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Carlos María Giménez, el robo de Maracaibo, la cachetada de Lectoure, la corona robada

Dos veces disputó la corona mundial, la segunda fue víctima de un fallo insólito.

Cuántas veces la gloria queda a un suspiro, a una nada, a un olvido. El 25 de julio de 1977 Carlos María Giménez se plantó por segunda vez en su vida en un ring buscando la corona mundial. Nunca antes (ni después) un púgil bahiense llegó a semejante instancia.

Era la revancha por el título peso wélter junior de la AMB ante el campeón colombiano Antonio "Kid Pambelé" Cervantes, el mismo que le había arrebatado la corona a Nicolino Locche y que es hoy considerado por los especialistas como el mejor boxeador de la historia en esa categoría.

Gimenéz ya había peleado en 1973 con Pambelé, en una mala noche para él, perdió de manera inobjetable por KO en el quinto round.

En su segunda chance, a sus 29 años de edad, la pelea fue completamente distinta. Giménez se plantó en el ring, mostró entereza, técnica y coraje y dominaba la pelea ante un rival claramente desgastado y si respuesta. Ya en el segundo round Giménez lo tuvo al borde del KO.

Pero en el sexto round ocurrió algo insólito. El árbitro detuvo la pelea de forma repentina, examinó un corte muy leve en el arco superciliar derecho del argentino y sin siquiera consultar al médico oficial decretó la victoria de Pambelé por nocaut técnico.

Fue un escándalo. Giménez mostraba su enojo e impotencia ante las cámaras de televisión y Tito Lectoure, promotor y propietario del Luna Park, subió al ring, completamente ofuscado, y le aplicó un cachetazo al árbitro.

La historia no se pudo revertir. Giménez regresó a la ciudad y fue recibido como un héroe. Le robaron la pelea, le quitaron la ilusión. El paso del tiempo ha colocado en su real dimensión aquel combate, haber llegado a esa instancia. Por eso hoy se despide a un campeón. Del boxeo y de la vida.

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