De anécdotas y hospitales veterinarios

18/1/2016 | 09:16 | Por Roberto Giménez (*)

Foto: Archivo-La Nueva.

Según la Real Academia Española, la palabra "anécdota" en una de sus acepciones significa "suceso circunstancial o irrelevante". A su vez, "irrelevante" significa "que carece de importancia". Teniendo en cuenta eso podemos pensar que el proyecto de un Hospital Público Veterinario es "inviable" en un determinado momento, que es "inoportuno", que "no tiene prioridad", que no entra en el presupuesto o incluso que es opuesto a ciertas políticas sanitarias o a una visión de la realidad. Pero lo que no se puede decir —a esta altura del contexto social y de nuestra profesión— es "que no tiene importancia". Muy por el contrario; es de tal relevancia que al menos merece un debate. En todos los ámbitos veterinarios lo están conversando, nuestro Colegio (de la provincia de Buenos Aires) hace poco se expidió sobre el tema en una editorial de su revista. Ya en el año 1986 se exigió que todas las facultades de veterinaria del país cuenten con un hospital público como parte indispensable en la formación del profesional. Yo mismo me formé en el viejo “Hospital Cánepa”, de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires y lo recuerdo no solo con cariño, sino también con “admiración científica”.

Los que nos dedicamos a la Salud Pública desde las Ciencias Veterinarias adherimos al concepto de "Una sola salud" impulsada por la Organización Mundial de Sanidad Animal, donde se busca cuidar el equilibrio hombre-animal-ecosistema. Y un servicio veterinario público (o cualquiera de sus variantes de mayor o menor complejidad, desde un centro de atención primaria hasta un hospital) es una parte indispensable para alcanzar ese objetivo. Las esterilizaciones son importantes, pero no lo único.

Por otra parte, si un proyecto fue electoral o no, eso no lo condena a la indiferencia, a que el debate pierda importancia. La gente lo reclama, surge en cualquier conversación sobre animales de compañía y se ve en las redes sociales. Si históricamente Bahía Blanca tuvo entre 75.000 y 100.000 perros, entre un 30 y un 40 % de ellos no están bajo el cuidado de un vecino, lo cual significa que no tienen acceso al sistema de salud veterinario. Si queremos ser antropocéntricos y egoístas, eso también es un problema para nuestra propia salud, además de ser una posición ética de nuestra especie, que se encuentra de pie (y se supone que pensando) frente a las otras.

Por eso reitero lo que he dicho públicamente desde que volví a Bahía y que trasciende cualquier discusión política: en lo personal, yo apoyo el Hospital Veterinario como concepto y como proyecto, pero debe estar bien hecho y con recursos suficientes. Si este no es el momento o la prioridad, es comprensible, pero no creo que deba desecharse por completo y sin el menor análisis.

De hecho, si no puede hacerse la inversión en un Hospital Veterinario por cuestiones presupuestarias (totalmente comprensible) tampoco hay que desechar pasos intermedios como el de un centro de atención primaria donde los profesionales orienten a las personas en cuanto a las patologías de sus animales. Se puede hacer muchísima medicina preventiva con un estetoscopio, un termómetro y una actitud educativa. Solo es cuestión de ganas, porque lugar y personal hay. Ese primer nivel de atención solucionaría muchos problemas a la gente, a la ciudad y a la salud en general, como supo implementar el actual presidente Macri cuando era jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En resumen: muchas son las posturas respecto al Hospital Público Veterinario. Seguramente algunas serán acertadas y otras planteadas desde un lugar equivocado. Pero ninguna es "irrelevante", porque el tema no lo es.

(*) Es médico veterinario y extitular de Veterinaria de la Municipalidad. El texto lo escribió a raíz de lo dicho por el actual titular del área, Fernando San Juan.

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