Otra licitación desierta y una vieja deuda sin resolver en el aeropuerto
La municipalidad buscaba concesionar el estacionamiento, pero no hubo oferentes. Se evalúan los próximos pasos, realizará tareas para ordenar y mejorar el sector.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
Audionota: Marina López
El estacionamiento del aeropuerto de Bahía Blanca volvió a quedar en el centro de la escena, pero esta vez por una razón conocida: ningún interesado se presentó al llamado realizado por la Municipalidad para concesionar la explotación de la playa.
Vencido el plazo de presentación de ofertas, el proceso quedó formalmente desierto y el Ejecutivo deberá decidir ahora cómo continuar.
La situación representa un nuevo capítulo de una deuda que el aeropuerto arrastra desde hace casi dos décadas: encontrar un mecanismo que permita administrar, mantener y modernizar un espacio que actualmente carece de una explotación organizada y que, con el paso de los años, fue perdiendo buena parte de su funcionalidad.
El jefe de Gabinete municipal, Luis Calderaro, confirmó que el gobierno de Federico Susbielles ya analiza distintas alternativas.
“No se presentaron interesados y ahora estamos viendo cuál es el camino a seguir”, señaló.
El funcionario explicó que el intendente instruyó a sus colaboradores para estudiar las opciones disponibles. Una de ellas es insistir con un nuevo proceso licitatorio, aunque la alternativa de una intervención directa del Municipio también quedó sobre la mesa.
La definición todavía no está tomada. También se analiza la posibilidad de que tenga algún grado de intervención el concesionario de la terminal aérea, aunque por el momento tampoco existe una decisión al respecto.
Casi 20 años
La dificultad para encontrar un administrador para el estacionamiento no es nueva. Desde que en 2008 se concesionó la administración y explotación del aeropuerto, hubo distintos intentos por resolver la situación.
La concesión de la terminal quedó en manos de la UTE integrada por Corporación América y Arecco Ingeniería, que opera bajo el nombre de Aeropuertos Bahía Blanca SA. Entre las condiciones establecidas originalmente figuraba que la empresa debía hacerse cargo del estacionamiento, mediante el pago de un canon que en aquel momento se había fijado en 16 mil pesos mensuales.
La exigencia fue aceptada al momento de la concesión, pero luego la empresa desistió de hacerse cargo de la explotación al considerar que se trataba de una actividad deficitaria.
Desde entonces, la playa quedó en una suerte de zona gris administrativa, con sucesivos intentos por encontrar una alternativa que permita recuperar el espacio.
El último llamado buscaba precisamente romper con esa situación. El sector comprendido incluía el estacionamiento propiamente dicho y el terreno contiguo ocupado actualmente por las calles de acceso.
El plazo previsto para la concesión era de seis años, con posibilidad de prorrogarlo por otros seis.
El pliego establecía además una serie de exigencias para quien resultara adjudicatario. Se otorgaría “especial interés” a las propuestas que contemplaran el reacondicionamiento del alumbrado existente, nuevas obras, mejoras en el pavimento y las calles internas y un proyecto de paisajismo que permitiera integrar naturaleza y arquitectura para mejorar la experiencia de los pasajeros.
También se solicitaba detallar las inversiones previstas, presentar un plano con la ubicación de los boxes —se estimaba una capacidad cercana a 300 vehículos—, proyectar ingresos y egresos y diseñar una red contra incendios.
Pero no hubo ofertas.
Una playa ocupada
La falta de una administración específica no solamente impidió generar un servicio formal para los pasajeros. También provocó un deterioro progresivo del espacio.
Uno de los problemas más visibles es el uso permanente que realizan las concesionarias de automóviles instaladas en el sector, que dejan allí sus vehículos durante largos períodos.
Según estimaciones municipales, esos autos llegan a ocupar alrededor del 80% de la superficie disponible.
La situación se transformó con los años en una práctica habitual y difícil de revertir. Tanto el Municipio como el concesionario del aeropuerto no encontraron hasta ahora una solución que permita impedir ese uso, que no se corresponde con la finalidad original del estacionamiento y reduce considerablemente el espacio disponible para quienes llegan a la terminal aérea.
A eso se suman el desgaste del pavimento, la necesidad de mejorar la circulación interna, el estado del alumbrado y la falta de una infraestructura acorde con las necesidades actuales de la terminal.
La ausencia de una explotación formal también significa que el espacio no genera una recaudación específica que pueda contribuir al pago del canon mensual que la Municipalidad abona a la Armada por la utilización de las tierras donde funciona la aeroestación.
Igual se harán mejoras
Frente a la falta de oferentes, el Ejecutivo decidió no esperar a que se resuelva el futuro administrativo del estacionamiento para comenzar a intervenir.
Calderaro anticipó que se realizarán tareas de mantenimiento y mejoras para ordenar el funcionamiento del sector.
“Vamos a estar haciendo acciones para que los autos no queden estacionados de la manera que lo han hecho hasta ahora. Se ha mejorado, pero falta mejorar bastante”, afirmó.
La intención es avanzar también con trabajos vinculados a la conservación y el embellecimiento del lugar.
El desafío inmediato será, entonces, ordenar una playa que durante años funcionó sin una explotación específica y evitar que continúe siendo utilizada como depósito permanente de vehículos, mientras se define un esquema definitivo.
El Municipio tiene ahora dos caminos principales: volver a intentar una concesión, eventualmente con modificaciones que hagan más atractiva la propuesta para los privados, o asumir directamente la administración del estacionamiento.
Cualquiera de las dos alternativas deberá resolver, además, un problema que excede la cuestión comercial: recuperar un espacio estratégico para los pasajeros y para el funcionamiento de una terminal que, a esta altura, lleva casi dos décadas buscando una solución para su estacionamiento.
Un poco de historia
El aeropuerto bahiense tiene además un particular peso histórico. Fue el primer aeropuerto construido en el país destinado a vuelos de cabotaje. Su origen se remonta a fines de 1929, cuando Aeroposta Argentina, una empresa de capitales franceses, inauguró las primeras instalaciones en Villa Harding Green.
El aeropuerto permaneció allí hasta 1970, cuando se inauguró la actual terminal. En aquel momento se encontraba bajo administración del Estado provincial, hasta que en 1978 pasó a manos de la Municipalidad.
Décadas después, la terminal fue adjudicada a operadores privados y atravesó un proceso de ampliación y modernización. Las nuevas instalaciones fueron inauguradas en 2009, en un acto que contó con la presencia de la entonces presidenta Cristina Fernández, el gobernador bonaerense Daniel Scioli y el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido.
La actual concesión tiene vigencia hasta 2033.
En ese contexto, el estacionamiento aparece como una de las cuentas pendientes de una terminal que logró modernizar su infraestructura, pero que todavía no consiguió resolver de manera definitiva qué hacer con el espacio destinado a los vehículos.