Bahía Blanca | Sabado, 25 de junio

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El lado "B" de las muertes por COVID-19: el trabajo que no se ve

Varias personas toman parte de un estricto protocolo que se activa cuando la persona fallece, ya sea en un centro de salud o en su propio hogar, y termina con la disposición final en el cementerio. 

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com

   Morir sin un abrazo, sin la mano apretada de aquellos que quisieran estar al lado y no pueden estarlo. Sin contacto, sin palabras finales. 

   Morir y ser velado con los más rigurosos y estrictos protocolos de seguridad sanitaria. Cajón cerrado. Hermético. Sanitizado. La ceremonia breve y más bien fría. 

   Morir y ser enterrado (o cremado) en un cementerio en donde ni siquiera abundarán los abrazos de despedida entre los que se quedan. 

   La distancia social hasta la muerte y después de la muerte también. 

   Eso es morir en tiempos de Covid-19. Muertes muchas veces repentinas, inesperadas y que, además, se presumen contaminantes.

   En el medio de esa situación tan cruda, hay trabajadores que, en sumo silencio y respetando el duelo familiar, realizan labores que pocos quieren hacer, pero que deben hacerse.

   Precisamente, la combinación de riesgos hizo que quienes asisten a los pacientes estén altamente expuestos al contagio y tengan que tomar severas medidas de protección, que muchas veces las familias no entienden. 

   El proceso a partir de que una persona infectada fallece fue variando de marzo 2020 a esta parte. Hasta octubre del año pasado no se permitía contacto alguno con el ser querido antes de su partida y ni siquiera podían ser velados.

   Actualmente, antes de proceder al traslado del cadáver, debe permitirse el acceso de los familiares y amigos, restringiendo a los más próximos y cercanos, para la despedida sin establecer contacto físico con el cuerpo ni con las superficies. 

   “Los protocolos han cambiado un poco en el último tiempo. Siguiendo lineamientos estrictos, se permite el acceso a la familia directa para ver al paciente por última vez”, explicó Daniel Golschmid, Director Asociado del Hospital Matera.

   Para ello, deben ponerse una vestimenta especial (EPP) y luego, con la supervisión de un enfermero capacitado al respecto, desvestirse con sumo cuidado, porque es el momento en que más posibilidades de contagio existen.

   “Nuestra labor en este tema puntual comienza antes del deceso. Cuando los médicos nos comunican que la situación es irreversible, nos ponemos en contacto con la familia para coordinar la última visita. Cuando llegan, les damos las instrucciones para vestirse y los protocolos que deben seguir al ingresar y al salir del sitio. Es un momento muy difícil de afrontar”, contó Claudio Jara Gallardo, enfermero terapista en la clínica de Empleados de Comercio y en el Interzonal Penna.

Paso a paso

   Una vez superada esa dolorosa acción, los propios enfermeros son los encargados de ubicar el óbito dentro de una bolsa mortuoria especial, que se sella en forma hermética.

   “Por más que tenemos experiencia, uno nunca se acostumbra a trabajar con cuerpos sin vida. Es un acto que requiere de un enorme profesionalismo, porque antes de eso, en la mayoría de las ocasiones, se empatiza con esa persona. En esta segunda ola, lo que vemos es una cantidad mucho mayor de pacientes que terminan muriendo. Y eso conmueve”, añadió Claudio.

   A diferencia de la terapia intensiva tradicional, en los casos de Covid el cadáver no se manipula.

   “De quitarle todo el equipamiento que lo mantuvo vivo se encargan en la morgue”, amplió Claudio.

   Una vez que es retirado, el sector se desinfecta por completo. De ello se encarga el personal del área de Limpieza del nosocomio.

Jorge Leguizamón (camillero), Claudio Jara Gallardo (enfermero terapista) y Yamila Peñalva y Gimena Acuña (mucamas) hablaron de sus labores. 

   “No sólo desinfectamos la habitación y la bolsa mortuoria, sino también todo el trayecto que realiza la camilla hasta llegar a la morgue, tanto piso como paredes. No es un trabajo grato, pero uno se va acostumbrando”, manifestó Gimena Acuña, quien hace 9 meses desempeña esos trabajos en el Matera.

   “Como el camino ya está definido por protocolo, nuestro trabajo implica despejarlo de gente para que nadie pueda cruzarse mientras se produce esa acción. Obviamente que nos vestimos con los equipos de protección personal para reducir las posibilidades de contagio”, agregó Yamila Peñalva, quien hace 8 meses está en el mismo sector.

   Del traslado hasta la morgue se ocupan los camilleros.

   “Cuando nos avisan del fallecimiento, nos vestimos según marca el protocolo. Los enfermeros de terapia nos ayudan a pasarlo a la camilla para el posterior traslado y se lo identifica como Covid positivo con una bolsa roja. Ya para ese momento, la zona por la que debemos pasar queda liberada de gente”, contó Jorge Leguizamón.

   Utilizando una bolsa roja es debidamente identificado como material infectocontagioso.

   “Es muy difícil acostumbrarse a esta actividad. Uno trata de no pensar demasiado, pero es inevitable que no te afecte en lo emocional. Por eso da tanta bronca que la gente no tome conciencia y se cuide”, añadió Jorge, quien hace 3 años que es camillero del Matera.   

Los servicios funerarios

   Según los especialistas, tras la introducción del cadáver y desinfección de la bolsa sanitaria, la manipulación exterior de ésta o del ataúd que lo contenga no comporta riesgos.

   De todos modos, el personal que realice el traslado deberá ser informado previamente de que se trata de un cadáver de una persona fallecida con sospecha o confirmación de COVID-19 así como del procedimiento a seguir en el caso de producirse un incidente. 

   “En Bahía, las empresas tomamos la decisión que nuestros trabajadores utilicen barbijo quirúrgico, guantes y camisolín indistintamente del caso que sea, para que ellos desempeñen sus labores más tranquilos y seguros”, señaló Jorge Bonacorsi, propietario de una empresa funeraria local.

   “En los centros asistenciales ya hay un protocolo preestablecido, por lo que nosotros sólo retiramos el cadáver que está ubicado dentro de una bolsa especialmente diseñada y sellada”, amplió.

   La diferencia radica cuando la muerte se produce fuera de un hospital.

   “Si fallece en su propia casa o, por ejemplo, en un geriátrico, nuestro personal es quien debe ponerlo dentro de la bolsa mortuoria especial”.

   Una vez que el cuerpo es retirado del lugar donde ocurrió el deceso, los protocolos difieren según las provincias y hasta en cada ciudad.

    “Aquí, hubo una primera etapa en la que no se pudo velar a nadie. Luego se abrió esa posibilidad, pero en Bahía decidimos implementar un sistema que nos parece más coherente, en el que se diferencian los horarios de los velatorios”.

   En ese tren, quienes murieron portando el virus son velados de 18 a 20, a cajón cerrado.

   “Para aquellos que murieron por otras circunstancias, las ceremonias se desarrollan entre las 6 y las 17, y nos tomamos una hora para desinfectar todas las instalaciones”, explicó Bonacorsi, quien aclaró que no se realizan actuaciones de limpieza sobre el cadáver.

   “Nosotros no manipulamos el cuerpo. Así como llega, se ubica en el féretro. Lamentablemente, por protocolo, la bolsa no se puede abrir en ningún momento, por lo que no podemos permitir que la familia lo vea. Eso trajo algunos inconvenientes al principio de la pandemia, pero ahora la gente ya lo naturalizó”.

   Para realizarse la ceremonia en la empresa fúnebre, se toman diversas medidas de seguridad.

   “Le tomamos la temperatura a cada asistente. Sacamos la capacidad de cada sala y respetamos ese aforo a rajatabla. Sí permitimos la entrada y salida en forma escalonada, pero nunca una permanencia mayor a ese número alrededor del féretro”.

  Y añadió: “A la mañana siguiente, la empresa se encarga de trasladar el cuerpo al lugar que la familia haya elegido para su disposición final”.

  Según Bonacorsi, el Covid aceleró muchos cambios en las empresas funerarias.

  “Por ejemplo, antes de la pandemia ya eran pocos quienes velaban de noche. Hoy ya ni siquiera se puede. Eso no va a volver. Y también considero que muchos que no pudieron velar a sus familiares por distintas circunstancias, ya no volverán a hacerlo. Y si lo hacen optarán por los velatorios cortos. El sector tendrá que amoldarse a los nuevos tiempos y quien no lo haga, quedará fuera de juego”.

La disposición final

   Los cuerpos pueden tener tres destinos de acuerdo a los ritos religiosos, las costumbres del lugar y las disposiciones judiciales emanadas de la autoridad competente, a saber: Inhumación; Cremación o Traslado al extranjero.

   La inhumación, que resulta ser el fin más buscado en caso de fallecimientos individuales, debe cumplir con algunas normas básicas, en especial la de identificación y registro de las tumbas, cumplimiento de normas de salud pública y de procedimientos de bioseguridad y respeto a los principios de diversidad y no discriminación.

   En el cementerio municipal, desde abril del año pasado, se organizó una guardia pasiva de 24 horas para los casos de Covid.

   “Comienza con una comunicación telefónica con la familia, donde se conversa sobre el destino que deciden otorgarle, se le comunica la forma en la que se procederá una vez que reciban los restos y se pacta un horario de inhumación de acuerdo a la operatividad previa para cada caso (puede ser tierra solo o tierra con otro familiar)”, señala Daniela Calvo, Jefa de Departamento Cementerio Municipal.

   En caso de que se opte por la cremación, se comunica el horario en el que se concretará y se pacta la entrega de la urna con las cenizas.

   “Cada familia puede optar por cualquiera de los destinos que quiera darle a su ser querido”, remarca Daniela Calvo, quien señala que se ajustan a la ordenanza 20009 Covid 19 que fue sancionada y promulgada el 23 de abril del año pasado. 

   Según manifestó Calvo, el féretro llega a la necropolis local ya sanitizado, rotulado con la identificación del fallecido y el destino que la familia decidió darle. 

   “De la la inhumación, que consta de colocar el féretro dentro de la fosa, sólo pueden participar de la ceremonia 8 personas de lazo familiar directo. El resto de la familia y amigos pueden presenciarlo, pero en zonas un poco más alejadas”.

   Una vez que el personal municipal terminó de tapar la sepultura, esas personas pueden sumarse al grupo de familiares. 

   De ser cremación, el féretro queda en un espacio operativo, donde a primera hora de la mañana, luego de ponerse en funcionamiento los equipos, se concreta el destino final.

   De acuerdo al destino operativo, es la cantidad de agentes que intervienen en el caso.

   “Si es cremación, solo el operario que cumple tareas en el equipo crematorio. Si es Inhumación, la cantidad de agentes son 4. Todos tienen su equipamiento, según determina el protocolo”. 

   Según datos oficiales, el año pasado hubieron 295 fallecidos por Covid que fueron trasladados al cementerio municipal, de los cuales 120 fueron destinados a inhumar (sepultura en tierra) y 175 fueron cremados.

   Hasta el jueves pasado, en lo que va de 2021,  232 personas murieron por este virus: 100 fueron inhumados y 132 cremados en la necropolis bahiense.

   La pandemia agravó una situación ya compleja anterior: la falta de espacios en el cementerio.

   “Lo que nos puede llegar a complicar a futuro es que los fallecidos por Covid inhumados, con el protocolo con el cual es tratado, nos impedirá efectuar recuperos de esos espacios, ya que el proceso de degradación se efectúa de manera distinta a cualquier otra inhumación común, y no es recomendable efectuar exhumaciones de fallecidos en épocas de pandemia”, cerró Calvo.

No se recomiendan las autopsias

   De acuerdo al protocolo provincial, no se recomienda la realización de autopsias médico legales de personas fallecidas por COVID-19, ya fuesen casos clasificados sospechosos o confirmados para la enfermedad, salvo indicaciones fundamentadas. Estas incluyen fallecimientos en contexto de detención (en comisarías, cárceles o instituciones de salud mental) o en el caso de muertes dudosas (posibles asesinatos o femicidios).

   La explicación que dan las autoridades provinciales es que los pacientes fallecidos por Covid-19 todavía pueden contener virus vivos en los pulmones y otros órganos. La autopsia es considerada un procedimiento generador de aerosoles (PGA), por lo que es preciso tomar medidas de protección respiratoria adecuadas.

   “El Penna está adherido al protocolo provincial, por lo que prácticamente no tenemos contacto con las personas fallecidas por Covid. La morgue funciona como depósito hasta que lo retira la empresa fúnebre correspondiente”, señaló el doctor Luis Gómez, jefe de Anatomía Patológica de ese nosocomio.

   Si la autopsia se considera realmente necesaria y se puede garantizar que se realizará en un ambiente seguro, se podrá llevar a cabo cumpliendo las recomendaciones sobre el equipo de protección individual y la minimización de la producción de aerosoles.

   Se deben seguir los protocolos de descontaminación, mantenimiento y eliminación de residuos utilizados habitualmente para otro tipo de microorganismos con el riesgo de propagación y mecanismo de transmisión similar.

   "En la morgue del Matera, una vez que el cuerpo es retirado, desinfectamos todos los ambientes y abrimos todas las ventanas para que el lugar tenga la debida ventilación", manifestó Yamila Peñalva, del área de Limpieza del nosocomio.