Bahía Blanca | Miércoles, 27 de septiembre

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La “Ayudante de Papá Noel” y su fábrica de generar sonrisas

Con una impresora 3D, Silvana Bassi elabora las partes faltantes de juguetes rotos que llegan a sus manos para que los disfruten los niños que menos tienen.

Silvana Bassi con su impresora en 3D. Fotos: Rodrigo García- LaNueva.

 

   Una patita para acá, un libro para allá. Una cabeza que falta y una rueda rota. Silvana Bassi selecciona todos los juguetes que normalmente irían a la basura para su evaluación y posterior arreglo.

   La bahiense de 39 años, conocida como la “Ayudante de Papá Noel” tiene un particular hobby: arreglar todos los juguetes y libros rotos que llegan a sus manos para enviarlos a los niños que no tienen la oportunidad de recibir un presente en fechas claves como Navidad o Reyes.

La "Ayudante de Papá Noel" en plena tarea.

   “Hace años empecé con mi mamá a arreglar juguetes, libritos y ropa. Desde muy chica, siempre estuve vinculada con el tema de la solidaridad y gracias a Dios he tenido la suerte de que, en mi hogar de clase media, no haya faltado para comer y estudiar. Siempre recuerdo palabras de mi abuela y mi mamá que me decían que jugara sin romper porque a otra nena o nene en un futuro le podrían servir esos juguetes que con el tiempo yo dejaría de usar. Y son palabras que te van marcando y enseñando que todos no tienen tus posibilidades, que otro nene puede ser muy feliz con las cosas que vos disfrutaste y que es muy feo regalar algo en malas condiciones. Y,  en esa época sí que había que rebuscárselas para arreglar las cosas rotas”.

   Además, a los libros, Silvana trataba de no escribirlos para que también otro nene pudiera disfrutarlos también.

   “Desde la escuela primaria hemos hecho colectas de alimentos, ropa, mi mamá tejió para el voluntariado del Hospital Penna y yo les pintaba los cuellitos en pintura para tela y cuando existía el Patronato, llevaba las bicis que me quedaban chicas. Mientras visitaba a mi abuela que vivía en un hogar, aprendí a arreglarles las manos y hacerles compañía a los adultos internados. Traté siempre de ponerme en el lugar del otro y ver cómo ayudar de alguna manera. Hoy sigo agradeciendo la enseñanza de cuidar los juguetes para brindárselos a otro porque los demás tienen derecho a disfrutar de cosas sanas también”.

Recuperados y listos para hacer feliz a alguien.

    Por esa razón, con el paso del tiempo, Silvana descubrió que la impresora 3D que había comprado su pareja Pablo para un proyecto de la carrera de Ingeniería Electrónica que cursa en la UTN, podría tener una utilidad que no había imaginado.

   “Ahora ya digo que Pablo, además de mi pareja, es también mi socio -ríe. Me ayuda con algunas cosas y me tira ideas para arreglar los juguetes, entre ellos: armar legos, muñecas (brazos y piernas), rueditas y a veces a pintar con aerosol los autitos que les falta pintura, entre otras tantas cosas. La impresora 3D, cabe aclarar es un gran invento, que nos facilita hacer casi todo, desde botitas para los muñecos, zapatitos, carteras entre tantas cosas hermosas que se pueden hacer. Nunca me imaginé el gran uso que le podríamos dar, pero hasta el día de hoy recuerdo que el primer juguete que arreglamos fue un hombre araña que le faltaba la cabeza. Y desde ahí, no paramos más, seguimos con mesitas, personajes, de todo”.

   Ciertos detalles, ajenos a lo que la impresora 3D puede lograr, se compran o amigas que saben de la noble tarea que Silvana realiza, se los donan.

   “A veces son detalles de decoración lo que faltan, como bolsitas y cinta ribone, que normalmente es lo que más demanda tiene. Pero las compramos y también tengo amigas que me regalan o se ofrecen por si falta algo de ropita. Hemos arreglado de todo: muñecas sin cabeza, manitos o piernas, cosimos ropa o se la hacemos desde cero porque algunos llegan a mis manos desnudos. También aprendí a pintar con acrílico, ojitos, bocas y a arreglar juguetes que llevaban pilas a dejarlos listos, pero para que funcionen con una luz, sin tanto gasto. En el caso de los rompecabezas que le faltan piezas, busco en internet e imprimo la faltante así los nenes los puedan armar sin problemas. Siempre trato que todo tenga arreglo y no descarto nunca nada, hasta las cajas de golosinas con dibujitos las recupero y recorto”.

   Silvana cuenta que la mueve la emoción de saber que, para los más chicos, "estás haciendo magia”.

   “Ya cuando me avisan que me traen juguetes o libros soy muy feliz. ¡Uno se siente tan bien y útil! Es una gran emoción porque sabes que vas a hacer magia y van a quedar tan lindos que ese nene o nena que los reciba, va a saltar de alegría. Cuando llegan las bolsas, abro cada una y separo, por un lado, lo de nene (autitos, muñecos, etc.) y por el otro lado las muñecas y ositos, y en el caso que lleguen libros van en una caja especial. Se lava todo y va al patio para secarse al sol y si la ropita se puede planchar, también lo hago”.

   Pero, también destaca que sin el aporte de la gente que le lleva estos elementos, ella no podría hacer nada.

   “No puedo dejar de agradecer infinitamente a la gente, gracias a ellos se puede lograr, son el primer eslabón de esta hermosa cadena y también hay gente maravillosa que capaz no tienen juguetes para dar, pero mandan galletitas, caramelos, poco o mucho todo ayuda. Amigas que en el transcurso de la vida me han donado cajas de juguetes de sus nenes, vasos plásticos, de todo, y también a la ciudad que es muy solidaria. Todo es bienvenido, desde ropa, juguetes, libros, todo tiene arreglo, bolsitas de cualquier tamaño hasta moños. No descarto nada”.

   Todo lo rescatado y arreglado se destina a merenderos y lugares donde necesiten.

   “Coincido que este mundo es injusto e inentendible. Cada vez más dividido, sin empatía, mal distribuido y con una economía que no perdona. Pero trato de pensar que algo va a mejorar y desde mi humilde lugar ayudar a que sea un poco más agradable y en lo posible, llegar a través de los juguetes a la mayoría de los niños para darles un poquito de felicidad”, concluyó.