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La bandera que la hinchada regaló y el Gobierno se apropió

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El 15 de julio, Argentina le ganó a Inglaterra 2 a 1. En medio de los festejos, un grupo de hinchas hizo llegar a la cancha una bandera de Malvinas hecha a mano. Giovanni Lo Celso la levantó y la mostró junto a Lisandro Martínez y Cristian Romero. No la mandó nadie desde arriba, sino que salió del público, del festejo genuino de un pueblo que acababa de ganar un partido.

Dos meses después, esa misma bandera volvió a aparecer, pero ya no la sostenía un hincha en la tribuna. La sostuvo el Gobierno ya que el 3 de septiembre, Javier Milei habló en cadena nacional y anunció el giro geopolítico sobre Malvinas, luego denunció penalmente a cinco petroleras por explorar hidrocarburos en las islas sin autorización argentina.

Mientras tanto, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa midió una baja del 2,4% en las ventas de los comercios pymes en lo que va del año. El dinero no alcanza en la casa de la mayoría de los argentinos y argentinas.

¿Qué hace un gobierno cuando necesita, con urgencia, generar otros temas?

Lo que pasó en la cancha el 15 de julio fue una alegría real, de la gente, que no necesitó guion ni asesor. Lo que pasa dos meses después es otra cosa, es un Gobierno que, en el momento exacto en que la economía vuelve a apretar, decide poner esa misma causa en el centro de la conversación pública. No inventa el símbolo, sino que intenta cambiar el foco de atención y conversación.

¿Estrategia electoral? Puede ser. Pero la pregunta desde la Psicología Política es ¿qué pasa en cada uno de nosotros cuando el gobierno intenta "implantar" un tema muy importante como es Malvinas, generar conversación y ruido, pero más fuerte es el ruido de la panza del que se va a dormir sin cenar?

Desde la Psicología Política se ve claro, un gobierno puede cambiar lo que vemos en la pantalla o manejar las redes, pero cambiar de tema o generar escándalos, no multiplica los panes en la mesa, ni la carne en la heladera, ni se pagan las cuentas.

El psicólogo social Serge Moscovici explicó que las sociedades no procesan lo nuevo en el vacío, lo encajan en representaciones sociales ya instaladas como símbolos, creencias, sentido común. Malvinas ya era, más aún después del 15 de julio, una representación de orgullo, unidad y revancha deportiva. El Gobierno no instaló nada, solo buscó una representación ya cargada de sentido y la reutilizó.

Obviamente a muchos y muchas nos huele a algo más profundo y casi de manual. Ernesto Laclau decía que ningún proyecto político se sostiene sin un enemigo, la identidad de un "nosotros" se arma cuando aparece un "ellos" que amenaza. Milei la construyó puertas adentro contra la casta. Pero como ahora no le rinde como enemigo, aparece uno nuevo, puertas afuera: Londres, las petroleras. El método no cambió, cambió el blanco.

Esto no lo inventó Milei, ya les dije que es de manual y alcanza con revisar la historia. Galtieri fue a la guerra de Malvinas en el 82, en plena crisis económica y de legitimidad. Thatcher capitalizó esa misma guerra, débil como estaba en las encuestas por la recesión británica. Fujimori ganó su reelección en Perú semanas después de la guerra del Cenepa con Ecuador. Clinton bombardeó Sudán y Afganistán a días de declarar por el caso Lewinsky, aunque nunca se probó nada.

Esto lo muestra la película "La cortina de humo", con Dustin Hoffman y Robert De Niro. La cortina es la traducción al español del título original, Wag the Dog, y si pensamos en cómo le gustan los perros a Milei, diría que la jugada es esperable.

Crear un enemigo cuando aprieta la economía no es una ocurrencia de este Gobierno, es casi el ABC de la comunicación política.

Una encuesta de Management & Fit, muestra que el 61,1% de argentinos y argentinas cree que el giro sobre Malvinas responde a una conveniencia política, y un 34,5% lo asocia directamente con marketing electoral; es decir que la sociedad está mirando el movimiento del Gobierno y sospechando qué hay detrás.

Te aseguro que, de haber sabido lo que esa bandera iba a generar, le hubiera pedido a Lo Celso, a Lisandro Martínez y al Cuti Romero una bandera para los jubilados, los discapacitados, la ciencia, la universidad y todos los colectivos en los cuales este Gobierno se defeca.

Sin dudas hay banderas que unen a todos los argentinos/as, y también hay banderas que representan a distintos sectores, solo que el poder arbitrariamente decide cuál convierte en cadena nacional.

Sabelo, no habrá cadena nacional por los jubilados, por la ciencia, por la universidad, por los discapacitados, esas banderas, que también son de la tribuna, y no las levanta el Gobierno porque no le sirven para la escena, a esas banderas, las tenemos que levantar nosotros todos los días.

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