Bahía Blanca | Martes, 16 de agosto

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Un detalle no menor

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   Un bigote mal cortado, la ropa unos talles más grandes, sin botones o descosida pueden ser simples datos, sin embargo ¿los detalles pierden vigencia en tiempos vertiginosos? ¿Esos “pormenores” aportan ventajas al momento de tomar decisiones? ¿Las personas detallistas tienen mayor capacidad de empatía? 

   El vocablo detalle en su acepción etimológica proviene del francés ‘détail’ y este, del verbo ‘détailer’ que significa “cortar en pedacitos”; de allí la noción del concepto detalle que hace referencia a partes pequeñas, se trate de hechos o situaciones, que forman parte de otra mayor. También se refiere a circunstancias y datos que completan o aclaran un relato; otro significado aduce a gestos de delicadeza y amabilidad.

   La caída del muro de Berlín según algunos autores marca el inicio de la posmodernidad, una de las características sobresalientes de esta era es la sensación de vértigo y velocidad que reviste la vida cotidiana donde no existe la posibilidad para la pausa y menos aún para el “ocio fecundo” al que hacía referencia Sócrates en la Antigua Grecia, por lo tanto no hay lugar para los detalles y los detallistas, tiempos veloces fusionados con reiterados mandatos en los que el otro es prescindible. 

   Al momento de tomar decisiones personales o dentro del ámbito laboral se pondera a aquellas personas que “sin perder tiempo”, sin anticipar consecuencias colectivas, toman medidas intempestivas amparándose en el logro de un objetivo, en alcanzar un resultado o una cifra, izando la bandera de la eficacia y el éxito. 

   De esta manera, sin tiempo que perder,  con firme determinación y sin esa capacidad de reparar en los “detalles” por ser considerados insignificancias, se arremete a toda velocidad sin nada en que pensar y sin nadie a quien preservar.

  Tiempos signados por lo “urgente” no habilitan espacios para las anécdotas y los detalles, y precisamente en esos “pormenores”, y en ocasiones, radica el alcance y el sentido de los sucesos y las decisiones.

   Andar con miramientos en tiempos de aceleración constante es un acto de generosidad, pues quien sabe  contemplar los matices alcanza a ver lo que a veces resulta imperceptible pero que luego se tornará trascendente; entiende y comprende con maestría a los otros y logra mayor empatía.

   En la actualidad se le rinde tributo a “salir del paso” tomando atajos y con acciones facilistas en pos de la eficacia y la obtención de resultados en el menor rango de tiempo. A veces se descalifica a la persona detallista por considerarla falta de coraje y decisión, contrariamente la característica saliente es que no arrasa sin distinción con todo lo que hay su paso, pues tiene la capacidad de advertir esas “pinceladas” y ver lo que otros no perciben.

   El detalle es un corte, es una parte mínima, no siempre es algo accidental y sin valor, por el contrario, descuidar esas pequeñeces implica que ya no queda mucho que cuidar, aniquilar “lo intrascendente” puede ser decisivo a veces un pequeño detalle puede modificar todo un destino.