HISTORIAS DE LA BASE

María Inés Uriarte: militar, ingeniera y docente

13/3/2005 | 09:00 | La Armada Argentina dispone, entre tantos componentes de su rico e histórico bagaje, de un elemento sin el cual sería hasta casi imposible hacer salir sus buques a la mar. El componente intelectual, ingrediente primordial que, como institución, le permite estar atenta a los avances tecnológicos del mundo contemporáneo, y eventualmente incorporarlos.


 La Armada Argentina dispone, entre tantos componentes de su rico e histórico bagaje, de un elemento sin el cual sería hasta casi imposible hacer salir sus buques a la mar. El componente intelectual, ingrediente primordial que, como institución, le permite estar atenta a los avances tecnológicos del mundo contemporáneo, y eventualmente incorporarlos.


 Fiel exponente del elemento es la capitán de fragata María Inés Uriarte quien, en su despacho del Servicio de Análisis Operativo, Armas y Guerra Electrónica (SIAG), gentilmente accedió a dialogar con "La Nueva Provincia" y contarnos su historia en la historia de la Armada. Una historia, se insiste, en la que se conjuga la profesión militar, la ingeniería y la docencia.


 Siempre estuvo ligada al ámbito naval. De hecho, una gran parte de su infancia transcurrió en el bucólico paisaje de la Base Baterías. Posteriormente trabajó en la desaparecida Escuela Técnica Básica y en el Departamento de Capacitación Técnica del Arsenal Naval Puerto Belgrano --que funcionaba en el actual edificio de la Escuela de Armas--, en este caso dictando clases de Matemática, Física y Química para la capacitación de los operarios.


 Ingresó a la institución en 1981 para realizar el Curso de Integración Naval en la Escuela Naval Militar de Río Santiago y egresó con el grado de teniente de fragata en diciembre de ese año.


 Nada le fue fácil a la novel ingeniera química, entonces recientemente egresada de la Universidad Nacional del Sur. Porque su hija tenía apenas ocho meses de vida; por su condición femenina --integraba la primera promoción con cinco mujeres entre 40 profesionales masculinos--; y porque en esa época casi no existían las carreras de grado académico en el área Informática o de Sistemas, que era lo que le interesaba.


 "Recuerdo que en la universidad comenzaba a gestarse lo que sería la carrera de Informática. Los doctores y licenciados en matemáticas hacían especializaciones de post-grado en el extranjero", recordó.


 "Elegí Informática porque, además de la novedad, la computadora es fundamental para la química. La Planta de Ingeniería Química contaba con una PDP 8 Digital, la única computadora de la UNS. Allí me interesé por el área de sistemas y la Armada me ofrecía un perfil adecuado a ese interés", agregó.

Un desafío interesante. Desde entonces, y ya como marino, participó de todas las etapas de la evolución tecnológica de la Armada. Excepto por un par de años en los que estuvo en el Comando de la Flota de Mar, su carrera transcurrió en el SIAG.




 En aquellos primeros años en que vistió el uniforme le tocó vivir en carne propia las implicancias sociales de una etapa de cambio, especialmente por su condición en un ámbito tradicionalmente masculino.


 El condimento especial fue el elemento disciplina típico de un sistema que, en rigor de verdad, no distaba mucho de otros ámbitos laborales en ese tiempo.


 "Particularmente no significó una traba, sino por el contrario, obró como un incentivo. Fue un desafío interesante ingresar en un mundo en el que me tenía que ganar un lugar, pero no me fue difícil conseguirlo a pesar el esfuerzo hecho. Siempre tuve ese lugar y creo haberme ganado el reconocimiento de pares, superiores y subalternos", aseveró.


 Destacó, no obstante, que para una mujer que elige la carrera de armas, es indispensable el apoyo familiar. Tanto a su esposo como a sus hijas les resulta casi natural que la capitán de fragata que viste gorra y espada, es la madre, la esposa y el ama de casa. "Es difícil repartirse y compatibilizar intereses", reconoció al respecto.


 Dentro de su ajetreado acontecer cotidiano se reservó, sin embargo, una espacio para una tarea que es mucho más que un hobby: la docencia. "Quienes nos formamos en universidades con apoyo estatal debemos devolver, de alguna manera y dentro de nuestras posibilidades, todo lo que se nos permitió desarrollarnos. Yo elegí hacerlo en el campo educativo", indicó.


 María Inés apuntaló con sus conocimientos y su disponibilidad a la primera institución terciaria rosaleña casi desde su misma creación, el hoy denominado Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 190. "Simplemente lo hago por gusto", destacó.


 Su función en el desarrollo de soluciones a cuestiones relacionadas con la gestión de sistemas le ha impuesto una cotidianeidad terrestre que, salvo por una navegación a bordo del rompehielos "Almirante Irízar" y de alguna prueba de sistemas en buques que la llevan hasta alguna boya alejada en nuestra ría, la mantiene entre paredes y computadoras.

La más antigua. María Inés Uriarte no siente que tiene cuentas sin saldar. Integra el lote de las primeras cinco "capitanas" de la Armada y es la más antigua en su jerarquía. Ha podido capacitarse en cursos de post-grado. Puede y debe actualizarse permanentemente. Tiene contacto constante con empresas de punta y asiste a la evolución tecnológica de la Armada.




 Todo ello amerita a que defienda a ultranza el valor del intelecto. "Podemos decir con orgullo que, a pesar de contar con menos recursos, en la Armada Argentina estamos en la misma ola tecnológica que el resto del mundo. Debemos destacar para siempre aquel dicho popular de "lo atamos con alambre". Sin capacitación, sin estudio, sería imposible navegar un buque", concluyó.





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