"Soy feliz, no cambio el campo por nada", dijo "Cacho" Sánchez
Disfruta de las experiencias que vive todos los días y está en plena organización para recibir a los visitantes.
Por Natalia Miguel
Primero como inversión, después por gusto para compartir con la familia y los amigos y más tarde por una cuestión de salud. Así llegó Reinaldo Bautista “Cacho” Sánchez a la zona rural de Calderón, lugar que disfruta, donde es feliz y, al menos por ahora, no cambia por nada.
Se trata de una de las localidades del distrito de Coronel Rosales, donde hay propiedades cuyas familias están ligadas principalmente a los trabajos de campo, funciona la Escuela Nº 6 y se ubica una abandonada estación ferroviaria, por donde aún pasa el tren de carga que viaja hacia Bahía Blanca.
A la estancia de “Cacho” se puede ingresar por la ruta 3, a metros del puente naranja, derivación hacia la izquierda, en sentido Punta Alta-Bajo Hondo, por un camino de tierra (unos 12 kilómetros), y por la ruta 3 vieja, zona del aeropuerto, unos 2 kilómetros de camino rural.
“Estamos en medio de Punta Alta y Bahía Blanca. Es muy sencillo llegar”, dijo.
El camino de tierra, con curvas y algunas lomas, se encuentra en buen estado, salvo en dos tramos puntuales donde se ve afectado los días de lluvia, aunque para facilitar el tránsito, también se cuenta con derivaciones.
Desde la ruta 3 en jurisdicción de Coronel Rosales, recorrer el camino rural ya es un alivio para la vista y el aire que se respira. El paisaje verde y el olor a campo en esta época se disfrutan desde los primeros metros del trazado.
Así lo entienden también quienes llegan en bici, moto o a caballo. Porque, según el propietario del lugar, son muchos los grupos que se largan al turismo aventura y aprovechan las buenas jornadas para ejercitar y vivenciar las bondades de la zona rural.
Se arriba de esa manera a “Namuncurá”, que se abrió precisamente para ofrecerle un lugar a los amantes del deporte en dos ruedas. Con toda su amabilidad y calidez, “Cacho” también recibió a La Nueva., mostró sus instalaciones y contó su historia, además de adelantar los proyectos que tiene hacia el mes de noviembre.
Historia y proyectos
Reinaldo Sánchez nació y vivió casi toda su vida en Punta Alta. Después, se fue a Bahía por razones de trabajo y estudio de sus hijos y, a partir de la pandemia, se asentó en el campo. Allí surgió “Namuncurá”.
“Esta estancia nació por los bicicleteros, muchas mujeres que me pedían permiso para ingresar al baño. Hice estas instalaciones para ellas y así se fue generando este lugar. En la entrada, antes había un cartel que decía: 'Un alto en el camino, lugar de encuentro y amistad'. Y aquí confluyen todos, gente de la zona rural, de las ciudades”.
“Primero se hizo un salón para la familia y después se empezaron a juntar 20, 30, 40 personas. Como algo me defiendo en la construcción, decidí hacer el salón que tiene capacidad para 100 personas”, comentó.
No obstante, hizo una pausa y aclaró: “Esto es todo de a dos, a mi señora le gusta. Si a ella no le gustara, no podría estar acá. Como se dice 'donde va la india, va el indio'”, dijo entre risas.
“Nos acostumbramos a vivir acá. Hay tranquilidad, paz. Te tiene que gustar el campo. No todo lo que brilla es oro. Hay problemáticas, en el invierno, con la calefacción, los caminos rurales y otras cosas. Pero nosotros ya somos grandes y acá no molestamos a nadie”, continuó.
“Este es mi cable a tierra porque se me presentó una enfermedad y nadie está preparado para que le digan 'tenés cáncer'. Entonces, cómo lo afronto, me pregunté. Y decidí buscar un estilo de vida para olvidar lo que tengo y acá lo estoy logrando totalmente. Hace 14 años que estoy 'con el bichito encima' pero lo voy pasando”.
“Es espectacular estar con los animales, levantarse y observar todo el paisaje verde”, agregó.
Señaló que en su carrera militar -es además veterano de la Guerra de Malvinas, a bordo del portaaviones '25 de Mayo'- “me tocó una comisión al extranjero y con el dinero que recibí, compré una tierra como inversión. Cuando estaba en actividad veníamos los sábados, era un ranchito, nos juntábamos con los amigos, y después, por mi enfermedad, me establecí en este lugar. Al principio fue duro, pero luego me acostumbré y ahora no me sacan de acá, soy feliz”.
Además, siguió su relato, “siempre estoy con proyectos”.
“Cuando se registró el fuerte temporal, se voló el techo de la escuela y los chicos, durante seis meses, estuvieron concurriendo a este salón. Así no perdieron las clases. Suspendimos las fiestas -se contrata el servicio y el espacio en forma particular- y nos dedicamos a la escuela”.
“En ese entonces, armé una actividad esperando el 9 de julio, con un locro. Calculaba que iban a venir unas 50 personas para ayudar a la escuela y lo superamos ampliamente: llegaron 260. Gente por todos lados, los bicicleteros, los motoqueros”.
Otro evento grande fue con las peñas, señaló, al tiempo que expuso que “nos vamos haciendo de amistades en forma constante. Acá la gente se olvida de su escritorio, de todo lo que tiene que hacer y surge lo mejor de cada uno”.
Ahora, dijo, la Municipalidad, mediante el área de Turismo, está programando una cabalgata, con finalización en esta localidad.
“A partir del 1 de noviembre, estaríamos largando con el evento del Municipio y luego pienso hacer, todos los sábados, asado a la criolla, comidas típicas de campo, y cosas dulces, como pastafrola, alfajores, pastelitos, siempre bien casero”.