Las místicas noches del Club Universitario
Por Sofía Frugoni / [email protected]
Juan no se perdió ni una noche de Club desde marzo, cuando llegó de su pueblo para retomar el segundo año de la licenciatura en Turismo. Los viernes se junta con un grupo de 9 amigos, hacen previa en alguna casa hasta las 2 de la madrugada y salen.
En San Juan al 600 los esperan dos filas de chicos que ocupan hasta el cordón de la vereda. Por un lado entran las mujeres, por otro los hombres y ahí están ellos esperando ansiosos a que el patovica mire sus documentos y los deje pasar. El paso se cierra a las 2.30 y no quieren quedarse afuera.
La instancia de control en las puertas no es el único amontonamiento. También suelen ocurrir cuando van a comprar algo para tomar, bailar, cantar, pedirle un tema al DJ y charlar (mientras la música los deje).
El Club tiene una pista principal, con un escenario donde los sábados se presentan bandas locales. La pista está rodeada por 4 barras y la bebida que más pide el grupo es la cerveza con whisky.
Al fondo del terreno está el patio, con música electrónica. Es el único lugar donde se puede fumar.
Pero Juan y sus amigos prefieren la cancha de básquet porque, según ellos, tiene la mejor música, hay más espacio y va la gente "más buena onda".
Un poco de historia
Hace 61 años que el Club Universitario abre sus puertas para que miles de personas pasen sus noches de fin de semana. Cambiaron los horarios, los días, las fiestas. Y las noches de Club siguen siendo un éxito.
Hasta hace un par de años, los jueves eran furor. Ningún estudiante de la región se iba de Bahía sin pasar por sus pistas. Sin embargo, ahora los viernes pasaron a ser protagonistas.
"Hoy los jueves tenemos 1.000 personas; los viernes, 3.200 y los sábados entran desde 500 a 800", dicen los administradores.
Los precios para las entradas varían. El socio del Club paga $ 25, el que tiene la tarjeta de La noche del Club, 50, y, sino, hasta 200.
En cambio, las chicas pagan 40 sin ningún requerimiento. Otro dato es el de las bebidas y la entrada gratis para los que van a festejar su cumpleaños.
Casi 10 años sin La Cantina
En dos meses se cumplirán 10 años del cierre de la famosa "Cantina del Club", ubicada en Alem al 1100, donde hoy almuerzan los alumnos de la Universidad Nacional del Sur.
La cantina abría de lunes a lunes, ahí se podía tomar, comer, escuchar música, bailar y realizar otras actividades para pasar el tiempo.
Los miércoles iban bandas y los domingos llegó a haber una especie de peña, con empanadas y guitarreada. Todo el que haya asistido a la cantina tiene un buen recuerdo para contar.
Camila cuenta que la conoció en su último año de secundario: "Una compañera tocaba con la banda del padre, hacían música folclórica y un día nos invitó a verla".
Era un martes, Camila y sus amigas iban con ideas prejuiciosas y sin saber qué tan bien la iban a pasar, pero se terminó convirtiendo en una costumbre del grupo y hasta aprendieron a bailar folclore.
Otro recuerdo sobre la cantina es el uso del lugar para lo que hoy se conoce como previa. Se tomaba algo y después bajaban las escaleras, cruzaban un patio y ya estaban en el Club para seguir la noche.
¿Cuál es el secreto del Club?
Después de más de medio siglo, el Club sigue siendo el más elegido y, según el gestor de redes sociales del boliche, Gustavo Antón, se debe a que a la gente se la trata "como par", no se discrimina por color de piel, ropa, estatura, peso u otra condición física.
Antón dice que al Club lo ayuda el "boca a boca": la gente de la región no vuelve a su pueblo sin haber conocido una noche de Club. Gustavo cuenta que "si le decís a un taxista o remisero que te lleve al Club, vas a ver que te lleva al Universitario".