Tejer acuerdos, tejer historias

2/6/2019 | 06:30 |

Por
Guillermina Rizzo

   ¡Junio! ¿Bienvenido mes? ¿Bienvenido invierno?

   Se acerca el día en el que los rayos solares caerán de forma perpendicular sobre el Trópico de Cáncer, y si bien para los que habitamos en el hemisferio sur implica la llegada del invierno, es difícil darle “la bienvenida”.

   Unos pocos prepararán sus equipos para salir rumbo a la nieve, otros verán cómo pasan el invierno, y una franja creciente en los últimos tiempos, batallará con las gélidas temperaturas. Dolorosa es la postal de “los sin techo” durmiendo en la calle guarecidos con cartones y bolsas, dolorosa es la postal de los que se instalan en una fila plato en mano, para consumir un guiso, única fuente de calor.

   Mientras el invierno llega, muchos tejen…

   Tejer surgió por necesidad humana allá por el Neolítico, con el fin de protegerse de la lluvia, el frío y otras consecuencias climáticas; muchos años antes de Cristo, comenzaron a hilar lino para el verano y lana para el invierno.

   ¿Tejer es una necesidad humana? ¿Tejer se traduce en beneficios psicológicos?

   Con una o dos agujas, tejer es un arte, en el que si se “escapa un punto” el resultado puede ser nefasto, pues un entramado amenaza desintegrarse.

   “Uno para arriba, uno para abajo, uno del derecho, uno del revés”, dicta mi centenaria abuela, quien fue testigo de acuerdos históricos y también creadora de abrigo.

   En año de elecciones están aquellos que tejen acuerdos, alianzas y coaliciones, intentando recomponer una trama, intentando tejer propuestas, a veces devenidas en hilachas, para seducir a un electorado que pareciera estar al desnudo, desprovisto de líderes que puedan cobijar-nos.

   Sin embargo, al margen de los contubernios que por estos días se tejen, es momento propicio para practicar milenaria actividad, que si bien por mandatos culturales la mayoría de sus adeptas, somos las mujeres, es muy recomendable para los hombres.

   Colores, texturas y modelos son “socios” de nuestra creatividad; puntos, agujas y vueltas se convierten en aliados de nuestro bienestar psicológico y físico, pues quien se lanza a la tarea de tejer disminuye presión arterial, frecuencia cardíaca y los músculos se distienden.

   Tener la “mente ocupada” con el conteo no se traduce en un acto repetitivo, pues cuando tejemos las neuronas se estimulan, se mantienen activas, aspecto nodal para retrasar y evitar la aparición de problemas cognitivos.

   En un sillón o en la plaza, en soledad o con un “grupo de tejido”, palpar texturas y ovillos, disfrutar de los colores, con diálogo interior o compartiendo historias, tejer pone en funcionamiento áreas visuales, auditivas y sensitivas.

   Tejer despliega la capacidad de planificación e imaginación, también relaja y disminuye el estrés; favorece la capacidad de concentración y mejora el ánimo estimulando estados de alegría y buen humor.

   ¡Animate! Buscá agujas y lanas, lanzate a la tarea de crear con tus propias manos; en tiempos en que “algunos tejen acuerdos”, activar los neurotransmisores de la felicidad es una forma de anticiparnos al crudo invierno.

   ¡Animate! No importa si el resultado no es prefecto, seguramente alguien podrá ser cobijado en tiempos de frío.

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