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Grandeza con persianas bajas

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Este año es, por decreto, el "Año de la Grandeza Argentina". El presidente Javier Milei lo firmó en enero, pero esta semana el Gobierno le puso la letra chica, ya que mandó al Congreso el Presupuesto 2027 prometiendo, otra vez, lo mismo que prometió para este año y aunque todavía no terminó, ya sabemos que no va a cumplir y cómo va a terminar.

El Presupuesto 2026 enunciaba que la inflación iba a bajar al 10,1%, pero terminó en 33,5% interanual en agosto, más del triple de lo anunciado.

Para el año que viene, el mismo equipo económico calcula un crecimiento del 4% y una inflación del 21,1%. Pero el Relevamiento de Expectativas del Mercado del propio Banco Central ya le contesta desde adentro y dice que para este año calcula un 30% de inflación y apenas un 2,1% de crecimiento. Algo así como que el Gobierno le pide al futuro que corrija lo que el presente, medido con sus propias herramientas, todavía no logra sostener.

Mientras tanto, un informe de Fundar registra 16.560 empresas menos en el último año, la peor caída en los primeros 30 meses de cualquier gobierno. A su vez, en el primer trimestre la desocupación llegó al 7,8% y la informalidad laboral trepó al 44,2%, una suba de 2,2 puntos respecto al mismo trimestre de 2025, por lo tanto, es menor la cantidad de personas que busca trabajo formal porque sabe que no lo va a encontrar.

Hasta acá datos, que sirven para argumentar, pero hay más.

El psicólogo alemán Klaus Holzkamp, fundador de la Psicología Crítica, le puso nombre a este panorama, lo llamó “capacidad de acción restrictiva" y es la situación en la que a la persona no le queda otra salida que aceptar el límite que le impone la estructura, no porque elija resignarse sino porque el margen real se le terminó.

Es decir, que ningún comerciante y pyme que baja la persiana está negando la realidad, al revés, la está aceptando tal cual es y como puede. No elige entre seguir o cerrar, cierra porque ya no hay otra opción posible.

Ese 44% de informalidad tampoco elige la situación como plan de vida, la acepta porque la otra capacidad de acción, la de organizarse con otros para pelear algo distinto les fue arrebatada; la opción de lo colectivo la destrozaron.

Entonces desde la Psicología Política la pregunta es: ¿qué pasa cuando la misma estructura que le deja a miles de comercios y pymes como única salida bajar la persiana, se declara a sí misma y por decreto, grande?

Pienso en dos escenas de esta misma semana. Por un lado, locales que bajan la persiana porque no hay margen para poder sostenerse y en la otra, en simultáneo, el Gobierno que no deja margen de maniobra y de subsistencia, manda al Congreso el Presupuesto 2027, sin cadena nacional, sin acto, casi sin ruido. Una escena se achica en silencio porque no le queda otra. La otra se achica en silencio porque esta vez ni el Gobierno se anima a repetir en voz alta lo que ya sabe que no va a cumplir, pero no olvidemos que es el año de la grandeza.

La psicoanalista Melanie Klein describió un mecanismo al que llamó defensa maníaca. Ella explicaba que frente a una pérdida que angustia demasiado para tramitarla, el psiquismo no la niega de plano, la invierte, la convierte en una escena de control absoluto, triunfo y desprecio hacia lo perdido. 
Un Presupuesto que promete bajar la inflación al mismo tiempo que el relevamiento que publica el propio Banco Central calcula que va a cerrar muy por encima de lo prometido, no es optimismo. Funciona con la lógica de una defensa maníaca hecha número oficial. No hay duelo por lo que se pierde, solo anuncio triunfal de lo que viene.

Y ahí, en clave de Psicología Política hay una pregunta más profunda: ¿qué le pasa a una sociedad cuando a una parte se le exige aceptar sin margen la realidad que la ahoga, mientras la parte que gobierna, no se exige a sí misma ese mismo ejercicio?

Esto no es solo asimetría económica, es asimetría psíquica. A las miles de empresas que desaparecieron en el último año no les alcanzó ningún relato para sostenerse, tuvieron que rendirse ante el dato. Al Gobierno cuyas políticas provocan esos cierres, un relato de grandeza le sigue alcanzando para no rendirse ante ningún dato, y esa distancia no la paga quien gobierna, la paga el que ya no tiene margen y tiene que bajar la persiana mientras tiene que escuchar que su país vive un año de grandeza.

El problema no pasa por si el 21,1% de inflación proyectado para 2027 se va a cumplir o no. Ya sabemos, por 2026, que eso es difícil que ocurra. Acá el problema es si en Argentina se puede sostener de manera indefinida, esta división del trabajo psíquico donde unos como las pymes y los que buscan trabajo están obligados a la lucidez más dura de tener que aceptar la realidad, mientras el Gobierno, sin obligación de lucidez alguna, se da el lujo de seguir llamándose grande.

Esa desigualdad psíquica no figura en ninguna planilla del Presupuesto, pero es el andamiaje invisible de gran parte de lo que pasa. Más allá de cualquier lectura económica del Presupuesto 2027, en clave de Psicología Política, esta desigualdad es la que tenemos que mirar.

Cuando un país necesita un decreto para autodenominarse "Año de la Grandeza” está negando la realidad, y hasta fantaseando con resultados. La pregunta ya no es si el Presupuesto 2027 va a cumplirse, la pregunta es cuánto tiempo se tolera un discurso de grandeza, mientras se siguen bajando las persianas.

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