Bahía Blanca | Miércoles, 05 de octubre

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Bahía Blanca | Miércoles, 05 de octubre

¿La peor ciudad para vivir?

Adrián Luciani/"La Nueva Provincia" Los últimos siete meses quizás sirvan como ejemplo para advertir las singulares características climáticas a las que estamos sometidos los bahienses. El 14 de junio de 2005 varios sectores periféricos registraron una tímida nevada, mientras que el pasado 28 de febrero toda la ciudad pareció derretirse con 50 grados de sensación térmica.
¿La peor ciudad para vivir?. Opinión. La Nueva. Bahía Blanca


Adrián Luciani/"La Nueva Provincia"





 Los últimos siete meses quizás sirvan como ejemplo para advertir las singulares características climáticas a las que estamos sometidos los bahienses.


 El 14 de junio de 2005 varios sectores periféricos registraron una tímida nevada, mientras que el pasado 28 de febrero toda la ciudad pareció derretirse con 50 grados de sensación térmica.


 Quizás esto sirva para explicar cómo, dentro del cúmulo de comportamientos y actitudes que nos definen como bahienses, tenemos una inclinación, casi innata, a quejarnos del clima.


 Ya los aborígenes que habitaban esta región la habían definido como Huecuvú Mapú, es decir "Tierra del Diablo", por la agresividad de sus vientos, fríos extremos y calores sofocantes.


 Y en buena medida tales cuestionamientos tienen su asidero porque el hecho de vivir en Bahía Blanca nos predispone a padecer determinadas dolencias físicas que bien podrían parecernos ajenas si residiésemos en otras ciudades del país, aunque también es cierto que nuestra ciudad no es una de las más castigadas en este aspecto. En ese plano, bien valdría la pena pensar en los inviernos santacruceños, por ejemplo.


 Las meteoropatías, como se denominan las enfermedades atribuibles al clima, han sido analizadas a nivel local por un grupo de investigadoras de la Universidad Nacional del Sur, a través del estudio de datos proporcionados por las salas médicas municipales de Ingeniero White, Aldea Romana y Villa Harding Green y otros suministrados por Región Sanitaria I.


 Entre las patologías más frecuentes asociadas a este factor pueden mencionarse trastornos de la conjuntiva, amigdalitis, gastroenteritis, hipertensión, asma y afecciones de las vías respiratorias superiores, según establecieron Alicia Campo de Ferreras, Cintia Piccolo y Alicia Capelli de Steffens.


 Las investigadoras también concluyeron que las variaciones bruscas de temperatura en primavera-otoño también desencadenan broncoespasmos, reactivan síntomas en úlceras gastrointestinales, hacen recrudecer las afecciones reumáticas en sujetos propensos y reactivan las dermatosis.


 Por su parte, al igual que en otras partes del mundo, en Bahía Blanca las tormentas eléctricas suscitan estados de tensión o ansiedad en personas hipersensibles y las condiciones de viento cálido pueden desencadenar reacciones desagradables en individuos susceptibles; por caso, hipotensión arterial.


 El viento frío puede producir angina de pecho, por enfriamiento súbito, y el aumento de la humedad ocasiona molestias en los miembros inferiores de muchas personas; como edemas de las piernas e inflamación de várices.


 El estudio determinó que existe una relación directa entre la aparición de olas de frío y calor con un aumento en la mortalidad; especialmente, de ancianos.


 Uno de los casos más evidentes se produjo en 1988, cuando se registró una mínima absoluta de -12º, y a la semana siguiente se desató una serie de fallecimientos que superó los valores medios.


 Sin ir más lejos, durante el invierno de 1999, una de las principales casas fúnebres de la ciudad debió realizar derivaciones al ser superada en varias oportunidades por el aumento en la demanda de tales servicios.


 El informe de la UNS señala que durante el verano 1996/97 el 20% de las consultas realizadas en las unidades sanitarias correspondió a trastornos en la conjuntiva como consecuencia de largas jornadas con vientos secos, cálidos y polvo en suspensión. No menos raros fueron los casos de amigdalitis.


 El trabajo llegó a la conclusión que los cambios bruscos de temperatura, tanto en otoño como en primavera, producen un incremento de los broncoespasmos y afectan a las personas con problemas de presión.


 Si bien aún resta un largo camino por transitar en torno la biometereología, se ha comprobado que enfermedades de los más diversos orígenes: fiebre reumática, accidentes cerebrovasculares, complicaciones en el embarazo, enfermedades del sistema digestivo, nervioso, de la piel, otras relacionadas con la presión arterial, ataques cardíacos, suicidios y alteraciones del sueño tiene directa o indirecta dependencia del estado del tiempo.


 Así lo señaló la doctora en Ciencias de la Atmósfera Matilde Rusticucci, quien realizó un ambicioso trabajo sobre meteorotropismo con médicos del Hospital de Vicente López.


 La cantidad de internaciones, en general, presentó máximos que en verano tienen una alta correlación con valores bajos de humedad relativa y presión atmosférica.


 Los internados por enfermedades cardiovasculares presentaron sus máximos cuando la temperatura mínima fue elevada en primavera y en presencias de situaciones pre-frontales (previas al paso de un frente frío). En cambio, en invierno no aparecieron máximos.
Asma. Otro estudio, realizado por Varela y Ojea, sobre 60 casos de pacientes con ataques de asma que ellos denominaron "no especificados", encontraron que el 90% se producía con la aproximación de un frente frío localizado a 500 kilómetros de la ciudad, una vaguada en altura que ocasionaba fuertes vientos del sector noroeste desde el día anterior, descenso de la presión y aumento de la temperatura y de la temperatura de rocío (indicativo de la humedad del aire).

Las mujeres, más perjudicadas







 A nivel mundial, los especialistas coinciden en que las variaciones meteorológicas no afectan del mismo modo a todas las personas ni lo hacen con la misma intensidad.


 En tal sentido, se calcula que un tercio de la población es muy sensible, otro tercio resulta inmune y al resto sólo la afectan las grandes variaciones.


 Las mujeres resultan más sensibles que los hombres en una proporción de dos a uno.


 Resulta frecuente que ante un cambio de humedad aparezcan dolores reumáticos y que cuando se avecinan tormentas algunas personas manifiesten una mayor ansiedad.


 Generalmente los seres humanos soportan mejor el frío que el calor, aunque en términos generales puede decirse que la temperatura es el factor meteorológico al que resultan más sensibles.


 El calor causa sensación de fatiga y bajo tono vital, produce pérdida de agua y sales minerales (sudoración).


 Con el frío empeoran los problemas circulatorios y si el descenso es muy violento puede causar contracciones de los vasos sanguíneos.


 Los cambios bruscos de presión atmosférica provocan leves trastornos en los oídos, con sensación de taponamiento o dolor.


 Un exceso de la humedad ambiental afecta a las cicatrices y a las articulaciones. Quienes han sufrido alguna fractura o fueron intervenidos quirúrgicamente son más sensibles.

La más ventosa del sudoeste bonaerense




 


 Bahía Blanca está asentada en un área de transición climática, entre el clima templado de la llanura pampeana y el templado semiárido del Oeste.


 Reúne inviernos rigurosos y veranos cálidos y secos. Las temperaturas estivales alcanzan máximos de hasta 43º, mientras que en invierno se registraron mínimas de hasta -12º.


 Como características centrales aparecen la variabilidad en los estados del tiempo y la persistencia de vientos muy fuertes, en su mayoría provenientes del centro del país, lo que minimiza la influencia del océano Atlántico.


 Si bien Bahía Blanca es la ciudad más ventosa del sudoeste bonaerense, donde prácticamente no hay días sin viento, tal situación tiene efectos beneficiosos en materia ambiental por cuanto al soplar predominantemente del norte y noroeste, el viento arrastra los elementos polucionantes hacia el mar.


 Otras ciudades de la región, como Tres Arroyos y Necochea, registran temperaturas más moderadas como consecuencia de los mayores índices de humedad.


 El viento en Bahía Blanca, al igual que el Zonda en la región de Cuyo, produce malhumor, sobre todo por la sensación de incomodidad que generan el material en suspensión y el calor.


 Otro trabajo encarado por Piccolo, Ferreras y Capelli precisó que en la ciudad existen determinados sectores donde el viento se torna más molesto, por ejemplo en las esquinas de Alem y Casanova, Rondeau y Vicente López, junto con algunos tramos de calle Estomba.


 La planificación urbana (ancho de las arterias y altura de los edificios) contribuye a generar en ciertos casos torbellinos y vórtices sumamente molestos para la gente que circula caminando.























El calor seguirá hasta el martes




























 La intensa ola de calor que desde hace varios días cubre a gran parte del país continuará por lo menos hasta el martes próximo. Habrá que soportar temperaturas máximas superiores a los 32 grados y mínimas de más de 22 grados.


 Así lo confirmó el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), organismo dependiente de la Fuerza Aérea Argentina. Destacó que la ola de calor se extenderá con cielo que se presentará parcialmente nublado, vientos leves del sector norte, sin probabilidad de lluvias ni de descenso de la temperatura.


 Ante la presencia de las altas temperaturas, el denominado "golpe de calor" se transformó en uno de los principales riesgos, que puede ser letal si no es tratado a tiempo, en principio mediante hidratación del afectado, aunque no se sienta sediento o acalorado, como puede suceder con ancianos y niños.


 Por ese motivo es conveniente tener en cuenta ciertas recomendaciones básicas: instalarse en lugares frescos, tomar abundante agua y bebidas frías (no alcohólicas), hacer pocos esfuerzos físicos, descansar y darse baños con agua no muy caliente, y usar ropa ligera.