La crisis venezolana

4/2/2019 | 06:30 |

Por
Miguel Angel Asad

No soy “pro Maduro”, pero no voy a caer en la trampa de repudiar su gobierno soberano “porque condecora con el retrato de Milagro Sala”. ¡Quítenme de aquí esas pajas! Pienso en el bloqueo de Francia e Inglaterra que festejaban unitarios a la moda -y “modos”- denostando al “tirano” Rosas, que le hizo exclamar a San Martín -al donarle al Restaurador el Sable Corvo- su felicitación  porque, más allá de las diatribas de las logias (reténgase este dato por la equivalencia del ingreso del “presidente interino” Guaidó a la masonería el 23 de enero), había defendido la soberanía patria ante el imperialismo europeo. El mismo que hoy, en el Parlamento Europeo, se apura a reconocer a Guaidó como presidente legítimo. 
La “oposición” en Venezuela -empujada  por EE.UU. y los gobiernos con “rodilleras de Sudamérica”- se niega a sí misma desconociendo la Doctrina Drago: “derecho a la autodeterminación de los pueblos”. Como Bolívar, San Martin sostenía algo que los unitarios  despreciaban: “Cuando la  Patria está en peligro, todo es lícito menos dejarla perecer”. No olvido que Bolívar había ingresado a la masonería desde joven. Cuando se dio cuenta de tal error, ya fue tarde. Dictó el decreto el 8/11/1828 prohibiéndolas “porque las sociedades secretas solo sirven para preparar trastornos políticos turbando la tranquilidad  pública  de un pais y con el velo del misterio ocultan sus intenciones verdaderas perjudiciales a los intereses patrios”. No tardó en recibir un atentado contra su vida; en 1830 desterrado de Venezuela y huir de Colombia donde se refugiaba. Su muerte es adjudicada a un asesinato de la masonería. Idéntica suerte de desprestigio y traición debieron pagar Rosas y Perón.
Traigo ello, porque el Sr. Guaidó, flamante masón, cree que por serlo puede aspirar -no sin soberbia- poco menos que a ser proclamado “Miss Venezuela”. ¿La crisis de Venezuela se agota en la  “dictadura de Maduro”? ¿Con toda la prensa opositora en acción? ¿Con manifestaciones de la oposición en las calles? ¿Con ofrecer el Dr. Guaidó -egresado de la Universidad gratuita de Chávez- amnistía anticipada sin sentencias condenatorias firmes-a todos los militares, reconociéndose estos como delincuentes? ¿Con periodistas de EE.UU. como Abby Martin, Jorge Gestoso, CNN, etc., informando desde Caracas? Vaya dictadura... O en que faltan medicamentos y alimentos, cuando la prioridad   ante una amenaza militar es invertir en armamento para la defensa: estamos orinando fuera del tarro. 
Veamos. Tenemos un EE.UU. que buscó inútilmente un G-2 con Rusia ya aliada estratégicamente a China. Trump una especie de Herminio Iglesias yanqui y racista para el que “todo es igual o sea todo lo contrario”(?) y el “trumpismo”, con un imperio en franco retroceso -perdió la jefatura de la globalización que pensaba presidir- requiere de un análisis geoestratégico sobre la fuerza con que debe contar en caso de una opción militar contra Venezuela. El medio “The Military Watch” hizo un análisis de las defensas que tiene el país latinoamericano y cómo podrían ser penetradas: Venezuela cuenta con un avanzado arsenal de armamentos aéreos. Tiene la versión más capaz de los cazas rusos Su-30: los MK2. Estos combinan los sistemas radioelectrónicos más modernos, un temible armamento y una maniobrabilidad incomparable, con cazas de cuarta generación. EE.UU. tiene más dificultades al añadir a la fórmula los sistemas de defensa aérea de Venezuela, entre los cuales están los BuK-M2 y S-300VM. 
Ambos sistemas son los más avanzados de su clase. Esta combinación es una “barrera insuperable para  la vasta mayoría de la flota de EE.UU.” Entonces al imperio le queda empujar a Colombia y que los soldados “de color” los ponga esta, con los asesores  israelíes que vinieron a Brasil para colaborar (?) ante el desastre ecológico de la minera Vela. Israel no se banca que su “limpieza étnica” del pueblo palestino Telesur de Venezuela la ponga al desnudo todos los días. 
El profesor Romero, investigador en geopolítica venezolano, anunció rato ha que, “para el 2019”, Trump tiene una política hemisférica que prácticamente pondrá de rodillas a todos los gobiernos latinoamericanos que estén a favor de la idea de panamericanismo”. La primera vez que el presidente de EE.UU. mostró su deseo de invadir Venezuela fue en agosto del 2017. Tras una reunión dedicada a las sanciones contra Venezuela, Trump dijo que “quería una invasión  militar del país” ante azorados testigos: el esecretario Rex Tillerson y el exasesor Mc Master. No era una bravata de las que nos tiene acostumbrados la boca de esta estrella de “reality” que se convirtió -vive Dios- en el comandante en jefe del imperio. En el campo diplomático perdieron la batalla en la ONU. Curiosos ejemplos pululan para vergüenza humana y no conmueven a Trump: millones de muertos en Yemen por parte de su “aliado” Saudita. Cuantiosa miseria en Niger por parte del demócrata de Francia para robarle la mayor reserva  mundial de uranio, etc. 
Los ejemplos se podrían multiplicar. EE.UU., para no quedar manchado de sangre una vez más en el patio trasero, opta por apoyar a que Colombia ponga sus hijos en una invasión a Venezuela: no le alcanza una Colombia con los 500 líderes sociales asesinados por los paramilitares, ni con la reedición del Plan Cóndor de los 70 (junto a Israel y Francia OAS). Tampoco con presidentes con rodilleras (Macri y los del Pacifico). Maduro no es Galtieri. Olvidan que “si la política del garrote fuera suficiente para resolver los problemas de la dirección de la guerra, la política sería una cosa muy fácil y el mundo no necesitaría de la presencia de conductores” (Juan Peron, en Cátedra de la Escuela Superior de Guerra). Ezequiel Zamora, mártir de la lucha independentista de Venezuela, le responde: “Pienso, como Bolívar, que el ejército sea el pueblo y no los votos”. Amén.

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