Más cuarentena, ¿más daño?

El chancho jabalí, como pez en el agua en el sur del sudoeste bonaerense

20/6/2020 | 06:30 |

Es una plaga que, a duras penas, se puede controlar. Pero hace más de tres meses que los cazadores no tienen acceso a los campos. Los corderos y los cultivos son los más expuestos.

Chanchos jabalíes y rayones, síntesis de una especie exótica invasora. / Diseño de imagen: Guillermo Kluin-La Nueva.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   “El problema no es el número de chanchos jabalíes que, seguramente, se incrementará, lo que preocupa es su avance. El animal está perdiendo el miedo porque casi nadie lo corre”.

   Para el médico veterinario Guillermo Lemus, quien hasta marzo último integró el departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional del Sur, a una de las plagas del sur de la provincia de Buenos Aires no le podía haber caído mejor la cuarentena.

   “En este marco es natural que empiecen a hacer desastres en lugares donde, habitualmente, no aparecían, ya que se limitan a montes cerrados o a la costa, donde la gente ni los vacunos se aventuran”, agregó.

   “Si uno tiene una rutina de movimientos para cazarlos, ellos también tienen sus tiempos y espacios bien lejos de las zonas de explotación agropecuaria. Pero ahora cuentan con amplios sectores para moverse por la falta de actividad extra a la habitual que se realiza en los campos”, amplió.

   Lemus, en diálogo con La Nueva., fue más claro aún: “Se puede decir que han perdido el miedo a andar”.

Med. Vet. Guillermo Lemus.

   También dijo que lo que sucede hoy con los chanchos jabalíes es lo mismo que pasa con los canguros en Australia y con los delfines en Venecia.

   “La diferencia es que el chancho te destruye el alambrado y te come todo lo esté sembrado, sea maizal o sorgo. Y también ataca a los ovinos, claro”, aseguró.

   Haciendo un poco de historia, Lemus sostuvo que, mucho años antes de la pandemia, la caza del chancho jabalí era muy significativa.

   “Pero con el paso del tiempo eso ha decaído y, por ende, crece el número de animales. Entiendo que se ha dado dentro de un cambio cultural. ¿Qué hay que hacer? Definir políticas de Estado para consensuar medidas que solucionen la problemática”, admitió.

   De acuerdo con un relevamiento realizado, en 2019, en diez establecimientos en la zona costera de Patagones sobre el manejo de ovinos en otoño/invierno, se determinó que las pérdidas de corderos (entre el nacimiento y el destete) ocasionadas por el chancho jabalí eran de alrededor del 25 %.

   “Sí, probablemente el animal esté haciendo más daño ahora”, dijo el médico veterinario Martín Abad, de la AER del INTA Patagones.

Martín Abad, de la AER del INTA Patagones.

   El manejo de control de estos animales, por decirlo de algún modo, se realiza de tres maneras: la caza con reflector a la noche; la caza con la asistencia de perros durante el día o con trampas en jaulas a través de un sistema de cebos.

   Por lo general, las trampas las tienen los productores y la cacería nocturna es compartida por el propietario del campo con aficionados que llegan con licencias desde localidades cercanas. Esto, justamente, es lo que no se está produciendo como consecuencia de una cuarentena que parece estar lejos de concluir en las semanas venideras.

   “Estas restricciones de traslado de la gente de los pueblos a los campos ha limitado las salidas a cazar”, dijo Abad.

   Si bien no pudo precisar sobre el número total de ejemplares, sí comentó que la cuarentena coincide con el alargamiento de las noches y un mayor movimiento por los ámbitos rurales.

   Abad expresó que los chanchos jabalíes, tal como el cerdo, tienen dos o tres pariciones al año: gestación de tres meses, tres semanas y tres días.

“Los especialistas dicen que poseen un instinto de supervivencia parecido al del ratón; es decir, cuando más se los persigue y caza, más pariciones generan”, aclaró Abad.

   “Las hembras se alzan muy pequeñas, con pocos kilos, y quedan preñadas. Todo es para la supervivencia de la especie”, añadió.

   Abad también comentó que otra de las condiciones naturales es que buscan alzarse y parir en los momentos en que existe más comida en sus hábitats.

   En nuestra zona, las hembras que se sirvieron a fines de la primavera e inicio del verano parieron en enero o en febrero. Por estos días, hay muchos chanchos jabalíes de entre 10 y 12 kilos.

   Generalmente se mueven en cuadrillas, con uno y dos machos y unas 3 o 4 hembras. El resto son rayones (líneas coloradas y blancas) de distinto tamaño.

   “Si bien tienen un comportamiento raro y durante el día no se ven, excepto a la madrugada o a la tardecita, sus hábitos son nocturnos. Así, pueden andar deambulando entre 12 y 15 horas, con todo lo que eso representa si no hay movimiento (de humanos alrededor)”, aseguró.

   “Si no los corren de los campos donde hay ovinos terminan instalándose y no se los puede mover más”, dijo Abad, en una charla con este medio.

   Respecto del daño que provocan, sostuvo se trata de un animal de dieta omnívora. “Son como nosotros, pero con más desarrollo digestivo por lo vegetal. Comen bulbos de plantas de raíces, pero si llegan a un cultivo de avena, cebada o trigo no dejan nada”, comentó.

   “Y también comen carne. Este momento, en que hay pariciones de corderos, es el peor de todos. ¿Vacunos? Pueden llegar a un ternero recién nacido, pero es muy improbable”, explicó.

   Para Hipólito Carmody, presidente de la Asociación Rural de Patagones, es problema no es tan grave si se lo analiza desde la perspectiva de la pandemia.

Hipólito Carmody, titular de la Asociación Rural de Patagones.

   “No podemos precisar que haya un incremento notorio; al menos por ahora. No tenemos parámetros para medirlo“, aseguró.

   Admitió, de todos modos, que en el distrito el crecimiento en el número de ejemplares ha sido exponencial, más allá de un corrimiento como consecuencia de los incendios del verano 2016/2017, que también afectó al puma y a otras especies. 

   “La caza ayuda, y mucho, para ahuyentar esta plaga, pero no para controlarla”, afirmó el productor.

   Carmody dijo que se requieren decisiones de consenso entre todos los actores involucrados sobre el futuro del chancho jabalí.

   “Pero no porque hacen daño en los cultivos o a la producción de ovinos, sino por una cuestión puntualmente sanitaria”, aclaró, en obvia alusión a la triquinosis y a otras enfermedades relacionadas con estos animales.

Una historia ligada al ovino

   El jabalí, originario de Asia y algunas zonas del norte de África, fue introducido a nuestro país por el empresario y estanciero marplatense Pedro Olegario Luro Pradère (1861-1927).

   Sucedió en 1909, para armar un coto de caza en el establecimiento San Huberto, en la provincia de La Pampa.

   “Se importaron 17 animales. Fueron liberados en un predio cercado de 800 hectáreas, pero se escaparon y se expandieron por los bosques de caldén del centro del país”, recordó Abad.

   “El movimiento de las poblaciones en busca de alimentos y los incendios de pastizales y monte han llevado a que estas poblaciones avancen de manera descontrolada hacia otras zonas”, añadió.

Pedro Olegario Luro Pradère.

   Abad sostuvo que el distrito de Patagones tiene una rica historia en producción ovina.

   Desde la creación del Fuerte del Carmen, en 1779, el territorio fue un centro estratégico donde confluían la producción ovina de la norpatagonia, para ser trasladada en barco hacia Bahía Blanca y Buenos Aires.

   “Durante esos años se registró el mayor stock de ovinos en el partido. Eran 1.085.502 cabezas distribuidas homogéneamente en todo el territorio. Ese sólido sistema productivo y comercial se mantuvo pujante hasta fines de los sesenta”, explicó.

   A partir de ese momento, la cantidad de productores y el número de ovinos y comercialización sufrió un paulatino deterioro hasta el año 2009, cuando se registró el menor stock de los últimos 140 años: 89.700 cabezas. Fue tras una terrible sequía (NdR: Stroeder, 147 milímetros de agua en el año), que azotó a una amplia región del sur del sudoeste bonaerense.

   Para Abad, la disminución del ovino se debió a varios factores. Hubo recurrentes crisis laneras; corrimiento de la barrera agrícola hacia zonas marginales; mejores precios de la carne vacuna y un detalle no menor: los daños producidos por la acción de predadores, tales como el zorro y el puma.

Rayones en movimiento.

   “En aquellos años, cerca del 70 % de la superficie de Patagones estaba ocupada por monte, donde estos predadores encontraban un lugar de refugio seguro”, sostuvo.

   A partir de 2010, con el apoyo del Estado y el esfuerzo de muchos productores, el distrito fue incrementando nuevamente los rodeos de manera exponencial.

   “En 2018 se llegó a un stock cercano a las 300.000 cabezas, que estaban en manos de unos 710 productores”, recordó.

   “En este repoblamiento se observó que la distribución geográfica en el partido no era tan homogénea como lo había sido a principios de siglo. A consecuencia de eso, la mayor concentración de productores y animales se encuentra hacia la zona sureste, coincidiendo con áreas cercanas al mar desprovistas de monte”, aclaró Abad.

   “En esta nueva etapa, se observó una disminución de las pérdidas ocasionadas por el zorro y el puma, debido a la implementación de medidas de manejo, tales como encierres nocturnos, pariciones en áreas reducidas, servicios estacionados de corta duración, suplementación estratégica, uso de perros pastores y caza de control, entre otras”, aseguró.

   “Sin embargo, en los últimos años, los productores comenzaron a señalar al jabalí como una nueva amenaza capaz de ocasionar grandes pérdidas en los sistemas de producción ovina”, admitió Abad.

Unos 600.000 en 7/8 M/H

—Según la Mesa Provincial del Jabalí de Córdoba, se estima que en el país existen unos 600.000 ejemplares. Están distribuidos en una superficie de entre 7 y 8 millones de hectáreas.

—Como referencia: el distrito de Patagones, por ejemplo, está en 1,36 millones de hectáreas y, de acuerdo con cálculos extraoficiales, se presume una población de entre 30.000 y 50.000 animales. En la zona costera de Patagones los chanchos jabalíes se trasladan a los médanos y se acantonan en lugares de poco tránsito, como en fachinales o en el propio monte. De allí lo difícil para determinar una cifra total.

—Afectan las pasturas cuando revuelven la tierra con el hocico para comer. Los cultivos y las plantas lo sufren.

—En ocasiones, con sus colmillos destruyen los silobolsas para comer los granos almacenados y ensucian los abrevaderos de los animales domésticos.

—La cuestión sanitaria es trascendente. Los chanchos jabalíes actúan como reservorios de varias zoonosis, tales como la aftosa, la brucelosis, la triquinosis y la peste porcina, entre otras pestes.

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