Década de 1850

¿Cuántas personas murieron en el último malón?

15/4/2018 | 06:30 |

La invasión del 19 de mayo de 1859 fue muy importante porque, por primera vez, los atacantes ingresaron al corazón del poblado y permanecieron largo rato.

César Puliafito / Especial para “La Nueva.”

   Sin lugar a dudas el ataque a Bahía Blanca del 19 de Mayo de 1859, con una fuerza que reunió a gran parte de las agrupaciones aborígenes asentadas en la región, es uno de los hechos más impactantes y dramáticos de la historia bahiense.

   El Cacique “General” Calfucurá, de innegables dotes militares, planificó el ataque al mejor estilo “guerra relámpago”. Movió con el mayor sigilo un ejército de tamaño más que considerable para estas latitudes.

   Ese malón fue tan violento como los de 1836, 1837 y 1852 (en todos participó Calfucurá), pero es el más recordado porque los incursores sortearon el sistema defensivo externo de la Fortaleza, ingresaron al corazón del poblado y lo ocuparon en gran parte por largo rato.

   El relato del exlegionario Italiano Bernardo Mordeglia que vivió los combates a metros de su casa, definió sin ningún halo de gloria la jornada del 19 de Mayo: “Unos decían: ‘mi hermano está muerto’; otros se lamentaban de que sus casas habían sido quemadas por los indios y robados sus intereses; otros que algunos vecinos habían caído cautivos. En fin, ese día para Bahía Blanca fue de llanto, desolación y terror.

¿Un triunfo glorioso?

   En general, los testimonios de los protagonistas fueron recogidos a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando Bahía Blanca ya era un pueblo pujante, en la cúspide de la modernidad, por la llegada del ferrocarril y la extraordinaria expansión de su puerto.

   El relato se convirtió en triunfalista; tendía a exagerar cifras y situaciones para, de alguna manera, redimir la memoria de un muy sufrido establecimiento fronterizo. Desde esa perspectiva el malón se convirtió en algo así como el símbolo del triunfo de la “civilización contra la barbarie”, una verdadera paliza a los “hozados” invasores…

   No fue de ese modo, los abnegados pobladores lograron la “supervivencia del poblado”. Sin paliza, sin gloria, ni con tantas víctimas como en el malón de Calfucurá sobre el pueblo de Azul  en 1855, donde murieron 300 vecinos.

   El argumento de Calfucurá para incursionar con gran riesgo sobre el poblado era en principio la vendetta por la campaña del Estado de Buenos Aires, en 1858, a su enclave en las Salinas Grandes.

   A la vez sumó a los pampas de Tapalqué y Patagones alentándolos a vengar los asesinatos de los caciques Pascual en 1855, y Yanquetruz en 1858, cuando estaban visitando Bahía Blanca.
Otro motivo más pragmático fue la apropiación de 5.000 cabezas de ganado que incluían unos 2.000 caballos.

   Asaltaron el corral grande de González, saquearon el almacén de ramos generales de Iturra y no pudieron con el de Galván. Como objetivo de máxima Calfucurá esperaba destruir la población, como le hizo saber por carta a Urquiza, líder de la Confederación Argentina, a quién el cacique respondía. Su relación con las autoridades del Estado de Buenos Aires no era buena.

Las bajas

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   En la jerga militar “las bajas” hacen referencia a todas las personas imposibilitadas de prestar servicio militar: muertos en combate y/o enfermedad, incapacitados por lesiones físicas o mentales, capturados, desertados y desaparecidos.

   Durante las guerras de frontera la evaluación de una victoria o derrota se medía por la cantidad de muertos ocasionados al enemigo en relación a las propias. Por eso  los partes oficiales de batalla en general ampliaban el poderío enemigo y su número de muertos, a la vez que achicaban las propias bajas.

   Esta nota no pretende buscar un dato estadístico frio, ni tomar con ligereza semejante drama que se vivió en Bahía Blanca.

   Las pérdidas de vidas por situaciones de violencia son fueron y serán siempre repudiables y aunque fuere una sola vida, es de lamentar, tanto entre los defensores como en los atacantes, sea cual fuera su etnia. 

   Para lo que sí sirven estas cifras es para entender una nueva visión del famoso malón. Para lo que señalan fuentes fiables que hasta ahora no se habían analizado y los partes de batalla descubiertos más recientemente: el del Comandante Olegario Orquera, del 20 de Mayo de 1859, y el del Coronel Granada, del 8 de Junio de ese mismo año, publicado por este matutino en julio de 2013.

   Daniel Cerri, Mordeglia y Filippo Caronti establecen en 3.000 los atacantes. Pero los partes de batalla citados y el testimonio del norteamericano George Earl Church, dan un número más razonable de 1.500 guerreros, más posiblemente los grupos de jóvenes y personas mayores que actuaban como arrieros. 

   Los fallecidos entre los pobladores y militares es llamativamente bajo sobre más de 500 defensores. Cayeron Juan Giusto vecino ex legionario, Rufino Díaz, Laudino Galian, sargento y soldado de Granaderos a Caballo, Manuel Alba, sargento de Guardias Nacionales, y los legionarios Francisco Pedemonte y Benito Canessa.

   En tiempos donde no existían los antibióticos y con medios sanitarios muy pobres, otros pudieron fallecer días mas tarde. Tampoco hay datos sobre el número de fallecidos entre los efectivos de la “Compañía de Indios Amigos de Bahía Blanca” o las familias de la gente de Ancalao, aunque se conoce que fueron atacados por Calfucurá.

   En cuanto a las bajas de los atacantes, el parte de Orquera, expresa que “dejaron 25 ó 30 cadáveres en el poblado” pero aclaró que: “se presume que entre heridos y muertos, hayan tenido una pérdida de al menos 50 indios, pero se les ha visto en varias direcciones llevando heridos y muertos…”(sic). 

   Church por su parte, señala algo similar: “dejaron 62 de sus muertos en las calles y la plaza, pero se habían llevado a todos sus heridos”. 

   Esta apreciación es posible y coincide con el parte de batalla; los atacantes tuvieron gran libertad de movimiento en el poblado. Los militares concentraron la defensa en la plaza y el fuerte. Y los Granaderos del coronel Granada en su vivac dispuesto en el predio de la actual sede de la Asociación Empleados de Comercio, en el centro bahiense. 

   El número de aborígenes muertos podría aumentarse a resultas de los heridos, pero nunca a 250 o 300 bajas como señalan algunas fuentes.

   No obstante el número de 62 caídos, o algo más en las fuerzas de Calfucurá, fueron muy elevadas y superiores a las que podía esperar el Cacique General.

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