Bahía Blanca | Viernes, 01 de marzo

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La necesidad de una PASO en Bahía y otros dilemas del peronismo

El Frente de Todos busca alternativas para ser competitivo en un distrito que le viene resultando muy adverso. Cristina, siempre un factor clave.

Miguel Agüero, Federico Susbielles, Marcelo Feliú y Sebastián Mas. (Ilustraciones: Guillermo Arena)

¿Qué hará Cristina Kirchner en estas elecciones? Es la pregunta clave del Frente de Todos, porque el rol de la vicepresidenta y principal líder del peronismo resultará el elemento ordenador de esa alianza.

Su presencia en las boletas, sea en la fórmula presidencial o como postulante a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires, concentrará la atención en ella, aparejando beneficios y perjuicios para sus compañeros en los diferentes tramos de la boleta. Hay distritos del Conurbano donde CFK levanta a cualquier candidato, así como existen municipios como Bahía Blanca donde probablemente funcione como un ancla. Su ausencia, desde ya, provocará efectos similares en sentido inverso.

Una vez más, la principal dicotomía de esta elección a nivel nacional será kirchnerismo o antikirchnerismo. Luego hay otras grietas, pero ninguna tan potente como esa.

En el justicialismo de Bahía las opiniones están divididas. La devoción de distintos dirigentes y militantes hacia la expresidenta, deseando que compita por la Casa Rosada, choca con la mirada de quienes advierten que su nombre en los cuartos oscuros podría traer más problemas que soluciones.

Esto último es cierto, con un inconveniente adicional: hoy tampoco se ve una alternativa que mejore demasiado el escenario. La fórmula nacional del FdT, con Cristina, Alberto Fernández, Sergio Massa o quien sea, no mide más de 25% en esta ciudad, una vara muy baja para que un candidato a intendente la utilice como catapulta. Sí o sí quien aspire a convertirse en jefe comunal deberá tener una avalancha de cortes de boleta a su favor.

Pese al viento en contra, que podría ser aún más fuerte si la inflación sigue desatada, en el peronismo bahiense no pierden la esperanza. Básicamente, consideran que Juntos por el Cambio tampoco llegará demasiado sólido a las elecciones debido a sus internas nacionales, a que la gestión municipal sufrirá el desgaste de estos 8 años y a que tendrá dificultades para instalar a sus candidatos locales, a quienes califican de poco atractivos.

Eso, sumado a la expectativa de que los libertarios les resten un importante porcentaje de votos a Juntos, lleva a un sector del PJ a pensar que con un 35% o poco más en la boleta a jefe comunal es posible ser competitivos. Es decir, deberían pasar dos cosas centrales: que Juntos baje mucho su promedio de las últimas elecciones generales, el cual se ubica cómodamente por encima del 45%, con un pico del 51% para Héctor Gay en 2019; y, además, que el candidato peronista consiga un corte de al menos 10 puntos respecto de la lista presidencial.

En 2019, Federico Susbielles logró un 6% más de votos que la boleta de Alberto Fernández (41% y 35%, respectivamente, contra 50,9% de Gay) mientras que en 2015 Marcelo Feliú le sacó 11% a la de Daniel Scioli (35% y 24% versus 43% del propio Gay). En ambos casos, ni con corte a favor, estuvieron cerca de desbancar al actual intendente.

La epopeya en este 2023, analizando las estadísticas recientes, parece improbable. Más todavía si se observa que en las legislativas 2021 el Frente de Todos apenas sumó el 23%. Sin embargo, subrayan en las unidades básicas, el contexto es distinto y ningún partido se pierde antes de jugarlo.

¿Y cuál es la táctica a utilizar, entonces? La mayoría concuerda que necesitan, en principio, ir a una PASO convocante, que llame la atención del electorado. En esa lógica, la mejor contienda sería entre Federico Susbielles y Marcelo Feliú. El titular del Puerto aún no oficializó que competirá este año, aunque nadie espera lo contrario. El senador, en cambio, se tomará su tiempo hasta dar una definición, con fecha límite el 24 de junio, día del cierre de listas.

Los más optimistas en el PJ creen que ambos, cuya imagen positiva es comparativamente buena en Bahía Blanca, podrían redondear un número de votos superior al 35% en agosto y que ese volumen dejaría al ganador de la primaria con chances reales para las generales de octubre. Se trata de una proyección un tanto autocomplaciente, claro, pero no es para descartar.

De todas maneras, siguiendo la misma línea, cabe preguntarse qué pasaría si uno de los dos se corre. El FdT necesitará encontrar a un dirigente capaz de aportar peso propio para que la primaria no sea testimonial. Hoy por hoy, decir quién gana entre Susbielles y Feliú es arriesgado. No lo es, para nada, afirmar que cualquiera de ambos derrotaría sin grandes complicaciones a un adversario diferente.

Fuera de esos dos referentes, por ahora el único que manifestó abiertamente su deseo de competir es el gremialista Sebastián Mas, de la asociación de empleados de AFIP. Referente del Grupo Sudoeste y miembro de la CGT que ayer celebró su reunificación, en 2021 le negaron la boleta y se quedó con la sangre en el ojo. Recostado en los últimos tiempos en el Frente Renovador, si logra participar su mejor aspiración es que Massa termine liderando una lista presidencial y eventualmente lo bendiga.

En tren de buscar otras opciones para una primaria peronista, se puede seguir por los sindicatos. El camionero Roberto Arcángel tuvo sus aspiraciones en la pasada legislativa para integrar una lista de concejales, iniciativa que finalmente no prosperó, y habrá que ver si le interesa volver a disputar un lugar.

Uno que sí integró aquella nómina y en las últimas semanas comenzó a llamar la atención fue el municipal Miguel Agüero, quien sugirió en redes sociales que no le disgustaba la idea de sumarse a la carrera por el principal sillón de Alsina 65.

Por lo pronto, el Bloque de Unidad Sindical que integraba decidió volver a adherir a la CGT, reordenando el conglomerado gremial. La nueva cúpula cegetista la conformarán los dos dirigentes que ya ostentaban el liderazgo, el mencionado Arcángel y el mercantil Miguel Aolita, a quienes se añadió un referente del Bloque, Carlos de Boer, de la UOCRA.

Esto habla de un nuevo escenario en el sindicalismo bahiense, más unido, al menos desde lo formal. Aunque si la postura de la CGT se mantiene este año como en 2021, ningún dirigente que aspire a cargos electorales tendrá el respaldo institucional de la central obrera. Léase: a nadie se le pondrán trabas, pero tampoco habrá un encolumnamiento incondicional.

Agüero, a diferencia de otros pretendientes de esa rama, tiene ciertas ventajas. Es hábil para declarar y, por razones obvias, conoce como ninguno la dinámica del Municipio. Eso sí, uno de sus principales problemas es que debería enfrentarse con una gestión comunal que, según él mismo reconoce, terminó generando una buena sinergia con el sindicato.

"Gay es el intendente que mejores condiciones laborales le dio al empleado municipal", dijo el año pasado en una entrevista rápidamente viralizada. Es más, se espera que hoy mismo anuncie el resultado de las negociaciones paritarias desarrolladas ayer, con buenas noticias para los afiliados al gremio.

Subirse a una campaña obligaría a Agüero a un ejercicio complejo: compatibilizar un discurso opositor con su condición de negociador frente a un Ejecutivo que le concede mucho de lo que pide. Además, como titular gremial representa a un universo de más de 3 mil personas con ideologías de las más variadas. Muchos le podrían cuestionar que utiliza al sindicato como plataforma.

No obstante, esos no serían los peores obstáculos para verlo en carrera. El punto decisivo probablemente sea otro. Agüero tiene la experiencia suficiente como para saber que si se mete en una PASO necesitará cuantiosos aportes de la superestructura del Frente de Todos para encarar una campaña con aspiraciones. Hacer una jugada individual contra un elegido de la cúpula nacional (supongamos, Susbielles) lo terminaría convirtiendo en el pato de la boda. Es difícil que acepte jugar en esos términos.

Los que saben dicen que para ganar una elección se necesitan varias cosas. Un buen perfil de candidato, un discurso apropiado y un clima social favorable a las ideas que el postulante defiende. Pero a eso hay que agregarle recursos. Cientos de miles de dólares. Por eso, deseos de dirigentes puede haber a montones, pero dar la pelea en serio no es para cualquiera.

Sí está claro que algunos vienen acelerando. El presidente del Puerto, habitual protagonista en redes, no solo está enfatizando su actividad cotidiana como dirigente y militante sino que, con pocos días de diferencia, le pegó al Municipio por dos temas en los cuales el FdT se siente fuerte: políticas de género y medio ambiente.

Hay un detalle, que puede parecer menor, pero quizás no lo sea. En sus críticas nunca menciona a Gay, a quien invitó al lanzamiento de la Fiesta del Camarón y el Langostino, que este año volverá a tener un generoso despliegue. ¿A quién le suma más esa foto?

Las interpretaciones son múltiples. Una posible es que a Susbielles le sirve consolidar su imagen como contracara del intendente: mostrarse ante la gente como el segundo poder, la alternativa al modelo. Otra, es que Gay lo absorbe y lo convierte en un opositor light: ya no un antagonista férreo sino casi un socio del sistema.

Como sea, la cuesta arriba que emprenderá el peronismo este año necesita una gran combinación de impulsos. Y uno de los más importantes no tiene nada que ver con lo que se decide en Bahía Blanca. La inflación ya tocó las tres cifras en la comparación interanual y en el horizonte cercano no se ven condiciones mucho mejores. Contra esa sensación de que el dinero se escurre es muy difícil argumentar.