Bahía Blanca | Viernes, 09 de diciembre

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Un vínculo imprescindible: tíos y tías

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   Dice el refrán: “Al que Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos” reflejando que aquellas personas que no tienen hijos, no se librarán de “padecer” a los más chicos. En esta ocasión dicho adagio se aleja de la realidad y dista de las opiniones de los profesionales y especialmente de la Psicología, pues consolidar lazos entre tíos y sobrinos es beneficioso para ambos y para la totalidad del sistema familiar. 

   ¿Qué aporta un/a tío/a en la vida de un sobrino/a? ¿Hay una tendencia a revalorizar dicho vínculo?

   Décadas pasadas era habitual que una casa albergara varias generaciones, conviviendo hijos, abuelos, padres, tíos, relaciones intergeneracionales que ocasionaban que los roles se desdibujaran o controversias en la estipulación de límites; generalmente la tía soltera cumplía tareas semejantes a las de una niñera.

   Si bien en la actualidad, y de acuerdo con los datos del último censo, lo que prevalece son entornos más limitados compuestos por padres y hermanos, cabe darle importancia y especialmente un espacio a la relación tío/sobrino, pues obviamente cuando la relación entre los hermanos es buena, el aporte del tío para con ese ser, es invalorable. 

   Un tío o una tía se compara con una “ventana a un mundo”, y que a veces los padres no llegan a abrir,  ya sea por falta de tiempo, o porque hay más de tres o cuatro hijos o un presupuesto económico que en ocasiones no permite ciertos lujos.

   Desde comprarles ropa o jugar, contarles cuentos que nadie les narra, hasta acompañarlos a la consulta médica o el acto escolar, son algunas de las tareas que con absoluta confianza los padres delegan y las tías ejercen con amor. Ir al cine a ver la película que nadie quiere ver, hacer un picnic en el balcón o dar tres vueltas a la feria de artesanías para dar con la gema que falta en la colección son actividades cotidianas para una tía, máxime si dispone de tiempo.

    Tías que aún no formaron una familia son cada vez más valoradas, generalmente son personas abocadas a una profesión con escaso tiempo; pero las tías del siglo XXI se desviven por reforzar lo que aportan los padres o por proveer lo que ellos no pueden dar; claramente llevan la parte sencilla en la tarea de educar, pues a los berrinches, desvelos y llantos generalmente asisten los padres.

   Mientras que los progenitores se abocan a la crianza, tías y tíos revisten su función de un carácter lúdico, referentes válidos, cómplices y compinches, comparten conocimientos, hobbies y actividades diferentes ampliando así el abanico de posibilidades y de intereses. 

   Establecer límites, no desacreditar a padres/madres, no encubrir actos que merecen reflexiones son acciones que también les competen a tíos y tías; observar y acompañar con un grado de preocupación diferente a la de los progenitores no implica ausencia de responsabilidad. 
Ser tía está signado por experiencias anteriores, por eso celebro la presencia de mis tíos y agradezco a mi hermana que me dio la posibilidad de serlo, sin dudas el mejor regalo que me ha dado.