Bahía Blanca | Martes, 09 de agosto

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Un robot creado por un bahiense investiga glaciares en la Antártida

El prototipo del ingeniero Andrés García superó la primera prueba en campo en el glaciar Bahía del Diablo de la isla Vega.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva y gentileza Andrés García.

Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com

   Aunque nació en Plaza Huincul, Andrés García se siente un bahiense más. Aquí se radicó a los 11 años (tiene 47), se recibió de ingeniero electrónico en la Universidad Nacional del Sur y actualmente es profesor de tres materias de Ingeniería Eléctrica en la UTN.

   Reconoce que en 2021 llegó el mayor desafío de su carrera: coordinar el equipo que construyó un robot que permita descifrar los misterios de la Antártida. 

   El “Robot de uso científico en el sector antártico” es el nombre oficial del proyecto que fue financiado por la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF) y desarrollado por la Escuela de Oficiales de la Armada (ESOA).

   En poco menos de 9 meses, creó una plataforma robótica de cuatro ruedas de tracción controlada, equipada con cámaras, sensores, un brazo y paneles solares.

El ingeniero Andrés García, con otro prototipo en el que está trabajando

   Y su primera prueba en campo fue superada con éxito en el glaciar Bahía del Diablo de la isla Vega, a 60 kilómetros al norte de la Base Marambio. 

   Allí, ya realizó trabajos que son usados como parámetro para monitorear la evolución de los hielos ante el impacto del calentamiento terrestre y constituyen un valioso aporte al Servicio de Monitoreo Mundial de Glaciares de la UNEP-UNESCO.

   “En esta campaña se probó su movilidad sobre el glaciar, su desenvolvimiento en forma autónoma, el funcionamiento de sus cámaras y cómo lo afectan la temperatura y la humedad”, explicó García. 

   Pese a una tormenta que superó los 100 kilómetros de viento y una intensa nevada, el robot funcionó tal como era esperado.

   “Al tener un centro de gravedad bajo, no se voló ni sufrió roturas. Y tampoco tuvo filtraciones pese a quedar cubierto de nieve. El único inconveniente, por así llamarlo, radicó en los paneles solares, que habrá que buscarle alguna solución cuando puedan traerlo otra vez a Bahía”, manifestó este ingeniero que se dedica a la investigación y desarrollo en diferentes áreas de control y automatización y a la implementación hardware de algoritmo de control óptimo y no lineal con especial foco en la programación de microprocesadores.

   “La robótica me gusta desde joven. Es un tema que me atrae mucho”, reconoció y agregó que su primer proyecto de este tipo fue en 2020, en plena pandemia, con la creación de un robot para uso hospitalario.

   “Hoy está funcionando en el Hospital de Puerto Belgrano. Con ese trabajo previo pudimos allanar un poco el camino para esta segunda idea. Más allá de que tomamos algunas cosas de aquel primer robot, éste se hizo desde cero. Y lo bueno es que tiene generalidades que pueden utilizarse en otros, ya sea para este tipo de casos o para emplearlos en otros temas”.

   A mediados de 2001 se recibió de Ingeniero Electrónico en la Universidad Nacional del Sur (UNS). Su director de tesis lo contactó en ese momento con el Instituto Superior de Robótica de Portugal, donde concurrió becado para especializarse  en el campo que tanto lo apasiona.

   “Trabajé en una institución enorme que está completamente dedicada a esta disciplina”, contó.

   Tres años después retornó al país con una especialización en robótica móvil terminada y muchos sueños por cumplir, con la idea de compatibilizar sus funciones de investigador con las de docente.

   En ese sentido, su trayectoria se inició en la universidad que lo vio nacer, como asistente de la materia Sistemas de Control y Control de Procesos. Luego trabajó en la Facultad Bahía Blanca de la Universidad Tecnológica Nacional como docente titular de diversas materias dentro del Departamento de Electrónica.

   Y en 2019 se convirtió en docente e investigador de la ESOA, donde pudo desarrollar la actividad que más lo apasiona: la robótica.

   “Este robot en particular pesa 20 kilos y es multifuncional. Básicamente es un rectángulo con ruedas, porque me gusta trabajar la robótica modular. Y su costo giró alrededor de los 500 mil pesos. Puede ser utilizado en otros ámbitos, pero eso lo decidirá la Armada de acuerdo a sus prioridades”.

   Para trasladarse en diversas direcciones, el prototipo posee un giro diferencial por el cual, mediante la tracción de dos ruedas hacia un lado y dos hacia el otro a distintas velocidades, efectúa el giro para corregir su rumbo.

   “En cada actualización on line del GPS analiza el punto donde estaba, el punto donde está y el punto a donde tiene que ir, triangula la posición y corrige el rumbo. Y la navegación puede hacerse de dos modos: manual y autónomo. Se lo puede manipular a través de un control remoto o bien se le cargan las coordenadas de los lugares a visitar y los recorre automáticamente”, agregó el científico argentino.

   Este robot ciento por ciento argento también cuenta con sensores capaces de detectar obstáculos o pozos, que le permiten detenerse y recalcular las posibilidades de avanzar, con muchas piezas que fueron fabricadas en 3D y con baterías especiales para trabajar a muy bajas temperaturas, que pueden cargarse mediante un panel solar incorporado, con alternativas de carga mediante una toma de 220v y otra de 12v.

   Además, posee dos cámaras: una, que le permite realizar grabaciones tanto de audio como de imagen de manera diurna o nocturna mientras el robot se desplaza, en tanto que la segunda cámara, mucho más compleja en su funcionamiento, está conectada a una red neuronal y a un software mediante el cual puede cargársele datos para que la cámara realice todo tipo de búsquedas, y, cuando detecta el objetivo cargado, lo pueda filmar o fotografiar.

   El éxito de esta prueba, le abrió la posibilidad de otro desafío.

   “Estamos en un nuevo proyecto, usando varias ideas de este prototipo, pero en vez de utilizarse en tierra, se utilizará en agua. Es una especie de submarino, que puede navegar en forma autónoma por abajo del agua, recabando información que se considere necesarias. Hará análisis de mareas y temperaturas y búsqueda de objetos, por citar algunas características”, anticipó.