También lejos de los gimnasios

Pandemia y reumatología: ¿Por qué el factor emocional requiere mayor atención?

3/7/2021 | 06:30 |

“Menor movilidad, más trastorno de las emociones y menos control. Todo jugó en contra”, sostuvo el Dr. Gustavo Rodríguez Gil, jefe de la Unidad de Reumatología del Hospital Municipal Leónidas Lucero.

Dr. Gustavo Rodríguez Gil, especialista en reumatología del Hospital Municipal. / Fotos: Emmanuel Briane y Rodrigo García-La Nueva.

Audionota: Romina Farías

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

    “La pandemia está dejando secuelas emocionales y físicas, con gente deprimida porque no puede ver a su familia, ni abrazar a un nieto. Es cierto que nos afecta a todos en general, pero en el caso de los pacientes reumatológicos existe un doble mecanismo, porque ya vienen con la afectación de su enfermedad”.

   Lo dijo Dr. Gustavo Rodríguez Gil, jefe de la Unidad de Reumatología del Hospital Municipal Leónidas Lucero.

   “En nuestro caso hacemos hincapié en la parte autoinmune; es decir, el sistema inmunológico reconoce como extraño a un tejido y lo ataca. Y esto está muy interrelacionado con lo emocional”, agregó.

   También dijo el especialista que, en reumatología, existen dos grupos de enfermedades. Uno de artrosis u osteoporosis, que se da más por desgaste y por la falta de algún alimento; y otro donde aparecen lupus, psoriasis, artritis y demás, que son autoinmunes, las que, precisamente, influyen mucho en las emociones.

   “Cuando vemos a un paciente, y esto va más allá de la pandemia, al interrogarlo por su artritis o lupus es muy probable que nos diga que ha tenido previamente algún trastorno emocional, ya sea en el trabajo o en alguna cuestión familiar. Eso habla de la interrelación que existe entre lo emocional y lo autoinmune”, explicó el Dr. Rodríguez Gil.

“A veces nos pasa que el paciente se va de vacaciones, a Córdoba por ejemplo, y nos dice: ‘Allá no me dolió nada’. De eso se trata si une lo vincula con un fenómeno extremo como una pandemia”, indicó.

   “Si bien ahora estamos un poco mejor, hay que decir que el encierro del principio generó esa cuestión emocional en los pacientes”, señaló.

   “Varios tuvieron reactivaciones  de sus dolencias porque estaban deprimidos y asustados. Ese es uno de los puntos de mayor afectación”, indicó.

   “Una de las características del paciente reumatológico que, en general, tiene artritis y artrosis y, es que al tener que dejar los ejercicios, desde una pileta o el gimnasio, aparecieron algunas atrofias musculares y dolores”, comentó.

   “Para nosotros el ejercicio es, acaso, el 50 % del tratamiento con pacientes con problemas articulares. Y cuando no se realiza aparece una complejidad”, sostuvo el Dr. Rodríguez Gil, quien fue presidente de la Asociación de Reumatología de la Provincia de Buenos Aires y es parte del Instituto IRReDIM de nuestra ciudad.

   El otro punto determinante para el tratamiento de los pacientes reumatológicos es el seguimiento.

   “Si bien no se ha dejado de atender, más allá de que en los hospitales no había grandes espacios y en los consultorios se decidió no reunir a mucha gente, existe miedo a salir. Y así los pacientes tienen menos controles, algo que también les ocurre a los cardiólogos, a los endocrinólogos y demás”, manifestó.

   “Si no hay controles, no sabemos bien cuál es su estado. Puntualmente, desde el Hospital Municipal tratamos de hacer contactos telefónicos, o vía WhatsApp, para seguir conectados. Se pudo hacer con algunos, pero no con todos”, admitió.

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   “Otros pacientes tuvieron problemas con la medicación, ya que no podían conseguirla, o no tenían la receta o, en el caso de la administración pública, no se la entregaba su asistencia social”, amplió.

   —¿La otra pandemia por la falta de controles, como se dice?

   —Exactamente. Incluso, desde el hospital hicimos fuerza para volver, en cierta forma, a una mayor presencialidad para evitar estas cuestiones. A esta altura se tiene mucha precaución en los nosocomios y en los consultorios, así que no hay que tener miedo para hacer las consultas que sean indispensables.

   —La virtualidad es una de las fortalezas de la pandemia para el desarrollo de varias actividades pero, ¿cómo se maneja con gente mayor?

   —El contacto se hace mayormente por WhataApp. Muchos se prendieron, más de los que pensábamos, pero no todos. Hasta hemos hecho alguna videollamada con pacientes de la zona, casi siempre con la asistencia de sus hijos o nietos para la faz tecnológica. Pero no es sencillo, porque, por ejemplo, no todos tienen correo electrónico.

   —¿Cuáles serán las consecuencias a futuro de algo que, aún, seguiremos transitando un tiempo más?

   —Si bien estamos en mejor situación respecto del confinamiento del año pasado, porque conocemos más del virus y sabemos de qué nos tenemos que cuidar, más allá que parece que no todos lo entienden, esto igual no fue gratuito en el sentido de las emociones.

   “Creo que, de acá para adelante, no sirve renegarse, sino que hay que aceptar la vacunación, porque es el punto de inflexión. No hay un plan B y se trata del punto que provocará una disminución de la pandemia. Que la gente no espere nada mágico para que un día desaparezca la enfermedad, pero es cierto que cada uno que se vacuna es un paso hacia adelante para la inmunidad.

   —¿Serán diferentes las atenciones reumatológicas?

   —Así como la pandemia tiene muchas cosas negativas, podemos rescatar algunas positivas. Soy un defensor acérrimo de la consulta presencial, de tocar la mano y revisar la articulación del paciente, pero creo que la virtualidad puede coexistir con esa presencialidad.

   “Con aquel paciente que ande bien, que sea para un control de análisis y algo más sencillo, uno lo puede hacer en forma virtual. Para el papelerío, que no es poco, la pandemia nos enseñó que lo podemos manejar como ahora y hasta las obras sociales lo entendieron. No se justifica que la gente haga cola en el hospital para entregar un papelito.

   —¿Y la incorporación de la inteligencia artificial?

   —Antes de la pandemia analizaba las fortalezas y las debilidades de la virtualidad para los tratamientos y siempre aparece la idea de que la máquina nos reemplazará; pero eso no va a suceder. Sí tenemos que aprovechar la inteligencia artificial para mejorar lo que nosotros hacemos.

   “Por ejemplo, en México ya existen exámenes físicos virtuales, donde se coloca al paciente delante de una cámara y se hace el control. No es lo mismo, pero es una alternativa. Y si queda algo pendiente, se intentará completarlo en forma presencial”.

   —¿Cómo imaginás la transición hasta que termine la pandemia?

   —Habrá, seguramente, varios ciclos de vacunación por la magnitud de esta crisis, a diferencia de la Gripe A, que se apagó en forma rápida. Hay que seguir con los cuidados esenciales, porque sabemos cómo nos contagiamos y dónde más debemos protegernos. Será un tiempo largo, pero hay que ser responsable y no perder el miedo.

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