Bahía Blanca | Lunes, 27 de mayo

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Un "Coco" lleno de recuerdos

"Después de haber recorrido como jugador el espinel completo en menores, llegué a comodín entre reserva y primera. Como es natural, tenía enorme entusiasmo y expectativas. En el plantel superior estaban De Pietro, Amicci, Manuel Fernández, Rubén Fernández, Izco, Florindo Stacco, Bienvenido Serrano y Antonio Zamponi, entre los que recuerdo ahora.
Un "Coco" lleno de recuerdos . Opinión. La Nueva. Bahía Blanca


 "Después de haber recorrido como jugador el espinel completo en menores, llegué a comodín entre reserva y primera. Como es natural, tenía enorme entusiasmo y expectativas. En el plantel superior estaban De Pietro, Amicci, Manuel Fernández, Rubén Fernández, Izco, Florindo Stacco, Bienvenido Serrano y Antonio Zamponi, entre los que recuerdo ahora.


 "Una noche, fue allá por 1950 ó 1951, siendo yo muy jovencito, de pronto, mis compañeros me pidieron que asuma la dirección técnica del equipo. Es todavía hoy que tengo mis dudas sobre si querían sacarme del elenco, por malo, o porque vieron en mí vocación de conductor..."


 De esta manera, más en serio que en broma, recordó Rubén "Coco" Ferrandi su inicio en la sufrida tarea de entrenador, que a la sazón terminaría consagrándolo como uno de los más exitosos de nuestro medio.


 El episodio que abre la entrevistas ocurrió en el club Leandro Alem, al que se vinculó como socio y basquetbolista el 25 de junio de 1940, justo el día que cumplió ocho años.


 "Fue cuando mi Viejo y mi tío llevaron la empresa Lavalle y Dorrego. Justo frente a ese domicilio estaba Alem... y sólo tenía que cruzar la calle para prenderme en los picados que se armaban frente a un cesto. Aún conservo el carnet original", reseña, mostrando de paso una de las facetas que lo distingue.


 Reconocido como simpatizante hasta el tuétano de la casaca verdirroja, sin embargo, hay una "perla" en su trayectoria como jugador. La única vez que llegó al título, fue en cadetes... jugando para Napostá.


 "Fue en 1949. Es la única temporada que no hice con Alem. Había pedido pase, aunque volví al año siguiente. Ganamos el campeonato con De Marchi, Feliziani, Militano, Borgani, López, Filipuzzi, Posteraro y Guisado".


 Pero al club de sus amores habría de contribuir, y retribuir, dándole la mayor satisfacción de su historia. Nada menos que el título de campeón del torneo bahiense más importante e inolvidable: el de 1980.

Una temporada fantástica




 Los que la vieron, y vivieron, no lo olvidarán jamás. Los que por una razón generacional --o por la que fuere-- se lo perdieron, tienen sobrada razón para lamentarse. Nunca, ni cerca, la ciudad vivió durante varios meses una revolución basquetbolística semejante.


 Multitudes se desplazaban por las calles para presenciar algún encuentro. Y se movilizaban antes de que anocheciera, por el riesgo de quedarse afuera ya que el escenario escogido podría estar colmado.


 Un ejemplo basta. Para asistir a la cancha de Alem, en la cortada de Azara, por encontrarse todas las calles aledañas abarrotadas había que dejar el auto en las amplias veredas de tierra de las barracas que dan sobre Corrientes o Darwin. En ocasiones, incluso se hacía necesario estacionar en el playón que da frente a la estación del ferrocarril...


 "Para 1980 yo me había retirado de la actividad, pero el grupo de gente que se abocó a formar un gran equipo me vino a ver. Como Alem quería estar a la altura de lo que se avecinaba, no pude negarme. Al contrario, tomé el cargo con gran interés y máxima responsabilidad", recuerda "Coco".


 A esta altura corresponde recordar que la mayoría de los equipos de primera (9 de Julio, la única excepción) había contratado por lo menos una pareja de extranjeros y, algunas, un tercero como rueda de auxilio, a saber:


 Olimpo contaba con Elisha McSeewney, Timothy Billingslea y Charles Thompson; El Nacional con Steven Criss y Kurt Ekberg, Pacífico con Michael Carter y Chris Raven; Napostá con Gary Devlin y Louis Brown; Estudiantes con Kenny Barnes y Charles Matheney; Villa Mitre con Jimmy Hearns... ¡para un torneo barrial!


 Esto dicho sin contar con que había dos entrenadores foráneos (Julio Toro, de Puerto Rico y Carlos Moyano, de Capital Federal), que había parejas de árbitros extranjeros y que, además, estaban Alberto Cabrera, Jorge Cortondo, Raúl López, Juan Carlos Merlini, Marcelo Richotti, Alberto Facetti, Jorge Faggiano, Roberto Ojunián, Carlos Ferello, Marcelo Allende y Norberto Laguzzi, por citar. Tremendo. Con estos actores, la posibilidad de ver grandes juegos estaba asegurada.


 ¿Y Leandro Alem?


 "Ya te dije, se había esforzado mucho. Deportivamente habíamos entrenado duro y realizamos giras, incluida la Patagonia, y llegamos hasta Punta Arenas, Chile. Pero nos quedamos con sólo uno de los tres extranjeros que llevamos (Chris Lockart, el recordado "Quico"). A David Farbach se lo dimos a Argentino, que estaba en segunda de ascenso, y Jimmy Del Green volvió a Estados Unidos por problemas familiares".


 
Se arma el campeón



 "Creo que fue 'Tite' Boismené quien recomendó a Lewis Linder y Gerald Cunningham. Y, tras estudiar antecedentes, la comisión que integraban Mariano Labrocca, Rubén Segú, Basso y mi hermano 'Tito' dio el visto bueno. Fue un acierto espectacular", memora Ferrandi.


 Alem, de pronto, asoma como protagonista. Llegó a ganar los primeros ocho juegos en fila.


 "Se había logrado una gran química. Todos ponían algo de su talento. Contábamos con Ramón Priore, Carlitos Lacunza, Velasque Ibalo, Ariel Medina, el 'Negro' De la Vega, Agustín Llul, Goyeche, Ferrandi, Rodrigo Torre y Hernán Montenegro quien, con 13 años de edad, llegó a participar en algunos partidos".


 Rubén Ferrandi era asistido por Zamponi, como ayudante técnico, como así también por Alejandro Melinger, Almendra y Sayago, en otras tareas.


 El equipo desarrollaba sistemas ofensivos que había dejado "Joe" Vancisin, además de un trabajo especial contra presión, porque la solía utilizar Olimpo.


 Tras una campaña de 12 ganados en 14 presentaciones, hubo empate con El Nacional, en el primer lugar. Fueron tres finales, a estadio Casanova lleno a reventar, con presencia de medios periodísticos porteños y entrenadores de varios puntos del país.


 La primera fue para Alem (105-91), El Nacional igualó la serie (104-83) y forzó el tercero, que se jugó el sábado 27 de diciembre de 1980, con victoria y la corona para los verdirrojos por 88 a 85.


 La locura que se desató en Santa Fe 51 se trasladó a Azara y sus adyacencias. El vecindario del barrio pobló las calles. Nadie quedó en su casa. No querían ni podían dejar de unirse al festejo.


 "Estadísticamente, el torneo se lo adjudicó el equipo con la ayuda del cuerpo técnico, pero el título lo ganó toda la gente del club. Hubo cantidad de colaboradores que trabajaron muchísimo", fue el reconocimiento de "Coco".


 "Si a mí me das una pelota, soy capaz de entrenar. Pero si me das un martillo lo más probable es que me reviente un dedo de la mano. Por eso, mi agradecimiento es total hacia quienes ampliaron el estadio y a quienes desarrollaron otros tipos de aportes, todos valiosos, todos importantes".

Algunas intimidades




 Rubén Ferrandi no duda en calificar a su dueto de extranjeros como "un par de tipos sensacionales, como jugadores y como personas". Y narra cómo ellos se encargaron de borrar las dudas que por entonces sustentaba.


 "Apenas los conocí y los hice entrenar me dí cuenta que se trataban de algo especial. Y había montones de detalles que me preocupaban. Por ejemplo, nuestro modesto vestuario. Recuerdo que, tímidamente, les pregunté si se pensaban bañar en él.'¿Tiene agua caliente?", me inquirió Linder. Tras la respuesta afirmativa, el selló mis dudas con un 'listo, suficiente".


 Según documentó "Coco", el plantel estuvo --entre prácticas, amistosos y partidos oficiales-- 105 noches vestido con ropa deportiva.


 "Llegamos a entrenar la Nochebuena del 24 de diciembre, víspera de la final, y la celebramos juntos dentro del propio gimnasio. Cada familia llevaba su comida y bebida. A la mañana siguiente, en Navidad, volvimos a entrenar, a puertas cerradas. Con esto quiero significarte que ninguno escatimó esfuerzo para llegar a la meta".


 Las cábalas, por supuesto, no podían estar ajenas. Formaban parte de la preparación... mental.


 "Desde que arrancamos el torneo, los americanos agarraban la tiza y trazaban una raya vertical, en el pizarrón que tenía para dar las charlas técnicas, marcando otra victoria... antes de salir a jugar".


 La vincha que utilizaba Linder algo de cábala debía tener. Además, se había convertido en apetecible presa de los rivales. Hubo varios que, en pleno partido, quisieron arrancársela. Nunca pudieron.


 "Una noche, previo al cotejo con Estudiantes, en cancha nuestra, vino Boismené --que dirigía al albo-- y me soltó: 'Coco', no importa lo que pase esta noche. Tenemos que seguir amigos como siempre'. Esta actitud, primero me extrañó y luego me sobresaltó. El 'Bomba' Zamponi copó la parada y le advirtió: 'Tite, no armés q... porque te tiro la hinchada de Bella Vista encima".


 No pasó nada de los que los mentideros venían preanunciando. Que Boismené le iba a arrancar la vincha a Linder para ponerlo nervioso y, de última, si se armaba la bronca, se iban los dos expulsados.


 "La única vez que ví a Gerald y a Lewis con cara de fastidio fue cuando fuimos al cajoncito de la cortada de Drago, para enfrentar a El Nacional. No tanto por las (mínimas) dimensiones del rectángulo, sino porque tenía piso de baldosas. Y perdimos".


 Para concluir este capítulo, le pedimos al entrenador que cuente dos episodios más, referidos al Dúo Dinámico.


 "Cierta vez Lewis Linder pidió dos días de permiso para ir a Buenos Aires a recibir a su esposa. Como lo conocía le dí tres. Recuerdo que le acercaron, ponele, 100 pesos para pagar el alojamiento del hotel y las comidas. Al regreso, devolvió 60 de esa hipotética suma. Ese gesto te pinta de cuerpo entero su integridad".


 Nos quedaba Cunningham.


 "La noche de la gran final, apenas terminé la charla técnica se levanta Gerald y me dice:; '¿me permite coach?'. Accedí. Entonces, dirigiéndose a sus compañeros les espetó: 'hoy es el día. Mañana no sirve'. La tenía clara y estaba dotado de una impresionante mentalidad ganadora".

Personalidad y logros




 Rubén Ferrandi es de carácter reposado y amable. Se lo reconoce como una persona con fuerte sentido de la responsabilidad, siendo metódico en sus procederes, prolijo en su desenvolvimiento, cuidadoso en el trato, tenaz en sus objetivos y con un profundo sentido de la ética.


 En la formidable temporada de 1980, a su cosecha de satisfacciones sumó que los jueces le hicieron entrega de un plaqueta, por considerarlo el "entrenador más correcto".


 Su trayectoria como director técnico es riquísima. Fue campeón bahiense, regional (en Tandil), zonal (en Coronel Suárez), provincial (en Mar del Plata) y argentino (en Jujuy, Paraná y Corrientes). Además contribuyó como ayudante técnico en la selección argentina que concluyó sexta en el Mundial de Uruguay, en 1967.


 También ofició de "ojeador" para el técnico Alberto Trama en el Sudamericano juvenil que se adjudicó la Argentina y presidente de relaciones públicas, ceremonial y protocolo en el Sudamericano de mayores, disputado en 1999.


 "Antes, tuve oportunidad de asumir como entrenador-jefe del equipo nacional en 1966. Como no había tiempo previsto para el adiestramiento, desistí del ofrecimiento de la CABB. Les respondí que no acostumbraba a hacer turismo con el deporte argentino y que no quería ser co-responsable de tirar por el suelo el prestigio del básquetbol de mi país", nos comentó. No estaba lejos de la realidad: Argentina quedó última.


 En rigor, la primera selección que tomó fue una de cadetes bahienses, en 1961.


 "La verdad, no era la mía. Correspondía a Bocanegra y Radivoy, pero ellos no podían viajar al provincial de Pehuajó. Tuvimos suerte. Con César Loustau, José M. Pozuelos, Juan Ragadale, Carlos Lemos, Roberto García y Carlos Saldutti, entre otros, terminamos campeones invictos".


 En la de mayores asumió en 1965.


 "Estaba dirigiendo en Alem, así que le pedí permiso a Valentín Pitiot, un hombre que estimé grandemente, porque entendía que el técnico no debía estar identificado con un club. Solicité a Jorge Rodríguez (Napostá) que me acompañara, no como ayudante sino compartiendo responsabilidades. Trabajábamos muy intensamente. Ibamos a todas las canchas y nos reuníamos diariamente. La meta que nos trazamos era juntar el 50 por ciento del carácter agresivo que contenían los jugadores, con otro aporte igual de técnica".


 
Minuto y cambio



 Rubén Ferrandi es un permanente reconocido del talento de sus dirigidos.


 "Además de calidad, conocían el profundamente el juego. Cabrera, Cortondo y los demás tenían una enciclopedia en la cabeza. Y como les gustaba ganar, se cuidaban como profesionales. Cierta noche, en Mar del Plata, frente a un próximo compromiso de menor riesgo dí permiso para salieran después de cenar, con una recomendación: 'a las 2 están todos de vuelta'.


 "Aparentemente no había quedado clara mi indicación. Por ejemplo, 'Polo' De Lizaso había entendido que era hasta las 3 y algún otro hasta las 4. Pero Fruet le parecía que era hasta las 2, así que quince minutos antes emprendió el regreso de la peatonal hacia el hotel. Bueno, detrás de él se encaminaron todos los demás..."


 De ese mismo certamen, extrajo "Coco" otra anécdota.


 "Una mañana íbamos en micro a entrenar a Kimberley. De pronto por la ventanilla veo en la playa algo que me provoca el siguiente comentario: 'a los muchachos de La Plata o les sobra juego o se equivocan en su conducta".


 Uno de sus mayores orgullos es haber impulsado la incorporación de un médico a sus delegaciones. Y que, previamente, sus jugadores debían pasar por una exhaustiva revisación, como condición sine qua non.


 "Sobre este tema, me gusta resaltar una propuesta del presidente Adolfo Lista (titular de la ABB) que se concretó. Después de estar 20 años cerrado se recuperó la actividad del consultorio de la ABB, en el que, entre otros, colaboran los doctores Ignacio Barga y Marcelo García", comentó Ferrandi, quien hizo tres cursos de medicina deportiva.

Su formación




 "Coco" Ferrandi asistió a 26 clínicas y charlas, entre las que se cuentan las de Dean Smith, Pat Riley, "Moncho" Monsalve, Dan Peterson, Antonio Díaz Miguel y Terry Leyton, por mencionar. Pero guarda especial agradecimiento por dos de sus instructores.


 "Joe' Vancisin, en 1963, adelantó 15 años al básquetbol bahiense por sobre el resto del país. Y no es una valoración subjetiva: los resultados que se obtuvieron a partir de las enseñanzas de este formidable maestro lo dicen todo".


 Todavía guarda, con orgullo y como un preciado tesoro, los apuntes de ese curso de 30 días.


 "Con Adolfo Palacio y Néstor Ortiz, que pasó los diagramas a tinta china, compilamos 90 hojas. Trabajábamos 9 horas por día".


 También el brasileño Ary Vidal lo impresionó mucho por su experiencia internacional y por su amenidad.


 De sus colegas más próximos, a quien recuerda con más cariño es a "Pancho" Bocanegra, "pero hubo muchos otros que me ayudaron, como Jaime Pérez", reconoce, al tiempo que juzga que "de nosotros, Luis Rocco era el más avanzado en sus estudios".


 Quien fue cuatro años y medio presidente del Centro de Entrenadores Bahienses, no olvida tampoco que en su época juvenil viajaba mucho a Buenos Aires.


 "A las 9 de la mañana ya estaba en Ferro Carril Oeste, para visitar a León Najnudel. Era, creo, por entonces el primero y único que miraba videos. Tenía una videoteca impresionante. Hacíamos un parate en el almuerzo y seguíamos. Era tanto o más enfermo que yo por el básquetbol".


 Pero no paraba ahí la cosa.


 "A la noche los dos concurríamos a cenar a Cheyene, de Tomás Bello, y charlábamos largo y tendido con 'Yoyo' Cavallero, Armando Grimberg y el más grande de los grandes: Casimiro González Trilla. De esas sobremesas que duraban hasta el amanecer, me guardaba las servilletas sobre las que se habían dibujado diagramas de jugadas. La verdad, esas veladas me enriquecieron enormemente", valora quien estuvo hasta 1995 como coordinador general de selecciones de la ABB.


 
Personal



 Rubén Héctor Ferrandi, nació en Bahía Blanca el 25 de junio de 1932.


 Está casado con Norma Betty Ciccioli, de cuyo matrimonio nacieron Marisa Beatriz y Silvina Marcela, quienes contrajeron enlace con Darío Lizarrague y Miguel Vila, respectivamente.


 Tiene tres nietos: Rocío Belén, María Victoria e Ignacio Silvano.


 Ocupación: Empresario.


 Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 7, Sargento Cabral.