Seis grandes estructuras ferroviarias que hicieron historia en Bahía y la región

31/8/2019 | 06:30 |

Casi todas son centenarias y constituyen uno de los pocos bienes del ferrocarril que no resultaron víctimas de saqueos o usurpaciones en las últimas décadas.

Gentileza Ariel Scolari

Adrián Luciani / aluciani@lanueva.com

   Los puentes ferroviarios seguramente se ubican en el podio de las obras más asombrosas dejadas por las empresas del riel en Bahía Blanca y la región.

   Entre las de mayor tamaño sobresalen seis enormes estructuras metálicas, la mayoría de ellas asentada sobre cauces de ríos y arroyos.

   Si bien a simple vista aparecen como desmedidas frente a los diminutos cursos de agua que atraviesan, sus proporciones les han permitido soportar enormes crecidas propias de un irregular régimen hidrológico.

Plateado y francés

   Entre los puentes tendidos sobre el río Sauce Grande se destacan tres, dos ingleses, de color negro, y uno francés, de color plateado.

   Este último es, sin dudas, el que más admiración despierta.

   Está compuesto por seis tramos de hierro estilo jaula y uno abierto, los cuales, en su conjunto, abarcan una longitud de 266 metros.

   Se encuentra ubicado unos en proximidades de la estación ferroviaria de Paso Mayor.

   Fue construido por el ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano (R-PB), empresa de capitales franceses que llegó por primera vez a la estación Almirante Solier, en Punta Alta, el 17 de diciembre de 1910 y en marzo de 1922 a Bahía Blanca. 

   El ramal, hoy desafectado en ese tramo, tuvo por objeto enlazar en una primera etapa las ciudades de Rosario y Punta Alta, para permitir la salida al mar de una amplia región productiva, fundar pueblos en torno de su medio centenar de estaciones intermedias y transportar a la población rural a lo largo de 800 kilómetros de vías.

Postal turística

   En cuanto a los dos puentes ingleses sobre el Sauce Grande, el más conocido es el de Sierra de la Ventana, lugar donde compite con el llamado Puente Blanco, una obra vial con estructura de medio arco.

   El puente Negro comenzó a ser construido poco después de iniciado el siglo XX en el ramal Olavarría - Pringles - Bahía Blanca. Fue habilitado en 1903, aunque recién al año siguiente el tren comenzó a parar en el lugar (inicialmente estación Sauce Grande).

Perdido en Las Oscuras

   En cuanto al otro gran puente Negro ubicado sobre el río Sauce Grande, pese a su espectaculares dimensiones no es tan conocido como el primero.

   Está ubicado en paraje Las Oscuras, a 2 mil metros de la ruta 3.

   Montado sobre ocho enormes pilares de hormigón revestido en ladrillo, tiene un largo de 330 metros  y, pese a la ausencia de información específica, se sospecha que en 1929 reemplazó otra estructura levantada en 1891, con la construcción de la línea Tres Arroyos-Bahía Blanca del Ferrocarril Sud. 

   El puente fue obra de la empresa británica Patent Shaft & Axletree, de Wednesbury, y ha resistido no pocas crecidas de magnitud, permitiendo la comunicación entre las paradas Bahía Blanca, empalme Grünbein, Bajo Hondo, Km 645.538, San Román, Calvo, Coronel Dorrego, José A. Guisasola, Aparicio, Irene, Cascallares, Micaela, Tres Arroyos y Barrow.

Sobre el Colorado

   Con casi 100 años de existencia el puente ferroviario sobre el río Colorado, en Pedro Luro, es otra de las obras de ingeniería que permitieron vincular a los puertos bahienses con el sur del país.

   Las obras comenzaron en mayo de 1924 y finalizaron a comienzos de 1925. 

   Se trata de un puente construido en un solo tramo, con 60 metros de luz entre los apoyos de hormigón de cuatro metros de diámetro y diez metros de profundidad desde el lecho del río.

   La estructura metálica fue fabricada en Motherwell, Escocia, y pesa 300 toneladas, constituyendo en su conjunto la obra de arte más importante realizada en el ramal ferroviario a Patagones.

Un gigante en el parque 

   Seguramente el puente ubicado sobre el arroyo Napostá, a la altura del Parque de Mayo, sea la estructura ferroviaria que más contribuyó al crecimiento de la ciudad, y las razones son obvias: su construcción permitió la llegada del ferrocarril en 1884.

   Al igual que la mayoría de las obras de su tipo, el puente de hierro de 65 metros de largo y doble vía fue traído desde Inglaterra y asentado sobre cinco enormes pilotes de 3 metros de ancho por 14 de largo.

   Sus dimensiones, en apariencia desmesuradas frente al diminuto cauce del arroyo, resultaron técnicamente acertadas para hacer frente a las crecidas del Napostá, sobre todo las de 1933 y 1944.

   Gracias a su aporte, desde la vía Lamadrid y por primera vez en la historia local el tren hizo su aparición en la joven Bahía Blanca. 

   Con el llegó el progreso, no sólo en lo que hace al transporte de pasajeros.

   Gracias al tren también llegó el flujo de cargas necesario para alimentar,  pocos años después, la voracidad exportadora de los muelles locales, dando inicio a los que se denominó la Segunda Fundación de la ciudad.

   Como dato relevante para dimensionar su aporte quizás alcance con señalar que aquella pequeña población de 4 mil almas poco después iba a llegar a su centenario, en 1928, con 100 mil habitantes.

Coloso urbano

   Dentro de este somero listado de grandes puentes, donde por cuestiones de espacio no se incluyeron otros emblemáticos como La Niña, Puente Negro de la Estación Sud o Spurr, sobresale por el impulso que le dio a Bahía Blanca  el ubicado en avenida Colón, sobre las vías del ramal Bahía Blanca - Noroeste.

   Con unos 250 metros de largo, está emplazado a seis metros sobre los rieles. Posee un ancho de calle de 14 metros, dos veredas laterales de dos metros y barandillas de 1,20.

   El puente fue diseñado para soportar a los transportes de carga de la época, con un coeficiente de seguridad que permite su utilización por los camiones actuales.

   Si bien inicialmente (1908) se pensó en que estaría terminado el 25 de mayo de 1910, como adhesión a los festejos del Centenario, por distintas circunstancias, fue recién habilitado en junio de 1911.

   Tanto el puente Colón como el denominado La Niña evidencian algunos daños que merecen mayor atención.

   Grandes rajaduras en pilares y basamentos, así como también el desprendimiento de ladrillos son algunas señales del paso del tiempo y de la falta de mantenimiento.

   Hace muchos años, por no decir décadas, que en Bahía Blanca y su región de influencia no aparecen inversiones ferroviarias de este tipo, lo que agiganta la labor realizada hace más de un siglo.

   Por eso, la conservación y puesta en valor de todas estas grandes estructuras debiera ser un objetivo a contemplar a mediano plazo, sobre todo cuando muchas de ellas aún siguen en  servicio y no han podido ser reemplazadas por otras más modernas.

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