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El universo que las Bordadoras de White construyeron puntada a puntada

La muestra de trabajos textiles colectivos realizados por mujeres tuvo una gran respuesta durante su inauguración y podrá visitarse hasta el 11 de octubre en Sarmiento 450.

Fotos: Andrea Castaño-La Nueva.

La sala de 2 Museos de Bahía Blanca quedó transformada en un enorme universo de pequeñas puntadas. Más de 2.200 bordados, reunidos en distintas tiras temáticas, forman parte de "UN UNIVERSO. Bordadoras del Museo del Puerto de Ingeniero White”, una muestra que tuvo una gran convocatoria en su inauguración y que podrá visitarse hasta el 11 de octubre.

Animales, objetos cotidianos, números de la quiniela, peces de la ría y distintas referencias a Ingeniero White y su historia aparecen representados en pequeñas piezas textiles que, juntas, adquieren una dimensión mucho mayor que la de cada trabajo individual.

“De repente, una propuesta que empezó pensando como algo pequeño, de pequeña escala, que nos permitiera de a poco ir desarrollando esta obra, se volvió inmensa”, reveló Malena Conte, coordinadora del proyecto junto con Matías Gil.

El Taller Bordado Miniatura nació en 2019 como una propuesta del Museo del Puerto destinada a reunir a vecinas de distintas generaciones y favorecer el intercambio de conocimientos. La elección del bordado no fue casual, ya que se trataba de una técnica presente en la comunidad, especialmente entre las mujeres mayores, que podía convertirse en una herramienta para transmitir saberes y generar nuevos vínculos.

“Nos parecía que la técnica del bordado es una técnica que estaba en la comunidad, que había muchas mujeres de diferentes generaciones, sobre todo las más grandes, que la dominaban, y que iba a ser interesante plantear el espacio como un espacio de intercambio de esa técnica”, señaló Conte.

El proyecto apostó, además, por trabajar en miniatura. La idea inicial era que el pequeño formato facilitara la incorporación de las participantes y permitiera comenzar con trabajos sencillos. Con el paso del tiempo, sin embargo, la acumulación de esas pequeñas piezas terminó construyendo una obra de enormes dimensiones.

“Hay más de 1.200 tiras, hay más de 2.200 bordados y sería imposible contar las puntadas”, reesaltó la coordinadora.

Una obra hecha entre todas

Para Yanel Sartori, una de las integrantes del grupo desde sus comienzos, la muestra permitió dimensionar por primera vez el resultado de tantos años de trabajo.

“Ver terminado todo lo que hemos hecho durante estos años es una emoción muy grande. No dimensionaba la cantidad de cosas que hemos hecho y, al encontrarlas ahí con todas esas tiras y todos esos bordados, la verdad que es un orgullo haber trabajado tanto y que hoy los demás lo puedan ver”, contó.

Yanel se incorporó al taller prácticamente sin conocimientos de bordado y el aprendizaje se produjo dentro del propio grupo, donde las integrantes más experimentadas fueron acompañando a quienes recién comenzaban.

“Cuando empecé tenía cero conocimiento de bordado. Era algo que quería aprender y justo se dio esa oportunidad y me quedé”, subrayó.

El trabajo en miniatura, además, tiene sus propias dificultades, porque cada puntada exige tiempo y planificación, desde la elección de los colores hasta la forma de representar pequeños detalles

“Uno también va pensando cómo hacer las puntadas, cómo mezclar esos colores. Cuando bordamos algún animal, por ejemplo, esos colores que se van mezclando son difíciles de lograr”, aseguró.

Uno de sus trabajos personales que más tiempo le llevó fue una reproducción en miniatura de “La noche estrellada”, de Vincent van Gogh.

“Es el que más tiempo me llevó y del que más enamorada estoy”, contó entre risas.

Pero el valor del taller no está únicamente en lo que queda expuesto. Para las bordadoras, el encuentro semanal es también una parte central de la experiencia.

“Creo que es el encuentro con las demás mujeres. Las tardes de los miércoles en que nos solemos juntar es estar conversando, pasándonos datos, compartiendo mate, café o té... Es estar compartiendo y demostrando todo lo que podemos hacer”, describió Yanel.

"El acompañamiento aparece cuando alguna obra presenta dificultades, nos aconsejamos, compartimos técnicas y, en algunos casos, continuamos con un bordado que otra compañera no pudo terminar. Nos vamos apoyando entre todas; siempre está ese apoyo”, destacó.

Una historia de White, puntada por puntada

Mirta Vitaquis también forma parte del grupo y conoce de cerca la evolución del proyecto. Durante la pandemia se sumó al taller virtual que había organizado el Museo del Puerto, cuando los materiales llegaban a las casas y luego eran retirados para continuar con nuevas piezas.

"Cuando terminó el aislamiento, el grupo volvió a encontrarse presencialmente. Algunas participantes ya tenían experiencia y otras comenzaron a aprender desde cero. Para mí fue todo un descubrimiento”, dijo Mirta, quien es modista y tenía experiencia con distintas técnicas textiles, aunque no con este particular trabajo en miniatura.

Con el tiempo, la producción creció hasta alcanzar unas 2.200 piezas para la muestra. Los bordados fueron organizados en tiras según distintas temáticas, muchas de ellas vinculadas directamente con la identidad whitense.

“Cada tira tiene su temática. Pueden ser animales, cosas del hogar, los números de la quiniela, los peces de la ría. Hicimos todos los peces de la ría (risas)”, contó Mirta.

También existen trabajos colectivos de otra escala, como los manteles del Museo del Puerto.

"Ahí la dinámica cambia, porque una integrante comienza una pieza, luego pasa a manos de otra y así sucesivamente, de modo que el resultado termina siendo literalmente una obra construida entre muchas", puntualizó.

Actualmente participan alrededor de 30 a 35 bordadoras, aunque no todas concurren semanalmente. Algunas trabajan desde sus casas y se acercan al museo una vez al mes para retirar materiales y entregar sus producciones.

La obra expuesta en 2 Museos, además, no se separará definitivamente de Ingeniero White. Una vez finalizada la muestra, los trabajos regresarán al Museo del Puerto, donde ya ocupan distintos espacios.

“En todas las salas del museo hay tiras de bordados. No podemos poner todas porque cubriríamos todas las paredes, pero sí hay de una a dos tiras en cada sala”, explicó Mirta.

“Esta muestra tiene que estar en Bahía Blanca”

Las Bordadoras del Museo del Puerto ya habían llevado su producción fuera de Ingeniero White. Participaron de dos muestras colectivas en el Centro Cultural Recoleta, realizaron una exposición individual en la Galería Norma Mía y también presentaron su trabajo en otros espacios, entre ellos el Centro Cultural Haroldo Conti, en Buenos Aires.

Pero después de aquella experiencia surgió una inquietud compartida para que la obra pudiera ser vista también en Bahía Blanca.

“Cuando volvimos dijimos: ‘Esta muestra tiene que estar en Bahía Blanca, tenemos que mostrarla en Bahía Blanca’. Y lo logramos”, agregó Mirta.

Ese objetivo se concretó ahora en 2 Museos, donde la respuesta del público durante la inauguración superó las expectativas.

“Para nosotras fue una alegría el reconocimiento, que la gente te pregunte; a veces no lo creen. En la muestra misma me preguntaban si era pintado”, afirmó.

Para ella, además, el proyecto tiene una conexión con una tradición familiar y comunitaria. Recuerda que en su generación el bordado, la costura, la cocina y otros trabajos manuales formaban parte de los aprendizajes destinados a las mujeres.

“Nos emocionamos mucho porque cuando nos juntamos por primera vez pensamos en aquellas bordadoras que bordaron la bandera, el sol de la bandera. ¿Te imaginás los años?”, reflexionó.

En ese camino, las Bordadoras también destacan el acompañamiento permanente de Lucía Bianco, directora del Museo del Puerto, a quien consideran una figura clave para el desarrollo del proyecto.

“Un apoyo total”, resumió Mirta al referirse al rol de Lucía durante estos años.

Lo que viene

La muestra que ahora puede verse en 2 Museos no parece ser un punto de llegada sino una nueva etapa. Las integrantes ya comenzaron a pensar en próximos proyectos y en nuevas formas de abordar el trabajo textil.

Conte adelantó que la idea es comenzar a trabajar, a partir de 2027, en obras de mayor escala, especialmente en formato de tapices colectivos.

“Estamos pensando en hacer un poco lo contrario; empezar a gran escala, en pensar obras colectivas pero a gran escala, en formato de tapices”, adelantó.

Yanel, en tanto, contó que el grupo ya tiene varias propuestas para analizar y votar en sus próximos encuentros.

“Esto también es como una comunidad. Vamos viendo qué es lo que podemos ir haciendo”, señaló.

Mirta, por su parte, lo resume con entusiasmo.

“No termina acá. Seguimos haciendo creaciones y vamos por esos proyectos”, señaló.

Hasta el 11 de octubre, quienes se acerquen a 2 Museos (Sarmiento 450) podrán recorrer ese universo construido puntada a puntada y conocer una parte de la historia de Ingeniero White contada desde las manos de sus propias vecinas.

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