Las palomas y los edificios históricos: una presencia difícil de combatir
Este año se puso en marcha una batería de mecanismos buscando controlar el crecimiento de esta población para, en el mediano y largo plazo, reducirlo a una cantidad “tolerable y adecuada”.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
En 2018 comenzó de manera formal en nuestra ciudad la voluntad de implementar un amplio y variado programa para “limitar y disminuir la cantidad de palomas en el ámbito urbano”.
Ese año la provincia dejó sin efecto la normativa que desde 1943 protegía a estos animales por considerarlos “un elemento táctico para las comunicaciones en caso de guerra”.
En segundo lugar, se las declaró plaga urbana, un organismo cuya población causa daños a la salud, a los cultivos, al ganado, a los ecosistemas o a los bienes materiales. Las palomas debieran causar la misma impresión que significa encontrar en un ambiente doméstico ratas, ratones, arañas, cucarachas, pulgas, murciélagos o alacranes.
Este año la municipalidad puso en marcha una batería de mecanismos buscando controlar el sostenido crecimiento de esta población para, en el mediano y largo plazo, reducirlo a una cantidad “tolerable y adecuada”.
Un sitio dónde la presencia de estas aves es dominante y creciente es en los edificios del centro, la mayoría de alto valor patrimonial y algunos de los cuales se ha realizado su puesta en valor.
La paloma se ha hecho dueña y señora de balcones, cornisas, afeizares, molduras y ornamentos. Se posan en ellos y anidan, afectando sus estructuras. Las heces de las palomas son ácidas y desgastan las superficies, provocan microfisuras y debilitan las estructuras. Sus nidos, plumas, huevos y excrementos afectan a desagües y conductos de ventilación, lo cual deriva en humedades e inundaciones en patios y techos.
El plan
El Programa de control poblacional de palomas en Bahía Blanca no busca eliminarlas sino lograr una convivencia equilibrada mediante el control sostenible de poblaciones, la protección de la salud pública y preservación de la infraestructura.
Se trata de estrategias de reducción poblacional, exclusión, evitar la disponibilidad de alimento y el control reproductivo, todo con un monitoreo continuo.
El informe de INBIOSUR–UNS/Conicet confirma la magnitud del problema: la densidad y concentración de ejemplares anticipa impactos sanitarios y ambientales significativos si no se interviene con políticas adecuadas. Se trata de un proceso que requiere continuidad.
Desde la municipalidad, el médico Diego Palomo coordina desde la Agencia de Salud, Desarrollo Social, Ambiente y Hábitat el desarrollo del programa.
El profesional mencionó a este medio que hace 8 meses se lo comenzó a implementar y que hoy están en marcha todas las líneas de acción sugeridas.
“Hay ocho puntos donde se colocaron anticonceptivos y otros tres palomares también con este sistema. También estamos colocando alimentos para que las palomas aniden en determinados sitios –algo que requiere tiempo—y aplicando métodos de exclusión en lugares críticos”, detalló.
Otra acción a desarrollar involucra a vecinos, comerciantes e industriales, buscando evitar la colocación de carteles que son punto de atracción para las palomas.
“Es importante entender que estamos interviniendo sobre una plaga que está adaptada a la ciudad, que tiene un ciclo de reproducción muy rápido y que invade el ecosistema. Disminuir el número de palomas es un proceso a largo plazo que no se debe detener. Las palomas tienen en nuestra ciudad un lugar ideal, con comida, agua y edificios. Si el programa se suspende las palomas en poco tiempo recuperan su población”, amplió.
En cuanto a la cuestión de los edificios, Palomo mencionó que son ideales para la nidificación.
“Hay sistemas que ahuyentan a ciertas palomas pero de inmediato vienen otras que se adaptan al lugar. Pero al haber pinchos, es posible que en vez de 20 palomas haya 15: ese es el camino, disminuir la población de un animal que se adapta a estas limitaciones”.
No se equivocó la paloma
El recientemente restaurado frente del banco Nación, en Estomba y Moreno, es una muestra de cómo no logra estar a salvo de estas aves.
La puesta en valor de su fachada incluyó un esquema para evitar que se posaran en su frente, el cual no ha dado resultado favorable. El uso de púas y pinchos, una de las defensas más utilizadas y sugeridas, tienen un efecto persuasivo que dura unas pocas semanas.
Las palomas se toman un tiempo para evaluar esa presencia, estudian los espacios que quedan libres y ocupan nuevamente cada rincón, moldura y antepecho. Esas tiras defensivas terminan funcionando incluso como ayuda a sostener sus nidos.
En el banco también se ensayó la alternativa de colocar cables de acero inoxidable, pero el resultado fue el mismo.
Las áreas técnicas de la entidad analizan cómo actuar, sea reforzando los sistemas mencionados o recurriendo a otros alternativos, como los de colocar búhos de material, utilizar equipos de ultrasonido o pantallas reflectoras, más allá de estar determinado que las palomas se amoldan a cualquiera de estos sistemas.
Una alternativa eficaz es la colocación de redes cubriendo el edificio. Pero es un componente antiestético, sobre todo en inmuebles de valor patrimonial.
Esperando el láser
Otro frente que sufre el accionar de las palomas es el de la Escuela Nº 2, en la primera cuadra de calle Vieytes, recientemente recuperado en su parte central, inmaculado.
Lejos de intimidarlas la presencia de los guerreros, los consideran ideales para posarse sobre ellos. En este caso no se han colocado pinches sino que se implementará un sistema láser, el cual utiliza un haz de luz para barridos sobre zonas críticas. Las aves lo perciben como una amenaza sólida, lo que activa su instinto de huida.
Es un método ecológico, silencioso y no lesivo. De todos modos, no todas reaccionan de igual modo y las hay a las que este sistema no las afecta.