Análisis bahiense

¿Cara a cara vs. redes sociales?

7/12/2017 | 18:24 |

 

Fotos: Emmanuel Briane y Pablo Presti-La Nueva.

Por Belén Uriarte / buriarte@lanueva.com

   "Estoy angustiado. No tengo ganas de nada y siento dolor. Mucho dolor. Ya no quiero sentirlo. No sé qué hacer con mi vida…".

   "Después de 10 años juntos te vas. Te vas lejos, pero sé que siempre vas a estar. Te amo mejor amigo".

   "Que todo el mundo sepa quién es este hombre. Arruinó mi vida y la de mis hermanos. No merece nada. Que se haga justicia de una vez".

   "Si me das Me gusta, te publico en el muro".

 

   En las redes sociales se dice y se comparte de todo. Fotos, videos, declaraciones, denuncias, opiniones, propuestas y emociones.

   Pero, ¿qué lleva, por ejemplo, a que un adolescente diga en su perfil de Facebook que su vida es un sinsentido?

   —Cuando los chicos o adolescentes dejan mensajes respecto de su intención de lastimarse, de suicidarse, lo que están buscando es ayuda. Están dando una señal de alerta. En general la gente cree que el suicidio no es prevenible porque suele estar esta idea de que es algo impulsivo. Pero suele tener una historia previa. Y ese mito de que si alguien lo dice no lo va a hacer, es justamente un mito, una creencia errónea —dice Alba Picardi, presidenta del Colegio de Psicólogos.

   —Por qué en las redes y por qué de esa forma que pareciera que los deja expuestos ante tanta gente y no ante algunos, justamente porque en algún punto la red social para el adolescente es un medio que le es afín, que le es conocido, y a lo mejor todo eso no lo puede expresar personalmente porque no cuenta con los recursos para hablarlo con alguien —agrega.

   El 51 % de los chicos y adolescentes de Argentina usa Internet "todo el tiempo" y el 96 % accede a Facebook o Twitter, de acuerdo con un estudio que elaboró Unicef en 2016

   Se trata de redes sociales, es decir, plataformas digitales de comunicación global que ponen en contacto a gran número de usuarios, según la definición de la Real Academia Española (RAE).

   Días atrás, Facebook lanzó una versión para chicos de su chat Messenger: una aplicación gratuita que les permite enviar mensajes o videos a sus amigos y familiares en un entorno más seguro. 

   La aplicación está a prueba en Estados Unidos y apunta a cuidar a los más pequeños. Cuidarlos de la exposición.

   Algunos chicos exponen todo. Suben varias fotos al día y reciben decenas de reacciones y comentarios.

   —A veces suenan a encaradas, como súper piropos. ¿Y después qué pasa con ese contenido? ¿Realmente decimos lo que nos pasa? —se pregunta el psicólogo Fernando Luciani, también profesor de secundaria.

   Para él, las redes estimulan el exhibicionismo y el voyeurismo, “el placer de mirar y ser visto”, y hacen que las emociones sean distintas.

   —Siempre estuvo la necesidad de ser vistos, pero me parece que esto la estimula para que haya más necesidad. Antes, 50 o 80 años atrás, esperabas una carta o enviabas una carta. Ahora también lo podemos hacer, pero queda como una cuestión súper romántica. Tenemos que pensar qué diferencia puede haber en las emociones al recibir una carta de alguien que te agrada a diferencia de que te comenten algo en Instagram —plantea Luciani.

   —El adolescente busca afirmar su identidad y esto tiene que ver con la mirada del otro. Entonces tener muchas solicitudes de amistad, muchos seguidores, muchos Me gusta, es una forma de afianzar su autoestima —opina Alba Picardi.

   Fernando Luciani, psicólogo y también profesor, dice que las redes "son una herramienta para la educación". Él las usa para mandarles trabajos a los alumnos y compartir videos.

   Reconoce que tienen una cuestión bastante didáctica y que lo audiovisual es bastante divertido. Por eso, las usa. Es típico que en sus clases ponga un video de YouTube y lo comparta. No es ilógico: su materia se llama Rock.

   —Con el uso de los celulares ¿cómo lográs que te presten atención?

   —Por la onda que le pongo. Si no me prestan atención me hago cargo yo: no les interesa o no le estoy poniendo onda, o ambas. Tampoco se trata de que te presten atención. Tenemos como una cosa un poco narcisista a veces los docentes: “Prestame atención”. ¿Por qué?. Si es más divertido mirar Instagram quizás. Y quizás le prestan atención a dos cosas, me lo han dicho: “Nosotros podemos prestar atención a varias cosas a la vez”. El ojo está puesto acá, la oreja allá… Eso está buenísimo, es como un cerebro multimedia.

   —¿Se aprende mejor?

   —Se aprende distinto. El tema del aprendizaje está tan trillado, es como el abc de la pedagogía. A mí me parece que aprendemos todo el tiempo en la vida y a veces aprendemos cuando no hay situaciones ideadas para el aprendizaje. No necesariamente tiene que haber una escuela y un aula. Se aprende cuando alguien está teniendo la intencionalidad de enseñar.

   —Decí que vinieron los teléfonos inteligentes que te corrigen la ortografía porque me dolían los ojos de ver un mensaje de texto. No podía ser: huevo sin h y con b. —dice una abuela consultada por La Nueva. y se ríe.

   Redes como Instagram y Snapchat están orientadas a lo visual. Y Twitter, donde los usuarios cuentan y opinan, tiene un límite en el uso de caracteres. Esto puede hacer pensar que los chicos cada vez escriben menos y por eso lo hacen mal. Pero Fernando Luciani no concuerda: dice que donde da clases [escuela Normal] tienen una excelente literatura.

   —Tienen materias para alimentar eso y excelentes profesores, escriben bárbaro. Incluso a veces escriben en las redes. Son distintas maneras de procesar la información, hay una narrativa distinta, pero la tradicional no se perdió. Para mí los pibes tienen un nivel cultural superior a mi adolescencia. Hay una estimulación audiovisual y cognitiva maravillosa. Si nos ponemos en viejos cerrados, parece que como no es como nosotros lo hacemos está mal. No está mal, es distinto. Generalmente el tipo que critica no tiene ni idea de cómo se hace lo que están haciendo —asegura.

   David Busto, docente de Alfabetización, coincide en que las redes son muy útiles para educar y que es importante saber con qué dispositivos contamos para saber cómo trabajar.

   —Lo importante es trabajar en torno a la actividad: de la misma forma que puedo hacer un contenido impreso lo puedo subir a YouTube o compartir por Google Drive. O pensar: ¿le voy a preguntar a un chico cuándo nació San Martín?, es muy sencillo encontrar esa información; el trabajo en clase tiene que orientarse al uso crítico de esa información: ¿de dónde la obtuviste?, ¿buscaste información opuesta? —opina.

   Y su propuesta es ambiciosa.

   —¿Por qué no hacer un noticiero en la escuela? —se pregunta.

   Reconoce que se necesitan recursos pero está convencido que el “copiar-pegar” no va más.

   "Estoy mucho en YouTube, más que en la tele. Soy controlador de las tendencias que salen. Lo uso cuatro horas".

   "Miramos cosas sobre juegos, películas y series YouTube y Netflix. Nos aburre lo que pasa en la tele".

   "Cuando estoy de viaje, el celular me salva con Netflix. Me pongo a ver una película y se me hace más pasajero. Antes leía".

   "No tengo televisor. Hoy hay democratización de acceso: Internet hace una diferencia y se nota en el contenido que se consume".

  "Miro sobre todo Youtube porque tiene más variedad de cosas. Veo muchos canales de ciencia y noticias para estar al tanto de las cosas del país".

   Estas respuestas pertenecen a chicos y jóvenes que respondieron una serie de consultas de La Nueva. en el centro bahiense.

   Respondieron muchos más y la mayoría coincidió en una cosa: la programación de la televisión es aburrida y está llena de publicidad. Por eso se vuelcan a Netflix o al contenido que ofrece la web.

   Estas nuevas plataformas cambiaron la linealidad de la comunicación. Antes solo se veía. Ahora también se crea y se comparte en las redes sociales.

   —No distingue clases sociales, si nos ponemos a pensar en el sentido político está buenísimo, hay una posibilidad universal de acceso y hace que todos podamos tener nuestro famoso minuto de fama que decían los artistas pop. Me parece que de alguna manera nos equipara: tiene Twitter el chabón de acá a la vuelta y tiene Tinelli —dice Fernando Luciani.

   En tanto, el docente David Busto destaca la posibilidad que tienen hoy los chicos de “producir contenido”.

   —Se ha democratizado la producción: un adolescente o una criatura prende el teléfono y tiene un botón que dice transmitir. Estamos en una crisis del modelo tradicional de producción y financiamiento: todo eso compite con una criatura de 15 años que tiene tiempo libre —explica Busto.

"Que ocurran las dos cosas"

   —Una cosa es que una madre salude a su hijo por el día de su cumpleaños en Facebook y le ponga después te doy un abrazo y un beso en casa, y que ocurran las dos cosas. Lo hago público pero después lo hago. Ahora, qué mal cuando lo decís y después no lo hacés. Y eso pasa un montón —se lamenta el psicólogo Fernando Luciani.

   Dice que cada vez se está perdiendo más el contacto cara a cara y eso le preocupa.

   Recuerda que tiempo atrás acompañó a un grupo de alumnos a un viaje de estudios en Capital Federal y un encuentro lo sorprendió: una de sus alumnas se vio dos veces con un chico con el que chateaba desde hacía tiempo pero no conocía personalmente. En el viaje de vuelta él le preguntó por el chico y ella le respondió: “Me gustaba más por WhatsApp”.

   —No reniego de que las redes funcionen como una red de apoyo [de contención], lo que me preocupa es que eso reemplace a lo otro y está pasando: que sea eso y no necesito más que eso —cuestiona Luciani.

   Tengo mi hermano en Ushuaia. Antes decíamos “vamos a tomar mate”, prendíamos la compu y nos mirábamos por la cámara. Tomábamos mate y cenábamos juntos, ellos allá y yo acá, eso estaba bueno. Con la familia de lejos me sirvió, en casa no tanto.

   El relato pertenece a una mamá bahiense. Tiene dos hijos y dice que cada uno vive en su mundo. Pero no reniega de las redes: le permitieron no cortar lazos con los más lejanos.

   Ahora bien, ¿qué pasa con las parejas?.

   —¿Hay más celos y separaciones desde que aparecieron las redes?

   —Sí, pero porque las personas hacemos esas cosas, no porque las redes se apoderen de nosotros y nos transformen en personas infieles. Ahora está como más a mano, pero las parejas que se pelean existieron toda la vida. Si hay un vínculo de total confianza, hay confianza ahí también y no tenés que estar revisando. En terapia escuchás que se pudre todo a partir de revisarle el celular a alguien, pero no es que se pudre por la existencia de WhatsApp, se pudre porque está podrido por otro lado —dice el psicólogo Fernando Luciani.

   Y en este punto también coincide su colega Alba Picardi.

   —Las redes no cambian a las personas, las personas en general son en las redes como son cotidianamente. Y no creo que las redes pongan a prueba la confianza: las personas que tienen dificultades y son inseguras de sí mismas, lo son con o sin redes sociales. Puede existir mayor posibilidad de vincularse con otros, pero eso va en lo que cada uno busca y en la respuesta que está dispuesto a dar frente a esa oferta.

   —¿Qué harían si les cortan internet por un mes?

   —Intentaría jugar a un juego de mesa. Solo me aburro, pero si alguien me da bolilla no —dice un nene que recién sale de la escuela.

   —Yo me muero. Veo muchos videos, muchos dibujitos —dice otra nena acompañada por su mamá.

   ¿Y qué usan?

   Según una consulta que hizo La Nueva. en el centro bahiense, la mayoría de los chicos y jóvenes usa Facebook, Instagram y WhatsApp. En menor escala nombran Twitter, Telegram, YouTube y Snapchat.

   —Usan las redes de una manera distinta: los adultos más desde la utilidad y los chicos para relacionarse con otro, entretenerse y buscar información para la escuela —señala Juliana Cerritelli, psicóloga y coordinadora del programa “Grooming nos cuidamos entre todos”.

   ¿Y qué hacen específicamente?

   "Usamos el WhatsApp para contactarnos con nuestros amigos, para saber cómo están y para organizar juntadas".

   "Lo uso para mandar mensajes, cadenas, para distraerme un poco. Con mi pareja compartimos cosas que hacemos y con mis amigos lo mismo".

   "Estamos todo el día pendientes de las redes. Las usamos para stalkear (vigilar o espiar). Con nuestros papás nos comunicamos por WhatsApp".

   "Twitter lo uso para tirar indirectas e Instagram para mirar fotos".

   Estas respuestas también surgen de la consulta de La Nueva. y corresponden a chicos de entre 12 y 25 años. Cuando se les dijo "red social", la mayoría asoció el término con WhatsApp. 

   No es para menos: en mayo de este año figuraba como la segunda plataforma más utilizada, detrás de Facebook, según TechCrunch, un blog que trata sobre iniciativas empresariales, productos y sitios web.

   Los más grandes hablan de otros usos —informarse, comunicarse con un familiar, aprender—, algunos muestran un interés por “pertenecer” y otros aseguran que están “saturados” de tanta conexión.

   —Necesito ayuda para ver correos o hacer trámites. No tengo computadora, pero estoy tratando de aprender porque estoy aislada y por ahí paso vergüenza porque me hablan y chino básico —confiesa una abuela en la peatonal de Drago.

   —Sería mi sueño no tener redes ni internet por un mes. Mi sueño sería estar totalmente desconectado del mundo: caer en la casa de un amigo y empezar a decidir ahí qué hacemos. Seguiría mi vida normal y para comunicarme iría a las casas —confiesa un universitario en la Plaza Rivadavia.

   A una cuadra, un trabajador cuenta que solo usa Facebook para publicitar el complejo de deportes que tiene para celebrar cumpleaños.

   —No me interesa la compu. Trato de no estar muy conectado porque te atrapa y te hace perder tiempo. Me interesan otras cosas.

Números

   - Argentina lidera el ránking latinoamericano de usuarios que en promedio pasan mayor cantidad de horas mensuales en las redes, según la compañía de investigación de marketing en internet comScore.

   - Latinoamérica es el sector más involucrado con las redes.

   - Perú es el país con mayor alcance. Argentina se ubica en el sexto puesto.

 

* Colaboraron con el proyecto Nicolás Cabaña y Fabrizio Ciampichini

El problema de los extremos: cómo cuidar a los chicos en las redes

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