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Ingeniero White, un pueblo que nació entre las vías del ferrocarril y el puerto

Desde la llegada del Ferrocarril del Sud y la construcción del muelle de hierro, el tren se convirtió en parte inseparable de la identidad de Ingeniero White. Aquella relación sigue siendo clave.

La historia de Ingeniero White está indisolublemente ligada al ferrocarril. La localidad no nació de un asentamiento urbano tradicional, sino que surgió y se moldeó a partir de la infraestructura ferroviaria y portuaria instalada a fines del siglo XIX. 

Antes de la llegada de las vías, la zona era simplemente un paraje costero inhóspito conocido como “El Puerto”. La gran transformación comenzó en 1884, cuando la empresa Ferrocarril del Sud finalizó la extensión de su línea principal desde Buenos Aires hasta Bahía Blanca y decidió llevar los rieles directamente hasta la costa del estuario para levantar su propio muelle marítimo de exportación

La confluencia del tren y el barco generó una dinámica urbana única que definió el ADN de la localidad.

La primera estación data de 1884: Inicialmente llamada estación “El Puerto”, modesto edificio de madera y chapas ubicado originalmente entre las vías. Fue el núcleo alrededor del cual comenzaron a levantarse las primeras casitas de chapa y madera del asentamiento. 

La inmensa y compleja tarea de tender rieles, desvíos y muelles atrajo a oleadas de inmigrantes, principalmente italianos, españoles, griegos y croatas. Estos hombres se asentaron a pasos de su lugar de empleo, dando origen a una comunidad netamente trabajadora conformada por ferroviarios, estibadores y mecánicos, y, muchos de ellos, por sus oficios de origen, devinieron en pescadores. 

El Ferrocarril del Sud inauguró en 1885 el muelle de hierro. Esta fundamental estructura permitía que las formaciones ferroviarias ingresaran directamente sobre el mar para descargar los granos directo a las bodegas de los buques, acelerando los tiempos de exportación, del modelo agroexportador que proponía nuestro país.

A medida que el tráfico de granos, lana y carnes explotaba a niveles globales, las instalaciones primitivas colapsaron. 

Fue necesaria una imponente reestructuración de la red comandada por el ingeniero civil argentino Guillermo White, rol por el cual el presidente Roca cambiaría el nombre de la estación por la del ingeniero en 1899, gestor clave de un inicio de progreso que hoy está más vigente que nunca.

En 1901 se construyó una nueva estación de pasajeros, más moderna, ubicada al sur de la original. El entramado de vías se expandió hasta configurar una gran playa de maniobras con más de 50 ramales paralelos, considerada en su época la más ancha de Sudamérica, hoy la más grande de Argentina.

Para evitar que el pueblo quedara partido en dos por el incesante desfile de vagones, las empresas británicas se vieron obligadas a diseñar obras de infraestructura urbana, como el emblemático Puente La Niña uniendo los sectores vecinales por encima de los rieles. 

Paralelamente, se construyó la Usina Eléctrica Ing White, hermoso casillo que hoy pervive y se lo está restaurando para incorporarlo al museo Ferrowhite, de incesante tarea de rescate del valor del ferrocarril para nuestra región. 

El ferrocarril no solo trajo el progreso económico y fundó las bases físicas de Ingeniero White; también moldeó su cultura, sus luchas obreras e institucionales, con interesante actividad anarquista, y la fisonomía de un pueblo que creció al ritmo del tren.

A partir de finales de la década de 1950, el estado comienza el desguace del ferrocarril, en beneficio del transporte automotor, hasta llegar en la década de 1990 a la privatización de los ferrocarriles de carga. 

Ferroexpreso Pampeano, la primera empresa concesionaria, inició sus operaciones en noviembre de 1991, administra y opera una extensa red que abarca más de 4,200 kilómetros de vías. Su trazado conecta de forma directa las zonas agrícolas más ricas de la pampa húmeda con los dos complejos portuarios exportadores más importantes de Argentina: el Puerto de Bahía Blanca (Ingeniero White) y el Puerto de Rosario (San Martín / Villa Diego). 

Su trocha le permite intercambios con el Ferrocarril de Buenos Aires a Neuquén, vital hoy por  Vaca Muerta, y con los ramales que van al oeste, Mendoza, y al NOA, Nuevo Central Argentino, y el ingreso al puerto de Buenos Aires o La Plata y Necochea.

La localidad de Ingeniero White es el corazón operativo, logístico y estratégico más importante para Ferroexpreso en todo el país. La relación entre la empresa ferroviaria y esta localidad portuaria es de mutua dependencia histórica y comercial.

El patio de operaciones de Ingeniero White funciona como el embudo central de la compañía. El 100% de los trenes que entran o salen de los puertos bahienses se clasifican, desarman y arman en este complejo ferroviario

El transporte terrestre de FEPSA representa más del 30% de las exportaciones totales que se despachan por el Puerto de Bahía Blanca. Uno de cada tres buques que operan en las terminales locales carga granos o subproductos traídos directamente por sus trenes.

El parque de material rodante de Ferroexpreso  está diseñado específicamente para las exigencias del transporte de cargas pesadas a gran escala, compuesto por más de 50 locomotoras y cerca de 2000 vagones activos. 

Es Bahía Blanca su sede y centro logístico clave, con talleres que permiten la completa reparación de locomotoras y vagones. Tiene otros centros operativos en General Pico y Villa Diego (Santa Fe).

No podemos hablar de progreso en Ingeniero White y Bahía Blanca, sin involucrar al ferrocarril y al puerto. Ambos han logrado el explosivo crecimiento de esta región, que hoy, recién nacida Vaca Muerta, ya da señales de otra etapa de gran expansión que vuelve a ponernos en el mapa mundial como proveedores de energía y alimentos.

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