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Hito ambiental del maní argentino: su huella de carbono es hasta un 67 % inferior a la competencia

Un estudio del INTA y del INTI demuestra que la integración regional, la fijación biológica de nitrógeno y la eficiencia industrial otorgan una ventaja sustentable estratégica frente a potencias como los Estados Unidos y Brasil.

El estudio se publicó en la revista científica Peanut Science. / Fotos: camaradelmani.org.ar

La cadena de valor del maní en la Argentina cuenta ahora con un respaldo científico de estándar internacional para validar su sustentabilidad ambiental.

La investigación, titulada Evaluación del ciclo de vida de la cadena de valor del maní en el centro geográfico de la Argentina, fue realizada de manera conjunta por los especialistas Rodolfo Bongiovanni y Mariela Monetti (INTA Manfredi), junto a Leticia Tuninetti y Raquel Cavagnaro (INTI Córdoba), y publicada en la reconocida revista internacional Peanut Science.

El trabajo consistió en una Evaluación del Ciclo de Vida (ACV) integral sobre siete productos derivados del maní procesados en la región central del país, analizando sus impactos desde la siembra hasta el fin de su vida útil.

La medición se desarrolló bajo las normas internacionales ISO 14025, 14067 y 14040, empleando la metodología IPCC Nivel 2 con factores de emisión específicos para la Argentina y datos primarios recolectados en tres establecimientos agrícolas y una planta industrial representativa del sector.

Al contrastar los indicadores locales con la literatura científica internacional disponible bajo parámetros metodológicos equivalentes, el estudio reveló un desempeño ambiental significativamente favorable para la producción argentina:

—Mantequilla de maní: el producto elaborado en el país registra una huella de carbono total de 0,951 kg CO₂ eq kg⁻¹. Este valor resulta ser hasta un 67 % menor que el informado para la mantequilla de maní producida y consumida en los Estados Unidos, cuyas emisiones totales desde la cuna a la tumba alcanzan los 2,88 kg CO₂ eq kg⁻¹.

Incluso al aislar la etapa industrial (a la puerta de la fábrica), la mantequilla argentina emite 0,781 kg CO₂ eq kg⁻¹, frente a los 1,53 kg CO₂ eq kg⁻¹ de la industria norteamericana.

—Maní blanqueado: en la comparación directa con Brasil (específicamente en el Estado de San Paulo), el maní blanqueado argentino arrojó una huella de carbono de la cuna a la puerta aproximadamente un 21 % menor que el indicador brasileño de 0,67 kg CO₂ eq kg⁻¹.

Los investigadores explicaron que estas marcadas diferencias responden a la arquitectura del sistema productivo. Mientras que el modelo estadounidense representa una cadena distribuida geográficamente a escala nacional, la estructura argentina responde a un clúster concentrado regionalmente e integrado verticalmente.

Asimismo, el estudio aclaró que otras potencias maniseras, como China e India, no fueron incluidas en la comparativa debido a la falta de estudios de ACV revisados por pares con límites de sistema e inventarios metodológicamente compatibles.

Claves agronómicas e industriales

Antes de la explicación es conveniente precisar de qué se trata. Una huella de carbono inferior, o reducida, significa que una persona, producto, empresa o proceso emite una menor cantidad de gases de efecto invernadero a la atmósfera (en comparación con un promedio o un período anterior).

Tras el prólogo, los factores concretos que explican la menor huella de carbono del maní argentino, donde el informe del INTA y del INTI identifica eficiencias específicas tanto en el campo como en las plantas de procesamiento:

—Eficiencia a nivel de finca (fase agrícola): con insumos y energía acotados, la producción nacional se caracteriza por la ausencia o el uso muy limitado de riego artificial.

—Nutrición biológica: se registran bajas tasas de fertilización sintética gracias a la capacidad de fijación biológica de nitrógeno del cultivo.

—Manejo adaptado: la baja intensidad en el uso de agroquímicos y la adaptación a las condiciones agroecológicas del centro del país permiten obtener rendimientos estables con un consumo moderado de combustible y maquinaria.

En cuanto a la eficiencia en la etapa industrial, estas son las coordenadas:

—Escala y concentración regional: las operaciones posteriores a la cosecha, como el secado y el procesamiento primario, están concentradas en instalaciones especializadas de gran escala dentro del mismo clúster regional, en lugar de estar dispersas en múltiples puntos distantes.

—Menor consumo energético: esta integración espacial y operativa optimiza el consumo de energía por unidad de producto procesado.

Desglose del ciclo de vida

A pesar de la competitividad general, el análisis del ciclo de vida detalló la contribución de cada eslabón sobre los distintos indicadores ambientales, señalando los focos que requieren atención:

—Producción agrícola: es la etapa más determinante del proceso. Representa entre el 40 y el 66 % de las emisiones de calentamiento global (asociadas al manejo del suelo y residuos); explica hasta el 90 % de la eutrofización de aguas dulces y lidera el agotamiento de recursos minerales por el uso de agroquímicos.

—Producción de insumos: impacta, principalmente, en el agotamiento de recursos minerales y fósiles debido a los materiales de envasado y aditivos.

—Procesamiento industrial: genera los mayores impactos en escasez de agua (hasta un 82 %) y en el agotamiento de recursos fósiles, aportando entre el 5 y el 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.

—Distribución internacional: al tratarse de un sector fuertemente exportador, el transporte marítimo representa entre el 16 y el 24 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero y es la fase principal en indicadores como acidificación y generación de ozono fotoquímico por el uso de combustibles pesados. No obstante, incluso absorbiendo el impacto del flete de larga distancia hacia los mercados externos, el producto argentino mantiene su ventaja ecológica final.

Conquista de mercados exigentes

El estudio concluye que la producción de maní en el centro geográfico de la Argentina es intrínsecamente sostenible y otorga al sector una ventaja clave para consolidarse mediante Declaraciones Ambientales de Producto (DAP) en los mercados de exportación más restrictivos.

Para profundizar este camino de sostenibilidad, los equipos del INTA y del INTI trazaron una hoja de ruta centrada en cuatro oportunidades de mejora:

—Impulsar la agricultura de precisión y la agricultura regenerativa para optimizar el uso de insumos.

—Sustituir gradualmente los combustibles fósiles e incrementar las fuentes de energía renovable en el proceso industrial.

—Reducir el volumen de envases y priorizar materiales reutilizables o reciclables.

—Aumentar la precisión en las mediciones del stock de carbono orgánico del suelo para reflejar con mayor exactitud las capturas y emisiones netas de CO₂. Con este diagnóstico, la cadena manisera argentina no solo demuestra cuantitativamente su perfil ambiental superior, sino que también ofrece a decisores políticos, industrias y consumidores de todo el mundo datos científicos verificables para respaldar decisiones de compra sustentables.

Entre snacks y confituras, las virtudes de la legumbre

Botánicamente, el maní es una legumbre, pero en el marco del comercio internacional está inscripto —de acuerdo con la Cámara Argentina del Maní— en el capítulo de las nueces o frutos secos, como las almendras, avellanas, pistachos, macadamias, castañas y demás. Asimismo, el maní confitería no es un commoditie como suele considerarse, sino un producto alimentario elaborado, una manufactura de origen agrícola con un extraordinario componente de valor agregado.

La legislación alimentaria Europea tiene normas específicas para el maní, y lo designa con la palabra groundnuts (nuez del suelo). Las normas estadounidenses lo encuadran dentro del grupo de las edible nuts (nueces comestibles), y en el comercio internacional se lo denomina simplemente peanuts (nuez de chaucha).

El destino primordial del maní que produce la Argentina es la industria de snacks y confituras. El consumo de maní y productos con maní es un hábito alimentario arraigado y tradicional en muchos países del mundo. A diferencia de China, India, Nigeria, Brasil, Senegal y otros orígenes, la Argentina y los Estados Unidos compiten en el mercado del maní de alta calidad para consumo humano.

Aunque fronteras adentro de nuestro país es un dato que se ignora, el maní nacional es una marca registrada que identifica a un producto apreciado y prestigioso entre los consumidores más exigentes del mundo.

El maní que consumimos es el fruto de la especie Arachis hypogaea L., planta anual, herbácea, de la familia de las fabáceas (leguminosas), de porte erecto o rastrero. Este fruto es una semilla que está contenida en el interior de vainas que crecen enterradas en el suelo, denominadas cajas, en cantidades de una a cuatro semillas por caja, dependiendo de la variedad cultivada.

El maní se consume en todo el mundo por su agradable sabor, sus múltiples usos y su valor nutricional. En la Argentina, se lo hace tostado o frito (pelado o con cáscara); azucarado en forma de garrapiñadas, turrones y pralinés; como golosina, ya sea confitado o recubierto de chocolate; o dentro de tabletas y barras de chocolate. Es, además, uno de los componentes principales de las picadas consumidas en bares y restorans, siendo frecuentemente servido de forma gratuita acompañando a la cerveza.

El maní es el ingrediente principal con el que se produce un turrón semiblando, similar al nougat, popularizado por la marca comercial Mantecol.

La Argentina es el séptimo mayor productor en el mundo. Sin embargo es el primer exportador mundial de maní de alta calidad.

Acerca del valor nutricional

El maní constituye un alimento completo que contiene numerosos nutrientes en cada porción y puede ser incluido en diferentes esquemas de alimentación. Diversas investigaciones muestran que el maní consumido en cantidades adecuadas todos los días puede ayudar a reducir —significativamente— el riesgo de enfermedades del corazón y diabetes.

Al mismo tiempo, brinda saciedad ayudando a controlar el peso y resulta beneficioso para la salud de todos los grupos etarios. Desde las grasas saludables, las proteínas y las fibras hasta sus micronutrientes y elementos bioactivos, el maní puede mejorar el desempeño diario de una persona. Muchos patrones saludables de alimentación, como la dietas DASH, a base de plantas y mediterráneas, el Myplate USDA y las guías alimentarias de los Estados Unidos incluyen este alimento como una opción rica en proteínas.

El maní, su pasta y su aceite pueden ser un perfecto ingrediente a incluir en cualquier alimentación por ser un alimento económico, valorado por todos los grupos etarios, fácilmente incluido en cualquier tipo de plato o snack y además, muy apreciado y buscado por su exquisito sabor.

El perfil sensorial del maní argentino está caracterizado por un fuerte sabor a maní tostado y una suave reminiscencia dulce dado por el importante contenido de sacarosa típico de nuestro producto.

Su alto contenido de calcio le otorga una moderada dureza que resulta agradable al paladar y le confiere una textura particularmente crocante. La coloración es marrón clara, uniforme, y se realza con un agradable brillo dorado al ser tratado en procesos con calor (tostado, fritura y demás).

Finalmente, en cuanto al aporte nutricional del maní de Córdoba a la dieta diaria, se han estudiado los contenidos minerales en el producto listo para su consumo, dando excelentes contenidos de hierro, zinc, calcio, magnesio, potasio y fósforo entre otros, y colabora en la incorporación de todos ellos al organismo en las ingestas diarias. (Fuente: camaradelmani.org.ar).

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