Bahía Blanca | Viernes, 29 de agosto

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Alberto Castillo, un fenómeno de popularidad

Se acaban de cumplir cuatro años de la muerte de Alberto Castillo, "el cantor de los cien barrios porteños". Protagonista de uno de los más notorios fenómenos de popularidad, Castillo --quien falleció el 23 de julio de 2002, a los 87 años, a causa de una neumonía-- había nacido en el barrio de Mataderos, el 7 de diciembre de 1914 y su verdadero nombre era Alberto Salvador de Luca.




 Se acaban de cumplir cuatro años de la muerte de Alberto Castillo, "el cantor de los cien barrios porteños".


 Protagonista de uno de los más notorios fenómenos de popularidad, Castillo --quien falleció el 23 de julio de 2002, a los 87 años, a causa de una neumonía-- había nacido en el barrio de Mataderos, el 7 de diciembre de 1914 y su verdadero nombre era Alberto Salvador de Luca.


 Fue médico ginecólogo de profesión y comenzó su carrera artística a fines de la década del 30, cuando cantó en una noche de estudiantes de la Facultad de Medicina junto a la orquesta Los Indios, de Ricardo Tanturi, quien no dudó en llevarlo a sus filas.


 Posteriormente y luego de una fuerte diferencia con el mencionado director, formó sus propias agrupaciones, que fueron dirigidas sucesivamente por Emilio Balcarce, Manuel Buzón, Eduardo Del Piano y Angel Condercuri.


 Ya había tenido un fogueo con la orquesta de Armando Neira, en la del siempre recordado Augusto Berto (uno de los fundadores del tango) y también en la de Mario Rodas.

Particular estilo.






 De cualquier manera, la historia grande de Castillo comenzó en 1941, cuando llevó al registro una formidable versión de Noches de Colón o, uno año más tarde, con Muñeca brava, ocasiones en las que ya predominaba el aire "canchero" que le concedería un muy particular estilo, notado rápidamente también en Otra cosa, che pebeta y Madame Ivonne.


 "Soy un cantor de multitudes", expresó alguna vez, haciendo referencia al enorme eco popular alcanzado.


 Su particular fraseo, su postura y su decir arrabalero --"canto como me enseñó la calle"--, su vestir de habituales sacos cruzados que le permitían sacar pecho, el enorme nudo de su corbata, sus cuellos desprendidos y sus incursiones en el candombe hicieron de Castillo uno de los grandes referentes de las décadas del 40 y el 50 y, decididamente, uno de los grandes del tango.


 Su poder de convocatoria se fue tornando casi inigualable, como éxito asegurado en los famosos bailes multitudinarios de la época, en un nivel sólo comparable con el de la orquesta de Juan D'Arienzo.

Todo histrionismo.






 La repercusión de su figura le abrió también las puertas del cine, donde protagonizó 18 filmes, entre ellos El cantor de los cien barrios porteños, Adiós, pampa mía, Un tropezón cualquiera da en la vida (junto a Fidel Pintos), El tango vuelve a París (con la orquesta de Aníbal Troilo) y La barra de la esquina, esta última constituida en una formidable pintura porteña de la época, junto a la entonces juvenil presencia protagónica de María Concepción Cesar.


 Siempre como figura central de la sucesivas agrupaciones que armó para su respaldo musical, Castillo fue exagerando su histrionismo hasta otorgarle un tono caricacturesco.


 El vals Los cien barrios porteños, de Rodolfo Sciammarella, le vino como anillo al dedo a su modalidad de colocar la mano derecha de canto junto a su boca, para frasear como cortina de sus actuaciones, "cien barrios porteños/ cien barrios de amor/ cien barrios metidos/ en mi corazón".


 Y si algo faltaba, para ratificar la consistencia de su figura, surgió en 1993, cuando próximo a cumplir 79 años, Castillo grabó junto a Los Auténticos Decadentes, Siga el baile, uno de sus grandes éxitos en tiempo de candombe, que se incluyó en una de las placas del grupo de rock.


 "Yo soy parte de mi pueblo, y le debo lo que soy, hablo con su mismo verbo, canto con su misma voz", fueron versos recitados con el particular énfasis que adornó su personalidad frente al micrófono, para convertirlo en exponente de una manera de sentir y expresar el tango, con marca propia.