Bahía Blanca | Domingo, 04 de enero

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“La Banda de Wally” y el sueño de un salón para contener a los chicos

Walter Mansilla, instructor de ritmos fitness en el barrio Moresino, lleva adelante un proyecto comunitario que busca sacar a los chicos de la calle y darles un espacio seguro a través de la música y el baile. Ahora sueña con construir un salón para protegerlos de los peligros del barrio.

Wally con parte de sus alumnos en el barrio Moresino. Fotos: Emmanuel Briane - La Nueva.

Walter Mansilla, conocido como Wally, es instructor de ritmos fitness en el barrio Moresino. Desde hace tres años dedica su vida a enseñar salsa, cuarteto, cumbia y reguetón a chicos y adultos sin cobrar un peso. Su sueño es construir un salón para que sus alumnos puedan ensayar lejos de los peligros de la calle.

A los 36 años, Walter Mansilla se define como un hombre de familia, aunque su núcleo más cercano son sus sobrinos. Vive en el barrio Moresino y desde hace tres años se convirtió en instructor de ritmos fitness.

“Doy salsa, cuarteto, cumbia y reguetón”, cuenta con orgullo y lo hago de corazón. Esas tres horas de ensayo hacen que los chicos se olviden del mal momento que quizá viven dentro de sus casas. Los saco de las calles, de la droga. La música ayuda y mucho”.

Hoy reúne a unos 32 alumnos de entre 2 y 15 años, además de adultos que van de los 20 a los 65. Los ensayos son día por medio, en plena calle, porque no tienen un salón. Esa precariedad lo expuso a situaciones de riesgo.

“Una tarde estábamos ensayando y hubo una persecución en el barrio. Un chico en moto estuvo cerca de pisar a mis alumnos. Atrás venían cuatro policías motorizados y dos patrulleros. Me dio mucho miedo que les pasara algo. Los chicos gritaban desesperados”, recuerda.

Por eso, su objetivo es claro: levantar un espacio propio donde no existan estos riesgos ni sufran el frío o el calor.

“Necesito chapas, tirantes, clavos, algo sencillo, para que ellos estén resguardados del calor, viento, lluvia, tierra, de los mosquitos y del peligro que puede haber en la calle. Después de cada ensayo suelo darles una merienda, aunque hay días -reconoce- en los que no tengo nada", explica.

Wally recibe donaciones de alimentos y calzado porque la mayoría de sus alumnos son de bajos recursos.

“Este 8 de enero celebramos Reyes, también el Día del Niño, Navidad y los cumpleaños. Aparte de baile los ayudo para que tengan algo en su mesa. Cuando salimos a bailar y no tenemos para el colectivo, juntamos latitas de aluminio para pagar el viaje”.

Las donaciones llegan a su casa en Tarija 1016 o a su alias: Wally.labanda.777. Su misión es que los chicos encuentren felicidad en el baile.

“Hay historias tristes detrás de cada alumno, chicos que la pasan horrible en sus casas. Cuando llegan llorando y se ponen a bailar, desaparece esa tristeza. Eso quiero lograr y lo estoy haciendo: el baile sana, salva”.

Su propia historia personal lo impulsa a buscar una mejor vida para los niños del barrio.

“No tuve una vida hermosa. Viví abusos, abandono. A los 16 ya pagaba un alquiler, luego fui a vivir con mi papá y no fue buena idea. Me hacía trabajar y no me pagaba. Pasé hambre, lloraba en silencio sin tener quien me abrazara. Intenté acabar con mi vida dos veces. Por todo lo malo que viví hoy no quiero que ningún chico pase lo mismo”.

Hoy, asegura, puede decir que es feliz gracias a la música y al baile.

“No recibo ayuda de nadie, se ofrecen algunas personas, pero no tengo apoyo del municipio ni de empresas. Somos nosotros, la Banda de Wally, contra el mundo”, cerró.