, 08 de febrero

Cuando las paredes hablan: el arte urbano que resignifica Bahía

Desde el graffiti y la cultura hip hop, un grupo de amigos convierte paredones deteriorados en murales con identidad. Con la impronta de Julián Ramírez, Efes Squad construye arte colectivo, mensaje social y pertenencia en el espacio público.

Fotos: Emilia Maineri-La Nueva.

Las paredes también cuentan historias. Algunas lo hacen desde el abandono, el desgaste o el olvido; otras, desde el color, el mensaje y la intervención artística. 

En Bahía Blanca, desde hace años, un grupo de amigos decidió convertir paredones deteriorados en lienzos urbanos cargados de sentido. 

Bajo el nombre Efes Squad, y con la impronta estética y conceptual de Julián Ramírez —más conocido como Yulianz Saiyan—, el graffiti dejó de ser sólo una firma para transformarse en una forma de habitar la ciudad.

“Cientos de murales; ya perdimos la cuenta de la cantidad exacta, porque no sólo hemos pintado en Bahía, sino también en otras ciudades y provincias del país”, cuenta Julián, también tatuador e ilustrador formado en la Escuela de Artes Visuales (ESAV) y uno de los referentes del colectivo. 

Las obras aparecen en esquinas inesperadas, avenidas transitadas o barrios alejados del centro, siempre con una lógica clara: resignificar el espacio público.

Efes Squad es, ante todo, un grupo de amigos atravesados por la cultura hip hop.

“Nos denominamos EFES y básicamente somos activistas de la cultura hip-hop”, resume Julián. 

El origen se remonta a febrero de 2008, cuando el grupo se llamaba Super Saiyans, nombre que luego mutó a Funky Saiyans, hasta consolidarse definitivamente como Efes Squad a partir de octubre de 2014. El cambio no fue sólo nominal: también marcó una identidad colectiva más madura y reconocible en el paisaje urbano.

La filosofía que los atraviesa responde a los cuatro elementos clásicos del hip hop: breaking, rap, DJ y graffiti.

“Todos los integrantes del grupo participamos en los cuatro elementos. Algunos se dedican más a bailar, otros a hacer música, otros a pintar, pero la gran mayoría hacemos todo”, explica. 

Hoy el grupo está integrado por Ariez, Seed, Plais, Clap, Aliz, Kevs, Frak (ya fallecido) y el propio Yulianz.

En cada intervención hay una búsqueda estética, pero también un mensaje, aunque no siempre explícito.

“Después de varios años de pintar en equipo fuimos mejorando nuestro nivel y desarrollando nuestro propio criterio de arte. En cada pieza tratamos de dejar un mensaje, aunque a veces no esté escrito con palabras, nuestro mensaje está ahí. Y el resto queda a la libre interpretación de quien vea la obra terminada”, señala Julián.

La lectura queda abierta, a la interpretación del vecino, del transeúnte o de quien se detiene a mirar al menos por un ratito ese trabajo artístico.

Entre los murales más emblemáticos, Yulianz no duda en mencionar algunos favoritos: el homenaje a Nikola Tesla, en Pueyrredón 529, y el de Dragon Ball Z, en Maldonado 107.

Yulianz Saiyan, junto con Ariez.

“Es difícil elegir uno solo entre tantos que hicimos”, admite quien encuentra en Ariez a su socio ideal para hacer arte callejero.

También se destaca el mural de mayor escala realizado por el grupo: la fusión Truman/Matrix, ubicada en avenida Cerri 997, una obra que dialoga con el cine, la filosofía y la cultura pop.

La elección de los paredones no es casual.

“No agarramos paredes que están lisas o recién pintadas. Buscamos paredones que están en mal estado o rayados con grafittis sin sentido”, explica.

Muchas veces se trata de casas abandonadas o baldíos. Siempre que es posible, piden permiso al propietario, aunque hay excepciones.

“Si al dueño le molesta, se lo pintamos todo de blanco y listo”, aclara, marcando una ética clara en la relación con el espacio urbano.

“En el de Maldonado, tratamos de pedir permiso pero no había nadie en la propiedad y como estaba muy deteriorada, dijimos: `vamos a pintarla igual'. Y creo que quedó mucho mejor de lo que estaba.

El de Avatar que hicimos en Zapiola, estaba pensado para un paredón de Corrientes al 800, pero salió el dueño cuando estábamos rasqueteando la pared y nos dijo que por favor no le pintemos. Así que nos fuimos a la otra dirección”.

Cada mural implica horas de trabajo colectivo.

“A todo paredón se le hace un tratamiento previo. Si puede colaborar todo el grupo, el trabajo suele durar más de 15 horas desde que arrancamos a prepararlo hasta que lo terminamos”.

No hay bocetos cerrados ni diseños rígidos: la improvisación es parte del desafío creativo.

“No llevamos el dibujo predeterminado. Sólo decidimos la temática y pintamos lo que nos surja en el momento, de acuerdo a los colores que tengamos y al espacio a cubrir. Es el desafío de la inventiva del momento. Por ejemplo, en el de Maldonado dijimos vamos a pintar algo de Dragon Ball. Yo tenía un poco de rosa, Ariez tenía un poco de azul y decidimos pintar dos personajes y ahí en el momento elegimos la imagen. Es todo un poco improvisado”.

Los materiales salen, en gran parte, del bolsillo de los propios artistas. Pintura látex, aerosol sintético, pinceles y tiempo.

Con el correr de los años, el proyecto también se convirtió en una fuente de trabajo: locales comerciales, escuelas de danza, kioscos, bares, pizzerías, barberías, camiones y carros de comida comenzaron a convocarlos.

“Empezamos pintando por gusto y seguimos pintando por gusto, pero ahora también por trabajo; hay gente que les gusta el laburo que hacemos y nos contrata. Eso nos permite generar recursos para seguir con los murales callejeros”, dice Julián.

Las últimas intervenciones reflejan el abanico temático del grupo: un mural homenaje a Frak en la Plaza Eva Perón; la figura de Nikola Tesla como símbolo del hombre que quiso iluminar al mundo; la fusión cinematográfica de Truman y Matrix; Dragon Ball Z como ícono generacional; y Avatar, la leyenda de Aang, en Zapiola 1307, donde los personajes representan los cuatro elementos y forman, a la vez, el nombre EFES.

“La idea es seguir pintando, por diversión y por trabajo. Estamos al servicio. No tenemos claro cuál va a ser el próximo graffiti, pero seguro que vamos a seguir”.

La historia personal

Julián empezó a los 14 años, escribiendo su nombre en las paredes, aprendiendo a prueba y error.

“Al principio me salía horrible. Escribía mi nombre como podía. Parece fácil el aerosol, pero no lo es. Requiere experiencia, paciencia y aprendizaje contínuo”, afirma.

Aunque estudió arte formalmente en la Escuela de Arte de nuestra ciudad, el graffiti fue un camino autodidacta, construido junto a amigos, entrenando, compartiendo técnicas y creciendo en conjunto.

“Yo estudié toda mi vida y sigo estudiando distintas técnicas”.

Hoy, con 30 años, Yulianz sigue recorriendo la ciudad en busca de nuevos paredones.

“Generalmente soy yo el que suele detectarlo, porque soy el que más anda por las calles, pero los otros integrantes también proponen cuando ven alguno interesante”.

El grupo no tiene una sede fija ni un plan cerrado.

“Al principio nos juntábamos en la puerta de Catastro, ahí en Chiclana al 400. En ese hall entrenábamos el baile del Hip Hop Breaking. Después nos fuimos haciendo más grandes y algunos estuvimos viviendo juntosun tiempo. Ahora ya cada uno vive en su casa y algunos ya tienen su familia. Pero nos seguimos juntando, tanto como para bailar, grafitear, hacer música o simplemente jugar al fútbol”.

De hecho, ese grupo de bailarines de break dance se adjudicó el certamen FISA Vive 2016: en esa oportunidad fueron seis los que prepararon la perfomance y salieron a competir: Suga, Ariez, Nexty, Pibe, Yulians, y Jule.

“Lo lindo de ésto es que lo hacemos entre amigos. De eso también se trata el Hip Hop, de divertirse con paz, amor, unión, respeto y diversión”.

En una ciudad donde muchas paredes callan, Efes Squad decidió hacerlas hablar. Y en ese gesto, entre el arte, la amistad y la calle, construyen identidad, memoria y una forma distinta de mirar Bahía Blanca.

¿Qué es?

La cultura Hip Hop es un movimiento cultural y artístico que nació en el Bronx, Nueva York, en los años 70, como forma de expresión para jóvenes afroamericanos y latinos, centrándose en cuatro elementos fundamentales: Mcing (rap), Djing (música), Breakdance (baile) y Graffiti (arte visual), a los que se suman la moda, la jerga y un espíritu de crítica social y superación.

“Es más que música; es una filosofía de vida y un lenguaje para narrar realidades y empoderar comunidades”, explican. 

Los cuatro elementos esenciales son Mcing/Rap (el arte de rapear, recitar rimas con ritmo y mensaje); Djing (el arte de manipular discos, creando las bases musicales); Breakdance o Breaking (danza urbana, acrobática y rítmica) y Graffiti (arte visual y pintura urbana).

 Lo que empezó en el Bronx como respuesta a los problemas socioeconómicos y a la falta de salidas recreativas se convirtió rápidamente en un movimiento mundial que se respira en nuestra ciudad.

“La cultura hip-hop se ha transformado en un aspecto influyente de la sociedad global. Va más allá de ser un tipo de música o baile, representa una forma de vida que engloba una filosofía, una moda, un lenguaje y una perspectiva del mundo únicos”, señalaron sus adeptos.

Y agregaron: “Ya sea en la letra de una canción de rap, en los fluidos movimientos de un street dancer o en los atrevidos trazos del arte del graffiti, el hip-hop sigue siendo una fuerza en constante evolución. Un lenguaje universal de creatividad y autoexpresión. En su forma cambiante, el hip-hop no sólo sigue siendo relevante, sino también esencial. Un testimonio de su impacto y legado duraderos”.

Los precursores

Hasta no hace mucho tiempo atrás, un grupo de jóvenes encabezados por un docente se dedicaba a pintar murales en paredones de escuelas, hospitales, comercios y hasta viviendas, con el objetivo de generar espacios de contención y participación social a través de la pintura.

Se trataba del grupo denominado Los  Muraleros, una ONG que desde 1986, y por iniciativa de alumnos de una escuela bahiense, decidieron pintar un mural para el 25 aniversario de la institución (más precisamente de la Escuela del Ciclo Básico).

Más de tres mil jóvenes participaron de estas actividades desde sus comienzos, y pintaron murales en casi todos los establecimientos educativos de Bahía Blanca, sociedades de fomento, centros de jubilados, hospitales, iglesias y clubes, como así también en el interior del país y hasta en Chile.

Con el paso del tiempo varió la composición social del grupo, ya que junto con los estudiantes de las escuelas del centro bahiense se empezaron a incorporar adolescentes de distintos barrios y jóvenes, en general, que deseaban aprender a pintar.

Además de pintar murales en diversos sitios públicos y privados de Bahía Blanca, también realizaron trabajos en más de 80 ciudades del país --en 14 provincias-- e hicieron varias visitas a Chile.

Entre los proyectos más destacados, en 2010, Los Muraleros realizaron un Cabildo Gigante en el frente de la Feria de la Producción, Industria y los Servicios (FISA) de Bahía Blanca. 

Entre sus lauros recibidos, Los Muraleros ostentan la Declaración de Interés Legislativo que en 2002 les dedicó la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, por difundir espacios de participación social para jóvenes.

Ese mismo año, la Organización Internacional Ashoka premió la Idea Innovadora de Los Muraleros en la captación de recursos para su labor.