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Cuando deber se vuelve normal: el peligro de habituarse a vivir con deuda

El 98% de los hogares bahienses tiene algún tipo de deuda. El dato advierte sobre algo todavía más profundo: el endeudamiento dejó de ser una herramienta ocasional para convertirse en parte de la administración cotidiana de los hogares.

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.
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Audionota: Danilo Belloni

Hay un momento en que la deuda deja de ser una excepción. Ya no aparece solamente cuando se compra un electrodoméstico, se arregla el auto o se afronta un gasto extraordinario. Puede convertirse, simplemente, en la forma de llegar a fin de mes.

Ese es uno de los principales elementos que surge del nuevo informe sobre trabajo, ingresos y deudas de los hogares de Bahía Blanca, elaborado por investigadores del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS), dependiente de la Universidad Nacional del Sur y el CONICET, junto con profesionales del Departamento de Economía de la UNS.

El relevamiento, realizado en junio sobre 640 personas, muestra que el 98% de los hogares consultados tiene algún tipo de deuda. Pero detrás de ese porcentaje hay una transformación significativa: aumenta la utilización del crédito al mismo tiempo que crecen los atrasos, y la deuda comienza a utilizarse cada vez más para sostener consumos básicos y cancelar obligaciones previas.

En otras palabras, no solamente hay más deuda. También cambia su calidad.

“Este año el mayor motivo para tomar deuda es alimento y gastos cotidianos. Cerca de la mitad de los hogares bahienses endeudados, entre el 40 y el 50 %, recurrieron al financiamiento para sostener consumos básicos de la vida diaria”, explicó Sasha King, licenciada en Economía por la UNS y una de las autoras del trabajo.

El dato marca un quiebre dentro de la serie de relevamientos que el IIESS realiza desde hace siete años. Los alimentos y gastos cotidianos ya aparecían entre los principales motivos de endeudamiento, pero ahora ocuparon el primer lugar.

Cuando los ingresos dejan de alcanzar, el crédito aparece como una manera de completar aquello que falta. El problema es que ese recurso no desaparece después de resolver la compra del supermercado: se transforma en una obligación futura.

Endeudarse para vivir

El 98% de endeudamiento no significa que todos los hogares se encuentren en idéntica situación. En 2026, casi una de cada dos personas encuestadas —el 48%— declaró haber incurrido en atrasos en sus pagos, frente al 38% registrado en 2025. Al mismo tiempo, el 76% manifestó haber contraído deuda mediante algún tipo de crédito, contra el 65% del año anterior.

Ambos indicadores crecieron alrededor de 10 puntos porcentuales. Si se consideran tanto las deudas contraídas mediante crédito como los atrasos, el 81% de las personas encuestadas presenta alguna de esas situaciones.

“El tema de que el 98% de la población arrastrara deudas no es algo nuevo, sino que nosotros lo venimos viendo por lo menos en los últimos 4 o 5 años como estrategias ante la inflación, ante la inestabilidad de los ingresos”, señaló Francisco Cantamutto, investigador y uno de los autores del estudio.

Para Cantamutto, el dato representa la consolidación de una práctica cotidiana.

“Ese dato no es estrictamente novedoso, sino que habla del uso generalizado de formas de crédito en la gestión de las finanzas de los hogares como una normalidad. Esto tiene que ver con un nuevo formato de manejo del dinero en los hogares donde ya no es ‘la plata que tengo gasto’, sino que se van arbitrando distintas estrategias según los gastos. Estamos viendo desde la pandemia que se ha vuelto la normalidad. No es un dato novedoso, consolida una tendencia”.

La clave del informe no es solamente cuánto se debe, sino cómo la deuda pasa a formar parte de la normalidad financiera del hogar.

No alcanza

La expansión de la deuda aparece asociada al esfuerzo de los hogares por aumentar sus ingresos. Dos de cada cinco hogares consultados señalaron que aumentaron su carga de trabajo, pero solamente el 8% manifestó haber conseguido incrementar sus ingresos.

“Observamos una tendencia donde la gente trabaja más pero gana menos: dos de cada cinco hogares aumentaron su carga laboral, pero solo un 8 % vio un incremento en sus ingresos, lo que demuestra un esfuerzo creciente que no logra compensar el deterioro económico”, sostuvo King.

El informe señala que un 38% de quienes respondieron la encuesta indicó que trabaja más horas o días, tomó otro empleo o modificó su carga laboral. A la vez, dos de cada cinco personas reportaron una disminución de sus ingresos y otro 2,7% indicó que sus ingresos se redujeron a cero o casi cero.

La deuda aparece, entonces, como una estrategia defensiva frente a esa insuficiencia.

Cantamutto retoma una distinción desarrollada por el investigador Ariel Wilkis: existe una diferencia entre utilizar deuda para acceder a un bien o mejorar una condición de vida y utilizarla para evitar un deterioro mayor. En este segundo caso, la deuda permite sostener durante un tiempo el nivel de consumo o evitar una obligación impaga, pero si los ingresos no se recuperan, cada solución agrega una nueva obligación.

Deuda para pagar deuda

En 2026, el 29% de los hogares que tomaron crédito lo hizo para pagar otras deudas. El porcentaje era del 17% en 2024 y del 20% en 2025.

Además, entre quienes tuvieron dificultades para cumplir con sus pagos, el 25% recurrió a nuevos créditos para cancelar obligaciones anteriores.

Se produce así una secuencia difícil de cortar: un crédito permite pagar una deuda, pero genera una nueva obligación; si los ingresos continúan sin alcanzar, puede aparecer otro crédito para cancelar el anterior.

“Por primera vez desde que hacemos la encuesta, el principal motivo para tomar deuda es la compra de bienes de almacén, bienes de consumo cotidiano que incluye comida y el que adquirió más relevancia respecto a los años anteriores es refinanciar deuda vieja, que es el 29% de los casos”, explicó Cantamutto.

Y resumió: “Todo este paquete nos da el señalamiento de que no hay un uso de la deuda que tenga que ver con mejorarme la vida”.

Una deuda destinada a comprar una herramienta de trabajo, una vivienda o un bien duradero tiene una lógica diferente de aquella que se toma para comprar alimentos o cancelar una deuda vencida. En el segundo caso, el dinero permite atravesar el presente y deja un compromiso para el futuro.

Un síntoma

Que los alimentos y los gastos cotidianos hayan pasado al primer lugar entre los motivos para endeudarse constituye uno de los principales llamados de atención del informe.

El crédito destinado a gastos esenciales pasó del 11% al 16,6%. El financiamiento para pagar alquileres también aumentó, del 6% al 8,4%.

La deuda empieza así a involucrar gastos que forman parte de la estructura básica de cualquier hogar. La compra de alimentos es recurrente: si el crédito permite completar la compra de este mes, el ingreso siguiente deberá cubrir los gastos habituales y la obligación generada anteriormente.

El informe muestra un aumento del peso de las obligaciones sobre los ingresos. Un 24% de los hogares señaló que destina aproximadamente la mitad de sus ingresos al pago de deudas; otro 17% dijo que los pagos se llevan casi todo lo que gana y un 4% manifestó que sus compromisos superan sus ingresos.

La situación es particularmente delicada entre los hogares por debajo de la línea de pobreza, donde las dificultades para cumplir con los pagos alcanzan al 56%. Pero los problemas para pagar aumentaron en todos los niveles de ingreso.

“Encontramos no sólo un aumento del endeudamiento en los hogares de Bahía Blanca, sino un deterioro en los indicadores de capacidad de resolverlo”, señaló Cantamutto.

Menos consumo

Otra forma de medir el peso de la deuda es observar qué dejan de hacer las familias para poder pagarla.

El 77% de los hogares consultados afirmó haber dejado de realizar gastos considerados “gustos”. El 45% redujo la cantidad o calidad de los alimentos consumidos y el 43% dejó de comprar bienes o servicios habituales.

La deuda se paga, de esta manera, con recursos que antes estaban destinados a otras necesidades. Y cuando esos recursos ya no alcanzan, aparece nuevamente el crédito.

Las estrategias de recurrir a nuevos préstamos para cancelar obligaciones pasaron del 19% al 25%. Casi un tercio de quienes se endeudaron, además, lo hizo específicamente para pagar deudas anteriores.

El 60% de los hogares atribuye su situación de endeudamiento a factores estructurales —la economía, el gobierno u otros factores externos—, mientras que solamente el 15% la vincula exclusivamente con decisiones familiares.

Edad y género

Tres de cada cinco personas adultas de Bahía Blanca tienen créditos activos en el sistema financiero formal. La mora promedio alcanza el 18,2%, aunque presenta diferencias según el tipo de entidad y la edad.

Los bancos registran una mora cercana al 11%; las tarjetas no bancarias, del 17%; las billeteras virtuales, del 20%; y los créditos de casas de electrodomésticos llegan al 40%.

Entre los jóvenes aparece uno de los datos que preocupa a los investigadores: la mora alcanza el 32,2% en la franja de 20 a 24 años y los tres segmentos etarios más jóvenes concentran los mayores niveles.

“El 44% de todo el volumen de crédito formal es de menos de un salario mínimo. Si realmente fuera mal manejo vos no te exponés a quedarte en el Veraz o a que te manden intimaciones de pago por una cifra tan baja. El problema está en que como el mercado de trabajo es tan inestable que no pueden saldar una cuenta ni siquiera tan baja”.

El investigador precisó que toda la juventud registra índices de mora que rondan entre el 31% y el 34% de los créditos y que una parte importante corresponde a montos inferiores a los 300.000 pesos.

El relevamiento de 2026 incorporó además un módulo específico sobre tareas domésticas y de cuidado.

El 46,7% de las mujeres encuestadas señaló que realiza solas las tareas domésticas, frente al 25,5% de los varones. En el cuidado de personas, el 33,9% de las mujeres manifestó realizar esas tareas en soledad, contra el 11,2% de los varones.

Las mujeres presentan una probabilidad seis veces mayor de dedicar más de ocho horas diarias al cuidado y 13 veces mayor de dedicar más de ocho horas al trabajo doméstico.

“En términos de promedios, las mujeres que responden a la encuesta hacen tareas no remuneradas en el hogar entre seis y 13 veces más que los varones”, explicó Cantamutto.

La consecuencia económica también aparece en los datos de endeudamiento. Los hogares cuya principal aportante de ingresos es una mujer presentan un nivel de endeudamiento del 83%, frente al 78% de aquellos cuyo principal aportante es un varón, y registran mayores dificultades para cumplir con los pagos.

“Cuando hay una mujer que es jefa de hogar, la principal o única aportante de ingresos al hogar, no solamente aumenta el nivel de endeudamiento sino que aumenta el nivel de problemas de pago”, señaló el investigador.

La presencia de menores también modifica el escenario. El endeudamiento alcanza al 87% de los hogares con menores y llega al 91% cuando hay dos o más. En hogares con una sola persona adulta y un menor, alcanza el 95%.

Las billeteras virtuales

La tarjeta de crédito continúa siendo la principal fuente de financiamiento, utilizada por el 65,9% de los hogares, aunque por debajo del 80% registrado en 2024.

Las billeteras virtuales, en tanto, alcanzan el 22,4%. La financiación ya no requiere necesariamente acudir a un banco: puede aparecer desde el mismo teléfono con el que se paga una compra cotidiana.

Cantamutto señaló que Mercado Pago se convirtió, según los datos oficiales analizados por los investigadores, en el principal prestamista de la ciudad, con unos 46.500 bahienses que recibieron crédito.

También cuestionó las tasas que pueden aplicarse en determinados casos.

“Mercado Pago, que es la principal prestamista, ha cargado de hasta 1300% de interés cuando la tasa de inflación es el 30%, esto es usura”, afirmó.

El planteo del informe y de Cantamutto apunta a una cuestión más amplia: la combinación entre necesidad urgente de financiamiento y condiciones de crédito que pueden resultar difíciles de dimensionar para quien necesita dinero de manera inmediata.

“Ni el Estado ni el mercado están resolviendo la necesidad, entonces los hogares recurren a lo que tienen a mano”, sostuvo.

Alcanza al comercio

El aumento de la mora tampoco queda necesariamente encerrado dentro de las familias.

Las casas de electrodomésticos presentan una tasa de mora cercana al 40%, la más alta entre las modalidades analizadas. Cantamutto advierte que esto puede terminar afectando a los propios comercios.

“Deja de ser un problema de los hogares y pasa a ser un problema para los comercios directamente que son los que dan empleo”, afirmó.

La dificultad puede trasladarse así desde los hogares hacia quienes venden bienes y financian esas compras, y eventualmente hacia la actividad económica.

El informe plantea que la situación actual no puede explicarse solamente por la expansión del crédito. Lo novedoso de 2026 es el deterioro de las condiciones en las que se utiliza.

Hay más atrasos, más deuda nueva, más refinanciación, más crédito destinado a gastos esenciales y más hogares que destinan una parte sustancial de sus ingresos al pago de obligaciones. Al mismo tiempo, los ingresos no acompañan la carga laboral.

Los investigadores señalan además que la desaceleración de la inflación entre 2024 y 2025 modificó parcialmente la dinámica de los años de fuerte aceleración de precios. Si la inflación volviera a desacelerarse sin una recuperación equivalente de los ingresos, el valor real de las obligaciones podría aumentar.

Cada vez más lejos

Tres de cada cuatro hogares consultados manifestaron no haber recibido ayuda del Estado. El informe sostiene que la asistencia económica alcanzó su nivel más bajo desde que comenzó la serie.

“Desde que empezamos a hacer la encuesta hasta ahora, la asistencia económica del Estado a los hogares llegó a su punto más bajo”, afirmó Cantamutto.

King coincidió en la necesidad de mirar el problema más allá del sistema financiero.

“En Bahía Blanca el 98% de los hogares tiene algún tipo de deuda, formal o informal. La principal fuente de financiamiento sigue siendo la tarjeta de crédito, pero un 22% de las familias ya utiliza billeteras virtuales, cuyas tasas de interés duplican, triplican o hasta cuadriplican a las de los bancos”, señaló.

Y agregó: “Tres de cada cuatro hogares reportaron que no reciben ningún tipo de ayuda ni asistencia del Estado. Para resolver el problema del endeudamiento hay que atacar la causa de raíz: o se mejoran los ingresos salariales o el Estado vuelve a asistir a las familias”.

El verdadero riesgo: que la deuda se vuelva invisible

Tal vez el dato más importante del informe no sea, en definitiva, el 98%, sino lo que ese porcentaje puede significar.

Que prácticamente todos los hogares tengan algún tipo de deuda puede convertir al endeudamiento en un fenómeno tan habitual que deje de ser percibido como un problema hasta que aparece la imposibilidad de pagar.

Una cuota más. Un crédito nuevo. Una compra del supermercado que se pagará el mes siguiente. Una tarjeta utilizada para cancelar otra. Un préstamo tomado para evitar un atraso.

El riesgo está en la acumulación. El informe muestra que el 43% de los hogares considera que su situación económica empeoró respecto de 2025 y apenas el 7% percibe una mejora.

Aunque el 60% mantiene expectativas favorables respecto de su capacidad futura de pago, casi la mitad de ese grupo condiciona esa expectativa a una mejora de la situación económica. Otro 13% anticipa serias dificultades para cumplir con sus obligaciones.

Por eso, el endeudamiento no puede ser leído solamente como una fotografía del dinero que los hogares deben. Es también una medida de cuánto necesitan recurrir al futuro para resolver el presente.

La advertencia de los investigadores apunta justamente allí: el problema no consiste en que las familias utilicen crédito. El crédito forma parte de la economía cotidiana y puede cumplir funciones útiles cuando permite anticipar consumos, adquirir bienes o realizar inversiones.

El punto de inflexión aparece cuando se transforma en una condición necesaria para comer, pagar el alquiler o cancelar la deuda anterior.

“Hay que atacar la base, la raíz del problema, que es la imposibilidad de resolver necesidades básicas, sea por el ingreso laboral o sea por ayuda económica del Estado. Si ninguna de estas dos cosas se resuelve, por más que regulemos al sistema financiero, la gente va a seguir recurriendo a endeudarse para comprar comida”, concluyó Cantamutto.

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