Viven en Fort Myers, en el Estado de Florida

“Priorizaron los negocios y el cuidado propio”, dijo un bailarín bahiense que tuvo COVID-19 en EE.UU.

10/8/2020 | 06:30 |

Desde hace más de tres años, Martín Cardoso y su pareja Noelia Guerrero son dueños de un estudio de baile en el segundo Estado con más casos de ese país. Ambos se contagiaron, pero se dieron cuenta recién dos meses después. “Gracias a Dios no lo sufrimos”, contó el exintegrante del Ballet Folklórico Nacional.

MyN, un sueño hecho realidad

Por Claudio Daniel Rodríguez / crodriguez@lanueva.com


   En julio pasado en el Estado de Florida se reportaron más de más de 15 mil casos de coronavirus en un solo día y hoy es el segundo distrito con más casos de Estados Unidos con más de 500 mil, el doble que en toda la Argentina.

   Entre ese medio millón de casos, uno se dio en la ciudad de Fort Myers y se trató de un bahiense radicado desde hace más de tres años allí y que junto con su pareja dieron positivo de COVID-19, aunque se dieron cuenta recién dos meses después.

   Martín Cardoso, de 37 años, es un reconocido bailarín que hace 15 años fue noticia al ingresar al Ballet Folklórico Nacional y hoy, junto a la marplatense Noelia Guerrero, son dueños de MyN Dance Estudio, que se encuentra ubicado en la mencionada ciudad del condado de Lee y que se especializa en enseñar bailes sociales a personas de diferentes edades.

   En diálogo con La Nueva., Martín contó cómo vivieron el contagio y de qué manera se desarrolla la cuarentena “responsable” en Fort Myers.

   “Luego de ver que la cosa venía dura, el 12 de marzo decimos cerrar el Estudio, ya que teníamos clientes de riesgo. Fuimos uno de los primeros en cerrar, porque en la zona estaba todo abierto. Al día siguiente nos llamó un estudiante diciendo que estaba en el hospital realizándose estudios de coronavirus y que había estado con nosotros el día anterior. Ya al otro día, con mi señora nos empezamos a sentir más o menos, pero sin grandes síntomas”, abrió el bahiense.

   Y continuó el relato: “Llamamos a nuestro médico, aunque pensó que era Influenza, nos medicó, a las dos semanas comenzamos a sentirnos bien y se nos pasó. Dos meses después, cuando nos hicimos un estudio de anticuerpos descubrimos que habíamos tenido coronavirus, pero gracias a Dios no lo sufrimos. Nunca tuvimos fiebre, mi señora tuvo más dolor de cuerpo que yo y lo que sí perdimos fue el olfato y el gusto”.

   Las diversas situaciones de la vida que debió afrontar desde que partió de su “Bahía Blanca querida”, a Martín le dieron fuerzas para seguir adelante pese a contagiarse y tener que cerrar su negocio durante un buen tiempo.

   “El miedo más grande lo tuve cuando nos debíamos ir de Estados Unidos y teníamos que volver de cero en la Argentina, porque acá cuando uno trabaja fuerte progresa y eso es algo que se diferencia de nuestro país”, sostuvo.

   Si bien la situación sanitaria se modificó en los últimos días, Florida siempre estuvo en la mira como una de las ciudades más infectadas.

   “Mucha gente conocida se contagió, aunque la mayoría sin riesgo. Falleció una persona de 85 años, que contrajo neumonía en el hospital, aunque era alguien que no estaba viniendo a los eventos nuestros”, contó.

   “A fines de marzo, el gobierno dio la directiva de que se queden todos en casa, aunque si bien algunos mantuvieron sus negocios abiertos, todo fue muy flexible. Las tareas esenciales eran muy amplias acá. Podías caminar, correr, andar en bicicleta, en barco, pescar… Estaba todo igual. Solo no podías hacer fiestas, aunque por eso también hubo muchos contagiados”, expresó.

   Martín comentó que de “casi cerca de 70 mil habitantes, 15 mil se contagiaron y en todo la Florida son más de 500 mil, pero acá priorizaron los negocios y que cada uno se cuide. Quizás en el último tiempo se pusieron más estrictos con las máscaras, pero no vino desde el gobierno de Florida, fueron los propios negocios los que lo solicitaron. En mayo ya empezaron a abrir todos, incluso nosotros”.

   “Hoy trabajamos solo dos instructores a la vez, con todos los protocolos. En estos momentos estamos al 50/60% de la capacidad que teníamos antes de la pandemia”, comentó.

  El bahiense también se refirió a las diferentes posturas tomadas para enfrentar la problemática.

   “Acá hay mucha disputa política y son tan fanáticos como nosotros, sobre el ´de qué lado estás´. Hay gente que no se preocupa del virus y sigue a Trump y después están los opuestos. En lo personal, creo que todo está más agrandado de lo que es, el virus existe, pero hay que enfocarse en qué tan fuerte estamos en lo saludable y en cómo cuidarse”, opinó.

   Y agregó: “Muchos restaurantes y cadenas grandes cerraron, aunque nosotros tuvimos la suerte de hacer un buen trabajo, a fin del año pasado y a principio de este año, que nos permitió seguir pagando a empleados, pese a que no era obligatorio. Igualmente, a lo último ya no nos quedaba resto y aguantamos entre todos con un préstamo del gobierno para pagar ocho semanas del salario y dos meses de alquiler. Con eso zafamos dos meses más, ya que si lo justificas no lo devolvés. Ese impulso nos sirvió para no cerrar, pese a que hubo otros estudios que no pudieron seguir”.

“Un Ángel caído de Fort Myers”

   En los últimos años, la historia de Martín con el baile dio un giro de 180 grados, aunque nunca se olvidó de sus raíces.

   Martín comenzó a bailar folklore a los 8 años en la agrupación bahiense Hermana Tierra.  A los 23 años se fue a Buenos Aires tras ingresar en el Ballet Folklórico Nacional --donde permaneció durante 6 años-- y al mismo tiempo comenzó a hacer Ballroom Dance (baile de salón) y Tango. Luego, agarró la mochila y empezó a trabajar en cruceros, realizando shows por todo el mundo.

   Fue allí cuando junto a su mujer, fueron contratados para trabajar en un estudio de Fort Myers, a dos horas de Miami, que se especializaba en bailes de salón y tango.

  “En septiembre de 2012 nos habían llamado para ir a Carolina del Norte, por lo que me comuniqué con el dueño de Dance Sergio, que nos había visto en una competencia internacional que se organizó en el Hotel Sheraton de Buenos Aires, para preguntarle cómo era y nos dijo que él también quería contratarnos”, recordó.

   “Estuvimos 3 años y medio, aunque por problemas de papeles nos tuvimos que volver y la única manera de regresar era comprando el estudio. Lo hicimos y hoy contamos con 120 alumnos y cinco empleados. Damos Ballroom dance y Tango Argentino y próximamente voy a sumar Folklore Argentino”, contó.

   Martín y Noelia tenían la vida armada en Fort Myers, pero la visa se les venció y debieron dejar todo. Sin embargo, un ángel golpeó a su puerta.

   “Pasó un año hasta que volvimos, porque necesitábamos una visa de inversionista. Una pareja, al que llamamos ‘nuestros ángeles’, nos ayudó y y pudimos hacerlo. Fue arriesgado, porque primero compramos el Estudio y luego nos dieron la visa”, explicó.

   Una particular historia que marcó el cariño ganado por la pareja argentina en su estadía norteamericana.

   “Él es presidente de una Universidad importante de Estados Unidos, una persona muy inteligente e instruida que viaja muchísimo por el mundo, y lamentablemente en uno de esos viajes por África contrajo un virus que le ´come´ los pulmones. Con experimentos que hacen con él, la sigue peleando, pero en una de esas visitas al médico, salió muy mal y pasó por el Estudio junto a su mujer para hacer algo que le hiciera bien. Quedó feliz de cómo lo cuidó y lo trató mi mujer, luego trajo a la nieta, se engancharon y empezaron a venir casi todos los días. Nos hicimos muy cercanos y todo el tiempo estamos ayudándonos. Son geniales y nos dieron una mano de oro”, comentó.

   Una vez propietarios, comenzaron los cambios.

   “Quien era nuestro jefe pasó a trabajar para nosotros y Sergio Dance pasó a llamarse MyN Dance Estudio. Comenzamos una aventura que era muy diferente a cómo es en Argentina. Es una inversión”, dijo.

   El bailarín explicó que “dentro del Ballroom Dance hay mucho bailes deportivos y sociales como el waltz, fox-trot, american tango, viennese waltz, chachá, rumba, swing, bolero y mambo y dentro de los sociales tenés salsa, bachata y merengue, entre otros”.

   “Nos especializamos en enseñar bailes sociales. Queremos demostrarles que pueden convertirse en buenos bailarines, por más que no sean profesionales. El promedio de nuestros alumnos va entre los 50 y 60 años”, detalló.

   “En el camino ellos van sumando experiencias, realizan muestras de fin de año, coreografías, hay show entre alumnos y competencias de niveles. También enseñamos a parejas de casamientos, quinceañeras y chicos. Es un público amplio y lo más lindo es que la gente viene a divertirse. Incluso tenemos un alumno de 93 años”, añadió.

   Martín sostuvo que “con mi señora nos motivamos muy bien, yo soy muy emprendedor y de ir al palo y ella es súper organizada. Somos un equipo enorme. El Estudio cambió un 100% en calidad y cantidad de alumnos. Es muchísimo esfuerzo, porque laburamos 12 horas por días con los 120 alumnos que toman clases privadas”.

   “El sistema que manejamos es de hacer clases privadas, armamos un plan similar a lo que es un año escolar tradicional. Primero hacemos que empiece a saber lo que hace y le interese luego subir el nivel. Mucho de los alumnos viven en el Norte y se vienen para la Florida en invierno. Son 70/80 alumnos regulares, más tres o cuatro clases grupales con una fiesta, para que ellos practiquen su baile”, comentó.

   Hoy, MyN Dance Estudio cuenta con otros tres instructores (dos americanos y un ruso/argentino), una secretaria cubana y una mujer argentina que trabaja con el marketing.

   “Queremos crecer. Nuestro objetivo es ser uno de los mejores de la zona y estamos muy bien con respecto a eso. Lo más importante es el staff, hoy trabajamos el doble porque estamos abocados a enseñarles a ellos. Luego vendrá la oportunidad de abrir otros locales”, dijo.

   No obstante, señaló que “hay varios proyectos paralelos por concretar, sin depender siempre del baile, porque si bien es hermoso, utilizas el cuerpo todo el tiempo y uno nunca sabe. Queremos generar algo que nos dé la posibilidad de no movernos tantos”.

   Si bien en Estados Unidos tienen su vida armada, Martín y Noelia tienen el sueño de volver a la Argentina dentro de unos 10 años.

   “Seguramente sea a Mar del Plata, la ciudad de mi esposa, pero dejando actividades acá que nos permitan seguir generando ingresos en dólares”, sostuvo.

   “En mi caso, fui a Bahía en marzo del año pasado y ahora deseamos ir en octubre, porque tenemos una noticia hermosa que darles a nuestras familias: se agranda la familia y queremos que todos disfruten del embarazo de Noelia. Extraño a mi familia y las juntadas con amigos”, añadió.

Sus inicios

   Sus padres comenzaron a bailar luego de acompañarlo a él a sus clases, aunque el amor por el folklore ya lo llevaba en la sangre.

   “Empecé a bailar en la agrupación de la escuela San Francisco de Asís, que fue creada por mis tíos. Por entonces jugaba al fútbol en San Francisco, pero tanto me insistieron que una vez fui, me gustó y no salí más. Lo vivido allí fue una gran experiencia”, recordó.

   Y recordó que uno de sus mayores logros profesionales se dio en 2005, cuando la tercera fue la vencida.

   “A los 21 años, un amigo fue a Bahía, me vio bailar y me dijo que me fuera a presentar al Ballet Folklórico Nacional. Me probé tres veces y en la última quedé. Eso me cambió la cabeza para siempre”, cerró.

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