Un monopatín, una recompensa y una buena acción que terminó viralizándose

19/9/2020 | 06:30 |

La mamá de Agustín, de 9 años, sigue asombrada por la repercusión del accionar de su hijo. "Devolvió algo que no era suyo, solo hizo lo correcto".

Ludmila y Agustín, en la casa que alquilan en Villa Rosario. Fotos Emmanuel Briane - LaNueva.

Laura Gregorietti

lgregorietti@lanueva.com

 

   Hace tiempo que Agustín, de 10 años, desea con ansias tener dos cosas: un monopatín, de esos que tienen tres ruedas, y una bici para jugar con su hermanita Ludmila, de 9.

   Y hace tiempo también que Yessica, su mamá, le viene diciendo que esos juguetes son muy caros y que no se los puede comprar.

   Pero, entre tanta mala noticia, la "consecuencia" de una acción honesta y solidaria les jugó una buena pasada.

   "Días atrás fuimos a repartir productos de Avon y Violetta que vendo como para generar alguna otra entradita y en la esquina de Avenente y Saavedra, Agustín vio un monopatín. Pensamos que lo habían desechado por viejo o que quizás estaría roto pero lo llevamos a casa igual porque el nene estaba feliz", contó Yessica, de 35 años, su mamá.

   Agustín y Ludmila jugaron varios días con el monopatín, hasta que alguien les dijo que una mamá lo estaba buscando.

   "Si bien ellos no son de tener juguetes, porque no se los puedo comprar, nunca dudamos en devolverlo. Entre el alquiler, la comida, las cosas de higiene, no me da el bolsillo para tanto, pero siempre les enseño a mis nenes que cuando se encuentran algo tienen que devolverlo sin esperar nada a cambio, porque la recompensa te la da Dios. Ellos se ponen felices con poco, pero de ninguna manera hay que quedarse con lo que no es de uno", reflexionó.

   Pero la "recompensa terrenal", igual llegó. Natalia, la mamá del nene que había perdido el monopatín, se apareció en la casa con juguetes, una bolsa con mercadería y 500$ pesos para Agustín.

   "Esta mamá vino varias veces más a traer mercadería que juntó con sus amigas y mis hijos, al no estar acostumbrados a tener juguetes o comer cosas ricas a diario, se ponen muy felices con lo que alguien les regala. Además, Natalia le dio plata y Agustín se compró una tortita con dos botellas de yogur para compartir con su hermana. Y si ellos son felices, yo soy feliz, porque no comen torta muy seguido. Sigo agradecida y a la vez sorprendida por tanta repercusión con esto que hizo Agustín de devolver el juguete", agregó Yessica.

Lo bueno siempre vuelve

   Vivir no siempre fue una tarea sencilla para Yessica. Luego de una infancia plagada de abusos, cuando cursaba el sexto mes de embarazo de Ludmila recibió otra pésima noticia: el análisis de VIH le había dado positivo.

   Pero con todos los cuidados del caso, Yessica siguió adelante.

   "Tengo una pensión no contributiva con la que pago el alquiler y lo que comen los chicos, que no es mucho pero ayuda. Mi vida nunca fue sencilla, sufrí mucho de chica y la sociedad a veces te condena sin saber realmente las cosas que tuviste que aguantar. Siempre digo que la vida no es como uno desea o sueña, a veces la vida te castiga sin que uno tenga la culpa y yo les digo a todos que no me juzguen, que hago lo que puedo", confesó.

   En la casa de Yessica, por ahora ubicada en Villa Rosario, no se celebran los cumpleaños ni el Día del Niño. No pasa Papá Noel a dejar regalos en Navidad ni tampoco los Reyes Magos en enero.

   "Mis nenes más chiquitos saben en qué mes cumplen años pero evito decirles el día -Agustín el 13 de diciembre, Ludmila, el 22 de junio- para que no me pidan regalos, ya que con todo el dolor de mi alma, no se los puedo comprar. Y todos los días doy gracias a Dios que no se enferman, porque el tema remedios sería un gasto más para afrontar. Cuando puedo les compro alguna cosita, algo rico para que consuman en el momento, porque además no tengo heladera y no puedo guardar por muchos días la comida".

   Yessica no está acostumbrada a pedir nada. Pero está abierta y más que agradecida al que quiera donarle algo para mejorar la calidad de vida de sus hijos Ezequiel de 16 (quedó varado en Río negro con la cuarentena, en casa de su abuela), Agustín de 10 y Ludmila, de 9.

   Para quienes tengan ropa, Agustín usa talle 16, calza 38, le gustan las bicis, las cartas (unas de un juego que se llama "Uno") y el bingo, con los que además practica para hacer cuentas.

   Ludmila actualmente es un talle 10, calza 32, le gustan las muñecas y Ezequiel, de 16, necesita ropa talle 3 adulto y calza 41/42.

   Además, estarían necesitando sillas, algún televisor, un colchón y una heladera, ya que la que tienen no anda y la usan de armario. También al que le sobre un celular para que los niños puedan hacer y mandar la tarea, será bienvenido porque el que tiene la madre es prestado.

   "He conocido gente buena, y de la otra. Muchos nos ayudan, otros solo nos critican. Mi vida no es fácil, pero aprendí a vivir con eso. Yo no necesito ni pido nada para mí, lo que nos dan lo agradezco porque ellos se ponen felices con poco. Ver sus caras de satisfacción es mi mayor alegría", recordó.

   Para los que deseen colaborar, el tel éfono de Yessica es 291-5086973.

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