Bahía Blanca | Domingo, 01 de febrero

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Rescató a su perra Luz y hoy comparten la vida y una misión: la búsqueda de personas

Desde que adoptó a esta Border Collie, en 2018, la educadora canina y fundadora del grupo K9 de Pigüé, Patricia Pikar, creó con ella un fuerte vínculo. La entrenó para misiones de rastreo y pasan muchas horas juntas. Un amor que las trasciende y se despliega en la comunidad.

Cuando Patricia Pikar decidió adoptar a Luz, en 2018, la vida de ambas cambió para siempre. 

Patricia, quien hoy es educadora canina y fundadora del equipo de rescate de personas K9 en Pigüé buscaba hacer un curso de rescate con perros pero, justamente, le faltaba lo principal: el perro.  Hasta que esta Border Collie, que parecía perdida, tocó su corazón.

“Era muy chiquita, tendría tres meses. Resultó que los dueños aparentemente la habían abandonado y estaba en un hogar de tránsito, con Martín, un bombero de Pigüé. Desde el día en que me la trajo estamos inseparables”, contó.

A los pocos días de adoptarla empezaron con las primeras prácticas de jugar con un juguete y buscarlo.

 “La formé en rastro específico y empecé a hacer el curso de educadora canina. Y hasta la actualidad es la única perra que tengo aunque tuve otro perro que falleció de leucemia”, comentó.

Patricia quien además es Perito profesional en accidentología vial, Perito en Ciencias Forenses e investigación Criminal y Maestra Jardinera es la creadora y actual coordinadora de la K9 de Pigüé, un equipo de búsqueda y rescate de personas que lidera junto a su perra Luz.

 

“Somos cinco personas. Yo estoy como guía y formamos un binomio con mi perra Luz. Las otras cuatro personas son auxiliares”, aclaró.

Destacó que, en este tipo de prácticas, el perro trabaja por asociación y lo hace para recibir su premio. 

“Cuando iniciamos a un perro de búsqueda lo hacemos a través del juego. A ella le gusta mucho jugar conmigo. Entonces yo guardo el momento del juego, el premio, o la comida para el momento en que ella encontró lo que debía encontrar”, explicó.

“Ella encuentra y yo automáticamente le tiro sus juguetes, la premio con comida o la felicito. Juego con ella en los momentos en que hacemos una práctica de búsqueda o en una búsqueda real”, dijo.

En estos cinco años que Luz está operativa ha realizado más de 100 búsquedas, a razón de una o dos por mes, aproximadamente.

“Hay momentos del año en que hay mas búsquedas, como en fin de año, con la época de finalización de clases. Se buscan más adolescentes porque repiten o se llevan materias y se fugan ante el reto de los padres”, advirtió.

Además, de diciembre a febrero,  es cuando más búsqueda hay porque en ese período la gente se va de vacaciones y es cuando algunas personas se pierden, otras desaparecen y hay casos de secuestros. 

“En Navidad y Año Nuevo, también se dan situaciones, especialmente con padres separados, en las que generalmente el papá se lleva a los chicos y no los devuelve”, dijo.

Si bien todas las búsquedas se viven como especiales, hay una que la marcó particularmente.

“He tenido unas cuantas búsquedas positivas, no puedo decir satisfactorias porque a veces encontramos a las personas sin vida”, sostuvo.

 “Hace poco, me tocó buscar a un empleado en una zona rural y cuando llegamos a la casa estaba la esposa con dos chiquitos de 4 y 7 años. Entonces, uno de los chiquitos me dijo: ‘¿Ella es la perra que va a buscar a mi papá?’.  Y esas palabras me marcaron mucho”, confió.

En esa oportunidad la esposa del hombre perdido las acompañó en la búsqueda nocturna en el campo.

“La policía nos preguntó si podía acompañarnos por si había alguna evidencia. Y unos 400 metros antes de encontrar a esta persona la perra marcó una colilla de cigarrillos bastante nueva que la esposa del hombre reconoció”, narró.

También explicó que aunque el perro no en encuentre a la persona, cuando se hace una búsqueda, el solo hecho de que pueda dar un indicio de hasta donde llegó ya es positivo, porque puede ser que haya subido a un vehículo u otra situación.

“A 100 metros de la colilla de cigarrillos Luz empezó a tener otras reacciones corporales, como hacer más fuerza. Ahí me di cuenta de que no estábamos muy lejos y le dije a una de mis auxiliares que le avise a la policía para que contenga a esta señora”, recordó.

“Lamentablemente encontramos a la persona sin vida. Fue un golpe importante. Si bien uno ya está preparado y, en mi caso, he visto otras personas sin vida, esta vez me marcó”, dijo.

Por otra parte, comentó que una de las cosas más importantes a la hora de hacer una búsqueda es la confianza que tenemos en nuestro perro y él en nosotros. Saber leer a  nuestro perro, es decir, ver qué movimiento está haciendo con sus orejas, hocico o cola. 

De hecho, confió que en cada salida con Luz hay muchos movimientos de su perra que le dan la pauta de que está bien sobre el rastro de la persona que están buscando y a cierta distancia.

“A unos 300 o 400 metros ella suele girar un poco la cabeza y me mira un poco de costado y levanta las orejas. Conocer a nuestro animal es esencial y también saber estar tranquilos”, dijo.

“Obviamente que toda búsqueda genera nervios y adrenalina porque si no nos ponemos nerviosos no somos humanos, pero yo tengo que tratar de estar lo más tranquila posible para no trasmitir esos nervios con la correa a través del movimiento de los dedos”, remarcó.

En estos casos hasta lo más sutil puede cambiar una experiencia de búsqueda.

Patricia y Luz viven juntas en Pigüé y hoy se conocen tanto la una a la otra que se dicen todo con las miradas. Y ese amor lo han sabido convertir en algo que beneficia a toda la comunidad. Unidas por una misión, las dos son más felices y más fuertes.