Septiembre, el mes para discutir cómo se mueve Bahía Blanca
Escuelas, clubes y organizaciones ya participan de acciones para promover una movilidad más segura y sustentable.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
Septiembre será en Bahía Blanca un mes para hablar de movilidad, pero también para medirla. Escuelas, universidades, clubes deportivos, organizaciones y vecinos participarán de distintas actividades destinadas a promover formas de desplazamiento que reduzcan el impacto ambiental y, al mismo tiempo, mejoren la seguridad y la calidad de vida urbana.
La propuesta parte de una idea sencilla: cambiar la manera en que una ciudad se mueve requiere primero conocer cómo se mueve. Y en Bahía Blanca ya existen datos que permiten observar algunas tendencias, aunque todavía falta información para transformar ese diagnóstico en decisiones concretas.
Las Escuelas Secundarias Nº 2, 3, 6, 24 y 34 se sumaron a una iniciativa que combina movilidad sustentable y reciclaje. Durante septiembre, sus estudiantes tendrán el desafío de caminar, utilizar la bicicleta, compartir viajes y registrar sus acciones, junto con actividades vinculadas con la recuperación de materiales reciclables.
El deporte también tendrá participación. Con el acompañamiento de la Asociación Bahiense de Básquetbol, clubes de la ciudad serán convocados a medir y reducir el CO2 asociado a los viajes cotidianos hacia entrenamientos, partidos y otras actividades. La intención es que esos desplazamientos también formen parte del mapa de movilidad de Bahía Blanca.
Una ciudad que todavía depende del auto
Los datos disponibles muestran uno de los principales desafíos. Investigaciones realizadas por la UNS y el CONICET señalan que el automóvil representa aproximadamente dos tercios de los vehículos relevados en las áreas estudiadas. En calle Brown, por ejemplo, los estudios registraron entre 1.200 y 1.500 vehículos por hora alrededor de las 8 durante el período 2024-2025.
Pero los mismos relevamientos aportan una señal en sentido contrario: la bicicleta ya forma parte de la movilidad cotidiana y existe una demanda que no siempre coincide con la infraestructura disponible.
Un análisis basado en información de MOV3S, Strava y OpenStreetMap trabajó con 3.188 viajes en bicicleta, 930 calles mapeadas y 26 segmentos de ciclovías. El estudio detectó corredores con tránsito ciclista significativo sin infraestructura específica, desplazamientos predominantemente urbanos y cortos, una fuerte atracción del área central y recorridos que no coinciden con la actual red de ciclovías.
A esto se suma otro dato surgido de los estudios de UNS y CONICET: en los relevamientos de 2023, la bicicleta representó alrededor del 4% de los vehículos observados en calles sin ciclovía y el 8% en calles con ciclovía. El propio análisis advierte que el dato no demuestra causalidad, pero sí aporta evidencia local consistente con una relación entre infraestructura ciclista y una mayor presencia de bicicletas.
Qué dejó la segunda reunión
En ese contexto se desarrolló la segunda reunión de la Mesa de Movilidad Sustentable Urbana de Bahía Blanca, un espacio integrado por representantes de universidades, organizaciones, instituciones, profesionales y ciudadanía.
El encuentro tuvo como objetivo avanzar en un diagnóstico participativo y determinar qué información falta para elaborar propuestas de política pública sustentadas en evidencia.
El trabajo se organizó en cuatro grandes dimensiones: movilidad peatonal, bicicleta, transporte público y tránsito y seguridad vial.
Las conclusiones identificaron problemas concretos. Para la bicicleta aparecen como principales obstáculos la falta de continuidad de la red, cruces inseguros, escasez de estacionamientos y servicios, e iluminación. Para quienes caminan, se señalaron veredas deterioradas, problemas de accesibilidad, cruces, iluminación y velocidad vehicular.
En el transporte público, la discusión se concentró en las frecuencias, tiempos de espera, cobertura, cantidad de unidades, combinaciones e información disponible para los usuarios. La Mesa planteó la necesidad de contar con datos sobre frecuencias reales, unidades operativas, demanda por línea, recorridos, cobertura y tiempos de viaje.
La seguridad vial constituye el cuarto eje, con la necesidad de contar con información georreferenciada sobre siniestros, velocidades, aforos, semáforos y puntos de conflicto.
Del diagnóstico a las decisiones
Uno de los principales resultados de la reunión fue, precisamente, definir qué datos deberían solicitarse a los distintos organismos. A la Municipalidad se le planteó la necesidad de disponer de información actualizada sobre ciclovías y bicisendas, su estado, bicicleteros, tránsito, velocidades, semáforos, cruces peatonales, veredas y recorridos y funcionamiento del transporte público.
También se consideró necesario sumar información de las empresas de colectivos, organismos de seguridad vial, instituciones educativas, clubes, comercios y cámaras empresariales.
El objetivo es que las percepciones puedan ser reemplazadas por mediciones y que cada intervención pueda evaluarse antes y después de ser ejecutada.
La Mesa marcó, además, una deuda institucional. En la segunda reunión tuvo baja participación de los distintos bloques del Concejo Deliberante y se planteó como prioritaria la incorporación del Departamento Ejecutivo Municipal, especialmente de las áreas vinculadas con Movilidad y Transporte Urbano, Seguridad Vial y Guardia Urbana.
El próximo taller, previsto durante la Semana de la Movilidad Sustentable, buscará transformar el diagnóstico y los datos reunidos en prioridades y líneas de acción concretas.
La pregunta que orientará esa instancia es tan sencilla como ambiciosa: ¿qué tres corredores de Bahía Blanca permitirían conectar a la mayor cantidad de personas con escuelas, universidades, lugares de trabajo, centros de salud, comercios, clubes y transporte público mediante desplazamientos seguros, accesibles y sustentables?
Septiembre ofrecerá, así, una oportunidad que va más allá de una campaña de concientización. Las escuelas ya comenzaron, los jóvenes participan y los clubes se incorporan. El desafío será que toda esa información y esas experiencias puedan convertirse en decisiones públicas capaces de modificar la forma en que Bahía Blanca se mueve.
Porque hablar de movilidad sustentable no implica solamente elegir entre auto, bicicleta o colectivo. También supone discutir cómo se diseña la ciudad, qué distancias deben recorrer sus habitantes, qué infraestructura tienen a disposición y cuán seguros son esos recorridos.
Y, sobre todo, qué decisiones se toman para que caminar, pedalear o utilizar el transporte público dejen de ser alternativas difíciles y puedan convertirse en opciones reales para cada vez más vecinos.