Mundo Gremial

Preocupa en la UOCRA la paralización de la obra pública

20/1/2020 | 07:00 |

“Es imposible avanzar en proyectos de esa envergadura con tan poca gente", señaló Carlos Segundo Jongewaard de Boer, interventor de la seccional bahiense.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com

   La paralización casi total de las dos obras públicas más importantes de Bahía Blanca y la región generó mucha preocupación en la delegación local de la Unión Obrera de la Construcción Argentina (UOCRA), a lo que se sumó la fuerte caída en los emprendimientos privados.

   Carlos Segundo Jongewaard de Boer, interventor de la seccional bahiense, señaló que por el momento han podido contener el malestar de sus afiliados y que se ilusiona con una rápida reactivación con la asunción del gobierno de Alberto Fernández. 

    “Lo que se hizo durante la gestión macrista, y juro que no tengo ninguna intencionalidad política, fue mostrar algo que no existía. Era mostrar apenas un decorado, que en gran parte era sostenido con la propia plata de las empresas adjudicatarias”, señaló el gremialista, oriundo de La Plata y que lleva dos años al frente de la delegación bahiense. 

   Y agregó: “Es una situación que venimos padeciendo hace un par de años, que es la reducción de personal lenta, pero sostenida. Las empresas hicieron lo que pudieron y estiraron bastante la agonía, pero llegó un momento en el que no podían seguir financiando ellas mismas las obras del Estado. Y eso se debió, fundamentalmente, al atraso para pagar los certificados”.

   De Boer se refirió puntualmente a construcción de la autopista de la Ruta 33 entre Bahía Blanca y Tornquist, una de las obras viales más importantes en la historia de la región, que se complementa con las tareas en el ex camino Sesquicentenario. 

   “Por más que las empresas no lo hicieron público, lo que les pagaba el Estado en los últimos meses no alcanzaba ni para pagar las quincenas de los empleados, por lo que era imposible mantener en marcha esas obras”.

   En el auge de esos dos proyectos, el gremio contaba con más de 200 afiliados en funciones diarias.

   “Hoy no llegan ni a 10.  En la autovía de la 33, hoy tendría que haber más de 50 personas para mantener el ritmo de obra programado, pero hay apenas 5. En la de Sesquicentenario, para esta fecha, tendría que haber casi 300; hay 6, y dos son de guardia”, afirmó. 

   “La política del Estado fue deliberada. Porque sabían que ésto iba a pasar y nunca rectificaron el rumbo. Y la cadena de protesta era muy larga como para hallar soluciones o plantear problemáticas. Nosotros nos quejábamos con la empresa, la empresa nos explicaba los motivos y lo trasladaba a Vialidad Nacional, Vialidad Nacional contestaba que no tenían más recursos y así seguía la escala hacia arriba. Parecía el cuento de la buena pipa y daba la sensación que no les importaba que las obras se pararan”, agregó.

   De Boer señaló que actualmente, los pocos trabajadores que quedan sólo realizan trabajos de prevención.

   “Es imposible avanzar en esos proyectos de semejante envergadura con tan poca gente. Sólo se están desarrollando trabajos de prevención y mantenimiento de seguridad para que no se produzcan accidentes con los automovilistas que pasan por el lugar. La de Sesquicentenario es una obra que tendría que estar terminada a mitad de este año y no llega al 10% de avance de ejecución”.

   --¿Qué hicieron desde el gremio al percibir este panorama?

   --Lo que hicimos con las empresas fue trabajar previendo lo que está sucediendo. Porque la idea nuestra tampoco era volver a las prácticas antiguas de cortes de ruta o paralización de trabajo. Entonces firmamos actas compromisos para que, cuando se reactiven los trabajos, vuelvan a tomar a los empleados que debieron cesantear cuando se quedaron sin fondos para seguir. Y también se firmaron compromisos de pago para cuando se liberaran los pagos por certificaciones.

   “Desde la conducción de la UOCRA no le vimos sentido realizar medidas de protesta cuando ya conocíamos la problemática y sabíamos que la solución no la tenían las empresas. Lo hablamos con los afiliados y llegamos a la conclusión que lo único que íbamos a generar en caso de adoptar medidas de fuerzas, era malestar en la población, porque al Estado no le importaba en absoluto lo que hiciéramos”.

   --¿Cómo vislumbrás el futuro?

   --Con el nuevo gobierno tenemos algunas esperanzas. Sabemos que la coyuntura general no es sencilla.  El país está en crisis y desde lo social hay aspectos más importantes que resolver antes que ponerse a pensar en obras paralizadas. Pero también sabemos que no hay mucho margen para la reactivación, sabiendo que la construcción es clave en ese sentido.

   “Al menos sabemos que las empresas están siendo llamadas a dialogar por el tema de las deudas. Y eso ya es un movimiento que genera ilusión, porque antes no eran ni siquiera escuchadas. Pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de obras millonarias cuando el país está prácticamente incendiado”.

   --Desde tu experiencia, ¿Hay trabajos de infraestructura que pueden llegar a perderse en caso de que las obras no se reactiven?

   --Si no dejamos pasar el tiempo, no se va a perder nada de lo que se hizo hasta el momento. En Sesquicentenario, lo que más se efectuó fue movimiento de suelo y eso no se perdería en el corto plazo. Pero en tres o cuatro meses, crecería el pasto y habría que arar todo de nuevo.   

   “Son obras que pueden paralizarse por tres o cuatro meses sin que se afecte demasiado. Por eso esperamos que la reactivación llegue en menor tiempo”.

   --¿A nivel nacional sucede lo mismo?

   --De acuerdo a la última reunión de Comisión Nacional a la que asistí, el panorama es muy similar en todos lados. Me pidieron un informe sobre la situación particular en Bahía Blanca para realizar un análisis a nivel nacional y presentarlo al gobierno. Todos los que asistimos llegamos a la conclusión que es imperativo lograr que se reactiven estas obras.

"Nuestro presente en Bahía Blanca es muy complicado"

   “No descubro nada al decir que la obra pública es la que genera la mayor cantidad de mano de obra y es la que reactivará la economía en general. Por eso, una cosa que se pedirá es que, antes de iniciar una obra nueva, se le de prioridad a éstas, que son tan necesarias como cualquier otra que se pueda imaginar cuando un ciclo político comienza”, señaló el actual interventor de la UOCRA local.

   “Nuestra actualidad en Bahía Blanca es muy complicada, ya que no sólo la obra pública está frenada, sino que la privada tocó fondo en 2019 y eso se sintió fuerte entre los afiliados. Ya de por sí, enero y febrero son meses difíciles para el sector, pero tenemos gente todos los días en el gremio pidiendo trabajo". 

   Y añadió: “La cantidad de desocupados es muy grande, pero hasta el momento hemos podido contenerlos. La gran mayoría entiende la situación y, al igual que nosotros, se esperanzan en una reactivación que no se puede demorar mucho”.

   “Por ejemplo, sabemos que con la inversión que hará Profertil en la ampliación de su planta se generará mucho trabajo, pero eso recién será para mediados de año.  Nuestro temor es que la gente se desespere”, cerró Carlos De Boer. 

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