Cuando las redes intoxican

30/5/2021 | 06:40 |

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Por
Guillermina Rizzo

   No caben dudas de que la llegada de Internet generó un antes y un después en la manera de comunicarnos, se derribaron fronteras geográficas, culturales y hasta idiomáticas, y de forma casi imperceptible impactó en nuestros hábitos, la carta fue reemplazada por el email y el diario de papel por una página web, por citar ejemplos.

   El escenario fue propicio para que surgieran así las redes sociales, espacio virtual en el que nos comunicamos e interactuamos de forma inmediata. En 1997 se crea la primera red social denominada SixDegrees, posteriormente surge MySpace, LinkedIn, pero la gran revolución la genera Facebook en 2004; luego llegaría el turno de YouTube, Twitter, entre tantas.

   Publicar e interactuar, mirar, opinar y hasta ignorar, son algunas de las acciones que se evidencian en el uso de redes, también se advierten posturas disímiles que a veces se traducen en manifestaciones de violencia con ribetes extremos.

   ¿Una cuestión de intenciones y objetivos?

   Cada persona utiliza las redes con distintas intenciones y objetivos, en ocasiones ante el “arrebato”, apuro y hasta emoción por publicar una historia o una vivencia, y como sucede en el mundo real, se corre el riesgo de dañar a otros sin una finalidad premeditada.

   A veces una foto, un video o un pensamiento es “posteado” con “buenas intenciones”, el objetivo es que nuestros seguidores y amigos compartan en tiempo real aquello que estamos publicando, sin embargo no solo es difícil sino que es casi imposible predecir cómo serán recibidas las publicaciones, máxime con una pandemia que nos atraviesa y nos trastoca cada día.

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   ¿Sensibilidad, empatía o “timing”?

   Publicar una foto mientras recibís la vacuna contra el Covid puede ser una imagen esperanzadora, pero resulta hiriente para quien perdió un familiar por la falta de ella; mostrar una reunión con amigos y sin respetar el distanciamiento es doloroso para quien no pudo despedir a un ser querido.

   Siempre sostuve la importancia de la “educación emocional”, pues de nada sirve saber redactar la mejor historia o tomar la mejor fotografía si luego traducido en una publicación impacta en muchos provocando dolor; a veces en el afán por ser creativos y virales terminamos lastimando a otros.

   Nunca está de más hacer una pausa y pensar antes de publicar, reconocer cuáles son las motivaciones a la hora “de subir un contenido” hace la diferencia; a veces la voracidad por cosechar “me gusta” se convierte en una necesidad obsesiva y hasta patológica.

   Leer y revisar qué expresa cada palabra evita las malas interpretaciones, un signo ortográfico puede cambiar todo un sentido; enfocarse en lo positivo, disentir con respeto, evitar posturas radicalizadas evita disgustos y hasta puede ser constructivo.

   Desde la Psicología siempre sugerimos que en el ámbito familiar y también laboral las discusiones fervientes y acaloradas no sean a través de los grupos, un perfil privado no evita que ese mensaje llegue a todos los confines de la Tierra.

   Las disculpas siempre son oportunas, bienvenidas y reflejan todo un gesto de madurez, a veces se tiende a borrar la publicación, sin embargo el daño ya está realizado.

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