Así nace una historia
Gran desafío y placer realizar este documental sobre un músico, guionista y compositor reconocido en el mundo de habla hispana.
Periodista, conductor y realizador televisivo, columnista en medios de difusión nacional. Nativo de Coronel Dorrego, alterna residencia entre Sauce Grande y Capital Federal. Conduce el ciclo ESAS PEQUEÑAS COSAS en BVC Bahía Blanca.
Las vivencias de pibe son inolvidables; perduran y reaparecen cuando menos lo esperamos. A veces asociadas con melodías que, al escucharlas, recrean escenas con precisión cinematográfica. Otras, atraídas por los sentidos: sabores y fragancias que nos transportan en vuelo chárter a los años felices de la infancia.
A esta altura de la vida, cuando salgo del dentista, aún siento en el paladar el sabor que dispara esta historia. Recuerdos del médico de garganta, el decorado del consultorio, los temores propios de un pibe que, en compañía de sus padres, llegaba a Bahía Blanca desde Dorrego, camino al bisturí para la extracción de las amígdalas.
El doctor Antonio Maronna era un reconocido otorrinolaringólogo con consultorio en la avenida Colón al 400. Allí fuimos. El viaje era un paseo imperdible para pibes de la región deslumbrados por la ciudad que, en la década del 60, crecía a toda máquina.
La ruta 3 era angosta, pero no tan peligrosa con los baches de hoy día. Al cruzar el puente Las Oscuras ya se respiraba Bahía, aunque a esa altura es partido de Coronel Rosales. Las vías de Calderón, la proximidad de la base Comandante Espora y la vista panorámica de la ciudad que se divisaba desde la curva en altura antes del cementerio.
El empedrado de la calle con vista al Zoológico y el Parque Independencia; los carteles de los comercios del centro, el Gambrinus —de vez en cuando— y el mercado Modelo, parada obligatoria en el regreso a casa.
Frente al colegio María Auxiliadora imaginaba el interior y los días de mamá lejos de la familia, durante los cinco años que estuvo pupila hasta recibirse de maestra. Y las puntuales visitas, con aromas que perduran, a la casa de los abuelos, en la calle La Plata —hoy Israel—, entre Chiclana y San Martín.
Las vueltas de la vida: conversando sobre estas vivencias con Ricardo Margo, histórico gestor cultural de la ciudad, recordé su vínculo familiar con Jorge Maronna y le pregunté qué relación tenía con el doctor de las amígdalas.
“Es mi tío, el papá de Jorge”. Ahí mismo le pedí el teléfono. Al otro día lo llamé, conversamos, le expresé mi admiración por su trayectoria, el recuerdo de su padre, el aroma perdurable del consultorio, ahora imaginando verlo del otro lado de la puerta, entretenido leyendo, jugando con amigos, haciendo los deberes. Sin rodeos le dije que me gustaría contar esta historia de pago chico para nuestro ciclo de TV. Jorge se aprestaba a visitar España para ver a sus hijos que viven allí. Quedamos en encontrarnos. De regreso, volvimos a conversar sobre el proyecto en el que ya estoy trabajando y esperamos concretar el próximo año.
Imagino, antes del estreno en nuestro ciclo de TV, presentarlo en el auditorio de la Biblioteca Rivadavia, donde siendo adolescente despuntaba su talento musical y debutó en público con un concierto de guitarra.
Estoy conversando con amigos y familiares que aportan datos y anécdotas sabrosas. Los viajes en los que Jorge acompañaba a su papá en el Siam Di Tella a Dorrego para atender en pacientes en el sanatorio Mossovich. “Salíamos a caminar juntos por las calles del centro del pueblo, por la plaza”, cuenta su primo Horacio Bartolucci. Principios de los años 60, yo también andaba por ahí, en el colegio Nacional frente a la plaza.
Gran desafío y placer realizar este documental sobre un músico, guionista y compositor reconocido en el mundo de habla hispana por haber sido uno de los fundadores de Les Luthiers y el único integrante que permaneció en la agrupación desde su creación, en octubre de 1967, hasta su despedida definitiva de los escenarios en 2023.
Concluyo con el fino humor de Jorge Maronna describiendo su propia biografía:
“Se han escrito tantas cosas sobre mi vida que parece difícil agregar algo nuevo a esa enorme cantidad de información que continúa apareciendo en periódicos, revistas del corazón y enciclopedias. Me limitaré entonces a corregir algunos pequeñísimos errores de esas publicaciones: No nací en Shanghái (China) en 1895. Fue en Bahía Blanca (Argentina), algunos años después. No tuve veintisiete hijos sino dos: Pablo y Lucía. No recibí el Premio Nobel de Física en 1972. Tampoco fui bailarín del Ballet de la Ópera de París. Mi formación es musical: compuse algunas obras de cámara y música para espectáculos teatrales. No fui uno de los hermanos Marx. Soy integrante de Les Luthiers desde su fundación”.
(Continuará)