Cambio energético: Vaca Muerta podría convertir a Bolivia en comprador de gas
La baja sostenida de los campos maduros del vecino país redujo el margen disponible para mantener las exportaciones y abre una puerta para las posibilidades argentinas.
La relación energética entre la Argentina y Bolivia podría atravesar un cambio histórico durante los próximos años.
El país que durante casi dos décadas abasteció de gas natural al mercado argentino podría convertirse, a partir de 2031, en un potencial comprador del recurso producido en Vaca Muerta.
La posibilidad surge de un análisis elaborado por la comercializadora Alpes Energy, que proyecta una continuidad en la caída de la producción boliviana y, al mismo tiempo, un crecimiento sostenido de la oferta de gas de la Cuenca Neuquina.
De concretarse ese escenario, el mapa energético regional podría comenzar a funcionar en sentido inverso al que predominó durante buena parte de las últimas dos décadas.Sin embargo, se trata por ahora de una hipótesis de mercado y no de una operación comercial confirmada.
No existe un contrato de exportación anunciado para 2031 y la eventual venta de gas argentino a Bolivia dependerá de múltiples factores, entre ellos la evolución de la producción del país vecino, la disponibilidad de gas en la Argentina y la capacidad de transporte existente.
En retroceso
El principal elemento que sustenta la proyección es el marcado descenso de la producción boliviana.
Según Alpes Energy, Bolivia produjo en 2016 unos 56,6 millones de metros cúbicos diarios de gas natural.
Para 2026, en cambio, el promedio proyectado se ubica en 26,6 millones de metros cúbicos diarios.
La reducción alcanza aproximadamente el 53% en una década, con una tasa media de declinación del 7,3% anual.
El retroceso está asociado principalmente al agotamiento progresivo de campos convencionales maduros, una situación que genera interrogantes sobre la capacidad de Bolivia para sostener simultáneamente su consumo interno y sus compromisos comerciales.
El contraste con la evolución de la Cuenca Neuquina es significativo. En 2016, la producción de gas de esa región era de 70,7 millones de metros cúbicos diarios. Entre enero y julio de 2026, el promedio alcanzó los 110 millones de metros cúbicos diarios, un incremento cercano al 56%.
Además, la transformación no se explica solamente por el aumento del volumen producido, sino también por el cambio en la composición de la oferta.
El gas no convencional, proveniente de formaciones shale y tight, pasó de 26,4 millones de metros cúbicos diarios en 2016 a 97,7 millones en 2026.
De esta manera, su participación en la producción de la Cuenca Neuquina aumentó del 37% al 89%.
La expansión de Vaca Muerta modificó así la estructura productiva argentina y generó una disponibilidad creciente que permite pensar en nuevos destinos regionales.
Punto de inflexión
El año 2031 aparece en el análisis como una fecha de referencia para el eventual cambio de roles. El escenario planteado parte de una serie de supuestos: que Bolivia no incorpore descubrimientos relevantes, que su demanda interna permanezca en torno de los 14 millones de metros cúbicos diarios y que la producción continúe cayendo.
Bajo esas condiciones, y considerando una declinación anual del 10,5% desde 2026, la producción boliviana podría ubicarse en aproximadamente 15,3 millones de metros cúbicos diarios en 2031.
La diferencia entre la producción y el consumo interno sería entonces de apenas 1,4 millones de metros cúbicos diarios. Ese margen podría resultar insuficiente para afrontar picos de demanda o eventuales interrupciones en la producción.
Para 2032, de acuerdo con las mismas hipótesis, la producción promedio de Bolivia quedaría por debajo de su consumo interno. Por ese motivo, 2031 es señalado como un posible punto de inflexión para el mercado gasífero regional.
No obstante, la fecha no representa una previsión oficial. Un aumento de las inversiones, el descubrimiento de nuevas reservas o una reducción de la velocidad de declinación de los campos bolivianos podrían modificar completamente ese escenario.
Infraestructura
Otro de los elementos que favorecen la posibilidad de una futura exportación argentina es la infraestructura existente.
Durante casi dos décadas, el gas boliviano ingresó a la Argentina mediante contratos de suministro de largo plazo. Ese esquema llegó a su fin en 2024, aunque posteriormente se concretaron operaciones puntuales.
La reversión del Gasoducto Norte permitió modificar el sentido histórico del transporte y comenzar a llevar gas producido en Vaca Muerta hacia las provincias del noroeste argentino.
La infraestructura tiene capacidad para transportar hasta 15 millones de metros cúbicos diarios, lo que permitió sustituir una parte del gas que anteriormente llegaba desde Bolivia.
A esa red podría sumarse el proyecto del Gasoducto Manuel Belgrano, anunciado por Transportadora de Gas del Norte (TGN), que contempla una extensión de 753 kilómetros para ampliar la capacidad de transporte desde la Cuenca Neuquina hacia el centro y el norte del país.
La utilización de las conexiones regionales también cuenta con un antecedente concreto. En abril de 2025, unos 500.000 metros cúbicos de gas argentino fueron transportados hacia Brasil a través de Bolivia. La operación permitió comprobar la viabilidad técnica de utilizar esa ruta para llevar gas argentino hacia otros mercados.