La gambeta, deporte nacional

18/11/2018 | 20:57 |

Por
Miguel Angel Asad

   Ha quedado atrás -no sin nostalgia- el fútbol de potrero de mi infancia en Pedro Luro. No quiero reincidir. Por eso retomo hoy la esencia del fútbol, que se proclama como “deporte nacional” por parte de miles que desde la tribuna tararean el Himno Nacional y la emprenden con “MMLPQTP”(una encuesta sin agencia sobre la imagen presidencial). Desaforados y divididos entre locales y visitantes, como corresponde a la grieta nacional entre unitarios y federales, peronistas y gorilas, Perón o Braden, Boca y River; viveza criolla o meritocracia, dictadura o anarquía, desorden o restauración de la ley. El resto lo dejo librado a tu prolífica imaginación: hay para todos los gustos.Pero insisto. El futbol nos representa, porque la esencia del fútbol es la gambeta: el deporte nacional argentino vg. ante el IVA, el tarifazo, llegar a fin de mes, etc. La que hacía la jefa de la banda de contrabandistas Madame Perichon, cuyos secuaces ingresaban sedas de Inglaterra por puerto Nuevo, mientras ella lo entretenía en la cama a Liniers. Dícese de ella que poseía intuición especial para descubrir los efectos de su espontánea coquetería. Una verdadera pyme de entrepiernas y de entrecasa. O la que hizo Perón como “león herbívoro” proclamando “al enemigo, ni justicia”. O la que hace el actual equipo de gobierno -el mejor equipo según la gambeta de su pautada cobertura mediática- y el país está que vuela por los aires en un estallido cada vez mas cercano a un Estado fallido. 

   Me causa gracia y estupor que la ministra Patricia Bullrich declame que en tres años han hecho más de 50.000 procedimientos contra el narcotráfico, y en medio de los efluvios etílicos en Córdoba, le salió la exmontonera de adentro proclamando el derecho de todo el que quiera andar armado que lo haga si es su gusto (apología del delito igual que la que hicieron con el presidente respecto de Chocobar: ¡ay! Las delicias de peritos en criminalística que ahora “descubren” que la bala por la espalda al caco en polvorosa le entró como bala de “rebote”. Gambeta procesal. O la del presidente que -mientras tanto- escucha a Antonia, la hija de su quinto matrimonio, que lleva ese nombre en homenaje a su tío abuelo calabrés “Antonio” de larga historia en aquellos pagos, quien le aconseja “que deje entrar a la cancha a los visitantes”: todo un prodigio que deja sin habla al Barba Durán. Entonces este “estado de cosas”  nos define -“momentáneamente”- como Nación o como pueblo en marcha. Muy a pesar de nuestros padres fundadores, aún no somos sino “dos Argentinas” (Alberdi en “Peregrinación a la luz del día”). Ethos que deja traslucir una de las cualidades que nos puede salvar de la psicopolítica hipócrita con que se moldea la mente del soberano: gambeta de laboratorio. A ella,  Hernández en el Martín Fierro ridiculizaba al argentino aconsejado por el Viejo Vizcacha, escuchándolo con atención como hijos sin paternidad. Don Arturo Jauretche y Castellani decían que el “mérito salvador de los argentinos era que desoían”, o “que para estar en la verdad bastaba con opinar contra La Nación o La Prensa”.Esa gambeta ya no se puede porque ahora a veces -Moras Mon mediante- dicen la verdad. Después vino Borges, para quien nos caracterizaba “cierta capacidad de duda”. Aguinis dijo que “el argentino no se traga verdades absolutas enlatadas”.

   Más gambetas. Hay  algunas, dignas de recordar. La muerte de Gardel fue usada por el gobierno de entonces para tapar el asesinato en el Senado de la Nación por el debate de la carne. Gambeta que años después no pudo llevar a cabo Juancito Duarte por el negocio de la carne. Se mostró como suicidio. Hoy, en el Senado -la carne es débil- el “piquetismo” conciliador acuna el ocaso estadístico de un Macri que advierte: “Cuidado, que si me vuelvo loco les puedo ocasionar mucho daño a los argentinos”, y los pañuelos verdes y celestes entretienen, mientras en todo el país se lava dinero de la droga por doquier, y las tropas de EE.UU. avanzan en ocupar lugares estratégicos. Para ellos, la Vaca no está muerta. Hay gambetas tragicómicas como Gardel cantando antes de su holocausto, una Barcarola Italiana. Cayó tan mal, que De la Púa escribió: “Me hubiera asombrado menos verlo al Viejo Vizcacha fumando un Camel”.Con otra dirigencia política que no esté tan imbuida de”negociar todo”-hasta la madre venden pero no te la entregan-, al presidente le hubiera cupido un juicio político, ya que la contradicción o dicotomía -de personalidad  y de las promesas de  campaña- es la esencia de lo esquizoide si es patología. O de la hipocresía estafatoria si es la ejecución del mismo plan de Martínez de Hoz,incluido uno de los hijos de este como asesor de su gobierno poliministerial. ¿Más gambetas? Ahi van. Macri puso a controlar los negocios de importación de autopartes (contrabando) a un hombre para que no lo controlara. En la causa por contrabando -más perfección de la gambeta- actuó como abogado de Macri el Dr. Gil Lavedra -exprocurador de la Corte de Justicia de la dictadura de Videla y compañía-. El otro abogado era el Dr Alejandro Carrió -apoderado de Clarín y primo de Elisa- y así podríamos seguir con cien gambetas más. Por eso, el actual presidente llegó a ser presidente de Boca Juniors. Por eso es tan hábil para gambetear a los familiares de los 44 mártires del Ara San Juan, y prescindir del informe preciso del profesor Gorbat de la Universidad Tecnológica Nacional, que ya tenía todo para detectar donde estaba el ARA San Juan previamente bombardeado misil mediante por Inglaterra. Gambeta siniestra. Alguna vez merecerá tarjeta de expulsión no por el árbitro de una cancha de fútbol, sino por el pueblo devenido en hincha. Nada de tarjeta amarilla. Mucha lluvia, cayó mucha, para que la gambeta vuelva a ser deporte y deje de ser una mera proyección desesperada de un gobierno de ocupación.

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