Bahía Blanca | Domingo, 31 de agosto

Bahía Blanca | Domingo, 31 de agosto

Bahía Blanca | Domingo, 31 de agosto

Una misión en la vida

La vocación de servicio nació casi con ella misma, hace 71 años, en Bahía Blanca. Muchos años más tarde, la vida la puso a prueba varias veces: en todas demostró una gran entereza. Adelma Rosa Victoria tuvo siempre en claro que valía la pena seguir adelante, más allá de las adversidades.

 La vocación de servicio nació casi con ella misma, hace 71 años, en Bahía Blanca.


 Muchos años más tarde, la vida la puso a prueba varias veces: en todas demostró una gran entereza.


 Adelma Rosa Victoria tuvo siempre en claro que valía la pena seguir adelante, más allá de las adversidades.


 Desde muy pequeña mamó la dirigencia del fútbol. No por casualidad preside la comisión de fútbol infantil del Club Atlético Monte Hermoso, donde, todas las tardes, firme, enérgica, pone el cuerpo y el alma a un costado de la cancha.


 Casada con José Damián Valenzuela, ambos crían a dos de sus cinco nietos: Agustín, de 13 años y Néstor, de 10.


 Por ellos, precisamente, una década atrás decidieron afincarse definitivamente en Monte Hermoso, a escasos metros del mar, su lugar en el mundo.


 --Aquí la tranquilidad es lo más preciado que hallamos --sostiene.


 
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 El 11 de octubre de 1975, una enfermedad le arrancó de sus brazos a su hijita Ivana, de tres años.


 Y el 7 de marzo de 1987, un accidente con su bicicleta, terminó con la vida del único hijo que le quedaba, Néstor Damián, de 12, que corría en pista y en ruta.


 --Con mi hija, nada se pudo hacer... y murió en un hospital de Buenos Aires. A Néstor, y a varios de sus compañeros de su categoría, los atropelló una camioneta. Sólo él falleció --recuerda.


 No hay recetas que ayuden a sobrellevar un dolor tan inmenso, asegura Adelma, con sus ojos brillantes y su voz quebrada.


 --Me salvó tener un compañero como el que tengo. Sin él, no hubiese salido adelante. En casos así, el matrimonio se termina de unir o se deshace por completo --define.


 Su temperamento, asegura, también le jugó a favor.


 De hecho, no se alejó de la dirigencia de la entidad donde su hijo se desempeñaba.


 También continuó trabajando en la misma empresa de siempre, probó con un grupo de autoayuda y jamás, alerta, dejó de rodearse de sus seres queridos.


 --No faltó gente que nos confesaba no entender cómo podíamos seguir. No dejar caernos fue toda una decisión. Quedarme en casa llorando y aislarme no me llevarían a nada. Decidí intentar seguir con lo que hacía... --relata.


 --Duermo en paz; es mi único consuelo, porque el dolor está intacto. Con defectos y virtudes, hemos sido buenos padres. Los acompañamos y guiamos todo el tiempo que duró sus existencias.

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 Dos años después de la muerte de su hijo, en 1989, un llamado telefónico de Neuquén le cambió la vida.


 --Mi hermano, que vive allá, me habló de dos hermanitos de 9 y 10 años que los daban en adopción. Por algún motivo respondimos que no era el momento. Pero aquella noche no pudimos dormir --evoca.


 A la mañana siguiente habían cambiado de opinión. Y horas después, subieron al micro que los acercó a Lucita y Rubén.


 --Nunca olvidaré aquella mañana de sábado. Me tomaron de las manos, me dijeron "mamá" y me hablaron de cuánto me habían estado esperando. Allá, la preparación psicológica que les hacen es increíble. Quedé enamorada de los dos y el juez demoró cinco minutos en autorizar la adopción.


 La tarea de Adelma, de vuelta en Bahía, no tenía tregua: participó de cuantas reuniones de padres adoptivos pudo, habló con psicólogos y docentes y asistió a todas las charlas que se le cruzaron en el camino.


 --Llegué a una única conclusión: criar hijos biológicos o del corazón es exactamente lo mismo. No entiendo, todavía, a quienes dicen, por ejemplo, que hay que estudiar los genes.


 --¿Y sabe porqué los matrimonios prefieren adoptar bebés recién nacidos? Porque no tuvieron hijos... ¡Cómo cambiaría la historia si fueran concientes de que la edad no cuenta! --agrega.


 Hoy, Rubén tiene 29 años, trabaja en la confitería Via Appia, de Monte Hermoso, y está próximo a casarse.


 Lucita vive en Bahía Blanca y tiene cinco hijos: tres de un matrimonio anterior y dos con su actual pareja.


 Ambos vivieron rodeados del cariño y la contención de sus padres.

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 Agustín y Néstor, los nietos de Adelma, viven con ella y su esposo por propia elección, pero el contacto con su mamá es permanente.


 --Para ellos, soy su "mamá grande". La "chiquita" vive en Bahía. Lo toman con naturalidad --explica y no demora en definir a sus nietos.


 --Son una maravilla. Andan bien en la escuela, tienen amigos, son buenos jugadores de fútbol... Me llenan la vida --detalla.


 A la dirigencia del club, Adelma le suma otras actividades, como gimnasia, yoga y visitas permanentes al centro de jubilados o a la biblioteca popular.


 En el verano, disfruta de la playa sólo en casos especiales y con un buen libro. Porque en esa época también está ocupada ofreciendo viviendas en alquiler de propietarios bahienses que le confían las llaves.


 --Suelen decirme que, a esta altura de mi vida, debería estar tranquila y dejar de criar chicos. Pero soy feliz de esta manera. Los que me conocen saben que me voy a morir así...

La vida a metros del mar






 Cuando Adelma se hizo cargo de dos de sus nietos, decidió, junto a José, mudarse a Monte Hermoso, a su casa de veraneo.


 --Para los chicos es un lugar excepcional, tienen la escuela a una cuadra, a sus amigos cerca y una libertad invalorable. Nunca nos arrepentimos --cuenta.


 Apenas llegó al balneario se anotó como voluntaria en Cáritas Parroquial, donde enseñaba cocina. Hoy, ya alejada, dedica buena parte de sus días al club.


 De hecho, es frecuente observarla vendiendo rifas, pidiendo colaboración en los negocios o preparando los sandwiches y el jugo para los viajes de las categorías inferiores.


 --Es mucha responsabilidad, pero da buenos frutos. Hace poco, estuvo en Monte Hermoso Lalo Maradona y quedó sorprendido con la disciplina y la educación deportiva de nuestros chicos. De verdad son maravillosos y no dejo de sentirme orgullosa --señala y, casi a gritos, pide anunciar que las divisiones quinta, sexta, séptima y octava del Club Atlético Monte Hermoso clasificaron para las finales de la Liga Dorreguense de Fútbol.


 --Todo esto gracias a un trabajo conjunto del presidente, Pablo Gentili; el preparador físico Víctor Carrizo y los técnicos Edel y Gerardo Fernández.


 El reloj de esta tarde helada de junio la apremia. Es momento de ir a la cancha. Pero antes, se sincera.


 --Soy renegada y exigente. Pero también conciente de mi actitud servicial y así seré hasta el final. Tal vez se trata, sencillamente, de una misión.


FRASE
"Cuando perdí a mis hijos no faltó gente que nos decía no entender cómo podíamos seguir. No dejar caernos fue una decisión. Quedarme en casa llorando y aislarme no me llevarían a nada". Adelma Victoria.