Calle Darwin: casas chorizos, el toque art decó y el hombre de las rosas
Entre las vías del ferrocarril y el entubado del arroyo Napostá.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Un par de cuadras, entre las vías del ferrocarril y el entubado del arroyo Napostá, dan forma a la calle Darwin, angosta, de veredas ajustadas y una segunda cuadra de casi 200 metros de recorrido.
Rinde homenaje a Charles Darwin (1809-1882), el hombre que en 1859 publicó El origen de las especies, revolucionaria teoría sobre la evolución de los animales, incluido el hombre, a partir de la selección natural, de la supervivencia del más apto. Darwin tenía 23 años de edad cuando en 1832 y 1833 estuvo por Bahía Blanca y Punta Alta, donde permaneció varias semanas estudiando la fauna y la flora local.
Es una calle de casas bajas, donde apenas se destaca el azul de un edificio de más pisos. El resto es un mosaico de viviendas de las primeras décadas del siglo pasado, adecuadas algunas, descuidadas otras. Son parte del arte público que escribe también una historia.
Las casas de patios
Toda nuestra ciudad, todos sus barrios, cuentan con una tipología que fue propia del Río de la Plata y que aquí se multiplicó por cientos. Para terrenos ajustados, de 8,66 metros de frente, en particular los italianos implementaron una media casa de patios, una sucesión de piezas recostadas sobre una medianera, cosidas por una galería exterior y abierta a un patio lateral. Un paredón sobre la línea municipal daba cierta intimidad al patio de frente, al fondo quedaba el lugar para la huerta y el baño-letrina.
En Darwin hay varios de estos modelos, la mayoría adaptados a nuevas modalidades de uso, pero simples de ser reconocidas desde la calle, por su altura, su paredón y su diseño, como una ristra de chorizos.
Una propuesta distinta, donde la galería ha tomado protagonismo, con su cierre parcial con ladrillos y la presencia de tres arcadas. Un viejo cartel en el frente da cuenta del uso del galpón de fondo.
El art decó, presente
Un estilo que en nuestra ciudad tiene una presencia barrial sorprendente. De auge en la década del 30, el art decó se destaca por sus líneas geométricas y sus volúmenes y remates escalonados. Fue en su época sinónimo de modernidad, símbolo del progreso y del glamur, adoptado por Miami, Nueva York y Hollywood. Los ejemplos de calle Darwin impactan por su resolución abstracta y original.
Casas dibujadas y profundos pasillos
“Sólo me queda el goce de estar triste,/esa vana costumbre que me inclina/al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina”. Jorge Luis Borges, 1964
Fachadas que aspiran a ser chalet, que se les dibuja el perfil de una cubierta de tejas coloniales a doble agua, una chimenea revestida en piedra, la madera creada con el revoque y la terminación ondulada, representación el mar o el cielo.
Los pasillos profundos dan cuenta de las casas de rentas antes de consolidarse los edificios en altura. Los departamentos en horizontal, al fondo, una pasillo largo que baja y se pierde.
Modelo para armar
A lo largo de la cuadra se advierten distintas propuestas de arquitectura, frentes con ladrillo a la vista, molduras, colores, texturas, paredones y grandes patios. Siempre hay cosas para descubrir y sorprenderse. Se camina y se mira, entonces se encuentra.
Caserón, frente extenso, el color rosa, un portón que maravilla y, al costado, una construcción sin terminar que igual se las arregla para lucir un solitario vitral. En uno de los pilares la hendidura del buzón, para las cartas con estampillas, sin arroba.
Revestimiento tipo fulget, con trozos de vidrio, duradero y colorido. En la puerta un detalle especial, “LM”, iniciales de nombres, enigmáticas.
El hombre de la rosa
«La rosa es sin porqué, florece porque florece, no se cuida de sí misma, no pregunta si se la ve». Angelus Silesius
“Te llegará una rosa cada día, que medie entre los dos una distancia, y será tu silente compañía, cuando a solas te duela la nostalgia”. Alberto Cortéz
No se lo ve, se lo adivina. Es una sombra en del umbral, es la puerta abierta y el interior oscuro. En su silla de ruedas el hombre mira la calle, escucha los pasos. En la vereda, un jarrón contiene un puñado de rosas, rojas, rojo fuerte, rubí. Un cartel evita mencionar su venta, simplemente las enuncia: “Hay rosas”.
La vidriera irrespetuosa
Discépolo fue el culpable. El hizo que prestáramos atención a las vidrieras de los cambalaches, a percibir esa rara mezcla dónde convive una biblia (que llora) junto a un calefón. No es fácil encontrar similar alegoría, pero no deja de ser atractivo ese mundo, confuso, en este caso de la raqueta junto al botellón.
La plaza del Che y el recuerdo de un piletón
En entubado borró toda huella del arroyo Napostá. No hay ninguna leyenda en el asfalto que dé cuenta de su escondida ausencia. En su lugar se ubica una plazoleta con el nombre del Che Guevara. El cartel que daba cuenta de esa designación ya no está, lo robaron.
Al pie de la estructura se lee: “me cuidan los vecinos”. No alcanzó. En el lugar hay también una placa en memoria de Luis "el Turco" Salomón (1945–2021) destacado fotógrafo y militante por los derechos humanos.
Un poco más allá, hacia calle Brandsen, siguiendo el sinuoso contorno del camino, existió en la década del 30 un gran piletón, un embalse del arroyo para el uso popular como balneario. Para eso se construyó un puente-dique que además de retener el agua permitía el paso de personas y vehículos. Fue un éxito barrial pero duró poco: el agua contaminada se volvió un elemento de riesgo para los bañistas.
Final
Una cuadra, larga y casi sin árboles. De veredas angostas y muchas riesgosas. Una calle con aires de cortada y de callejón. Que tiene su historia y muestra lo suyo, donde la arquitectura vuelve a sumarse a la hora de reflejar épocas, estilos, momentos y olvidos.
La Yapa
Un componente urbano que suele pasar desapercibido es el de las tapas en las veredas. Las hay de hierro, pesadas, que han sobrevivido con el nombre de empresas que ya no existen.
En esa mirada hacia el piso se pueden encontrar propuestas distintas, como una tapa de la empresa ABSA con un particular diseño antideslizante, el cual recuerda alguna obra de los mayas y hasta se puede pensar como una mandala. También el diseño tiene algo que aportar en estos casos.