Bahía Blanca | Viernes, 12 de abril

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Cuando el descanso es escaso

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Cada vez es más reiterada, entre aquellos que pudieron tomar vacaciones, decir la frase “vacaciones de la vacaciones”, algo así como un mantra que expresa que tras el período de descanso es necesario tomar un tiempo adicional para recuperarse de las vacaciones, de esos días en los que la rutina se alteró. 

Mención especial merecen quienes no han podido establecer una pausa y deben recuperarse del agotamiento acumulado. Entonces cabe preguntarse: ¿El cansancio nos corroe lentamente? ¿Hay una gota que colma el vaso? 

El cansancio y el sentimiento de desgaste, nos deteriora lentamente. Según las Neurociencias, un cerebro “fatigado” responde de manera diferente a los estímulos, se torna más sensible a nivel emocional y la realidad es percibida de manera negativa, al margen que de por sí, pueda ser negativa. 

El agotamiento, ése que poco a poco nos arroja a un estado “zombi”, es consecuencia de una gran cantidad de actividades y tareas que asumimos y que también nos imponen sin advertir que en algún momento nos pasarán factura y sin percibir que no es “una gota la que colma el vaso” sino una sucesión de ellas.

La pregunta es cuánto podemos soportar, ya que cuando se está llegando al límite es esperable que se manifiesten algunos estados. Experimentamos insomnio, hay una disminución de la energía que hace que al despertar sintamos que no llegaremos al final de la jornada; falta de concentración, fallas en la memoria, confusión y obviamente aumenta la posibilidad de cometer ciertos errores.

Además, estamos irritables, pesimistas, nos gana la desilusión y la desmotivación; la capacidad de disfrutar se va extinguiendo mientras el mundo va de los grises al negro profundo.

El cansancio también se traduce en una serie de signos físicos a los cuales debemos estar alertas. Los más frecuentes son: pérdida o aumento del apetito, cefaleas, palpitaciones, problemas digestivos.

Sumergidos en el agotamiento y sin poder salir a la superficie, buceamos en la creencia de que el cansancio es hasta una sensación resultante de las decisiones erróneas, del acopio de esas equivocaciones fatales, de las decepciones y los fracasos.

No es casual que un determinado momento o ante la cosa más insignificante, el vaso rebalse y nuestra vida se desborde. Ese el momento para detenerse y pensar con calma cuál es la causa de nuestro cansancio, sin responsabilizar a otros y asumiendo que en ocasiones tenemos “el sí fácil”.

Generalmente cuando el cansancio nos aprisiona y socava a tal punto de olvidarnos de nosotros mismos es porque nuestras necesidades y deseos están quedando sepultados en la polifonía de voces y exigencias ajenas.

Si necesitás “vacaciones de vacaciones” o si aún no pudiste dedicarte un descanso habrá que establecer límites, disminuir las autoexigencias y generar espacio para experiencias placenteras. Además, habrá que fijar prioridades pues no siempre lo urgente es importante. A veces realizamos “inversiones emocionales” en temas triviales y en personas que no merecen nuestro tiempo y mucho menos nuestra energía.