Un transformador con flores, un mástil en el olvido, dos leones chinos y un canasto art decó
Lugares con historias, detalles que son testimoniales, jardines que dicen cosas. La ciudad, esa complejidad humana.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
«Los caminantes son "practicantes de la ciudad", pues la ciudad está hecha para ser recorrida. Una ciudad es un lenguaje, un depósito de posibilidades, y caminar es el acto de hablar ese lenguaje». Rebecca Solnit
Caminar la ciudad sin orden, de manera aleatoria, es una buena manera de descubrir lugares, de detectar singularidades a partir de una mirada más pausada y atenta, detalles urbanos que hacen al paisaje, al diseño y a la arquitectura.
Recorrer calles —lo que el pensador Guy Debord llamó "la dérive"—es también un acto contra la prisa moderna, y cada cuadra se convierte en un espacio lleno de historias mínimas.
Andar sin rumbo renueva el entorno a través de detalles que suelen pasar desapercibidos: pintura descascarada, carteles revelando el paso del tiempo, macetas improvisadas, plantas que crecen en las grietas, el eco de unos pasos en un callejón solitario, un objeto perdido y misterioso.
No se trata de una pérdida de tiempo. Es un momento dedicado a descubrir algo que está y no vimos, en el exterior pero también en nuestro interior.
Flores con energía. Un transformador y un jardincito delante que lo convierte en algo amable. El conjunto también remite a una postal del cementerio, una lápida con sus flores. Jorge Luis Borges describió con precisión esa singular relación. «Siempre las flores vigilaron la muerte, porque siempre los hombres incomprensiblemente supimos que su existir dormido y gracioso es el que mejor puede acompañar a los que murieron sin ofenderlos con soberbia de vida, sin ser más vida que ellos».
Verde sobre el gris. Escribió el poeta Fernando Pessoa: “Sigue tu destino, riega tus plantas, ama tus rosas. El resto es la sombra de árboles ajenos”. La primavera es la estación propicia para las plantas y las flores, el clima local no es fácil pero encuentra sus respuestas. Sumar jardines en esquinas y veredas es una decisión interesante para el paisaje de una cuadra.
Testimonios de la Capital. Los hay, por aquí y por allá. Amarrados a postes o paredes. No es de extrañar en una ciudad que vibra con el básquet. Son aros para el juego callejero, de tardes de veredas hoy un poco pérdidas, presencias que dan cuenta de otros tiempos.
La verticalidad al palo. No se deben plantar árboles sin un tutor adecuado. Es una regla básica de una plantación en una ciudad con vientos fuertes y frecuentes. En nuestras calles es habitual encontrar ejemplares que han crecido con una inclinación que los torna peligrosos y proclives a su caída.
Este ejemplar en particular ha logrado algo llamativo, completamente inclinado, ha retomado –curva mediante-- cierta verticalidad, o aspira a ella. Hay varias metáforas para esta condición. Hubo quien sugirió que la forma irregular de un árbol no es un error, sino el resultado de haber crecido en medio del viento, la piedra y la adversidad: sus dobleces son marcas de resistencia y de evolución. Hay otra lectura, que contradice aquello de “árbol que nace torcido jamás su tronco endereza”, en referencia a ciertos vicios o conductas que nunca se llegan a corregir. Este ejemplar demuestra lo contrario.
El todo terreno. Una esquina, una palmera, un Jeep amarillo. La planta tiene, como corresponde, su nombre exótico: Phoenix canariensis. Es una palmera de Canaria, de tronco grueso y robusto y hojas en forma de penacho. En la esquina, quieto y coqueto, un Jeep, amarillo, mítico, que se comenzó a fabricar en 1941 por pedido del ejército norteamericano como vehículo todo terreno. Fue clave en la segunda guerra mundial, con todo tipo de uso, desde ambulancia hasta portando ametralladoras. Joya.
Los perros de Fu. Vivienda ladrillera, con una serie de triángulos que simulan ser parte de cubiertas a dos aguas que no existen. En el balcón, detrás de las rejas, dos leones guardianes chinos, también conocidos como perros de Fu o Shishi. Son esculturas que simbolizan protección, poder y buena fortuna para los hogares.
Son leones de rasgos estilizados, fauces abiertas y detalles ornamentales en el lomo. Es habitual verlos en parejas. El de la izquierda es el macho que representa el poder con una esfera bajo su pata simbolizando el dominio del mundo.
A su izquierda la leona, la protección del hogar y la crianza. Suele estar representada con un cachorro bajo la pata. Intimidan, una reja los contiene.
Solitario y sin bandera. Es parte de un misterio, que a veces se resuelve a veces gracias a la memoria de vecinos. Un mástil en medio de un terreno, solitario, rodeado de vegetación. El óxido da cuenta de su antigüedad, no tiene cable, ni bandera. El nombre deriva de los palos de las embarcaciones, de un mástil se ató Ulises para escuchar el canto de las sirenas sin sucumbir a ellas, un símbolo recurrente en la poesía y la literatura sobre la voluntad y la tentación.
Art decó a la basura. Entre los elementos utilitarios en veredas, el poste para depositar la basura es protagonista. En 1971 en nuestra ciudad se sancionó la ordenanza que exigía sacar la basura en bolsas, dejando de lado tachos y cajones. Luego aparecieron estos postes facilitando la tarea de los recolectores y dificultando la de los animales. Pocos aspiran a la belleza, pero este caso es distinto. Aunque descuidado, sugiere líneas art decó. Podría estar en Miami o en una escenografía de Hollywood. Geométrico y curvo, aporta glamur.
Un refugio para la espera. La parada de la 502, calle Florida, intervenida y decorada. Es un lugar, un espacio cubierto. Es posible que corresponda a los colocados por la municipalidad en 1942, de los cuales queda un modelo similar en la vereda del hospital Penna. En relación al diseño original, se han realizado aberturas en sus laterales, para ver cuando llega el cole. No tiene asientos, el asunto es de parado.
Final
Un vidriera irrespetuosa es también la ciudad, y vale la pena siempre redescubrirla, una y otra vez.
Las historias de esta nota se ubican en barrios delimitados por calles Florida y Eduardo González, entre avenida Alem y Roberto J. Payró.