El tenis y un Mundial como motivación: "Del otro lado del miedo están los sueños"
Amanda Jaurena, nacida en Huanguelén y radicada hace años en nuestra ciudad, se acercó a la actividad de grande y se puso un objetivo claro: "Un día me decidí y arranqué".
Muchas veces hay un momento en nuestra vida que nos cambia para siempre.
Una imagen, por ejemplo, puede darnos ese empujón para hacer un click e ir en busca de nuestros sueños.
Después, claro, está en nosotros el valor de arriesgarnos a dar ese paso y el coraje de transitar el camino que nos lleven hacia ese objetivo, superando obstáculos y tratando de disfrutar los buenos momentos.
Todo esto sin importar la edad o el momento de nuestras vidas, entendiendo que nunca es tarde para empezar algo.
En el último tiempo Amanda Jaurena algo de eso transitó. Volvió hace unos días de Portugal, donde cumplió su gran sueño de disputar el Mundial de tenis Senior, representando a la Argentina en la categoría +40.
Pero su viaje comenzó mucho antes, cuando era apenas una niña en Huanguelén y, sobre todo, mientras estudiaba en Bahía Blanca y veía que por la ventana de su casa como pasaba un señor con un raquetero. Era una señal.
"Siempre me gustaron los deportes y de chica me hubiera gustado jugar al tenis o al hockey, que recién estaba asomando el tema de Las Leonas", le contó Amanda a La Nueva.
"Pero en mi pueblo no había nada -agregó-. En la cancha de tenis que había solamente jugaba el farmacéutico, el médico, no había profes. Además, cuando era chica me iba mucho al campo, a andar a caballo que era lo que me hacía feliz. Era bastante tímida, entonces nunca practiqué un deporte", recordó.
Ya instalada en nuestra ciudad con el objetivo de recibirse de contadora pública en la Universidad Nacional del Sur (logro que también cumplió), llegó el momento de animarse y arrancar tenis.
"Al principio fui a pelotear algunas veces al Club Universitario, pero como tenía que estudiar nunca le dediqué demasiado", admitió.
Aunque los años pasaron y la chance de tener algo más de tiempo libre ayudó.
"En los últimos años de la carrera, que sólo me quedaban rendir finales y estaba bastante tiempo en mi casa porque no cursaba, siempre veía a un señor que pasaba con su raquetita de tenis. Supongo que iba a Sportiva, que está acá cerca. Un día dije que tenía que arrancar, porque era mi cuenta pendiente, tenía que intentarlo", remarcó Amanda.
A partir de ese primer paso inició el derrotero por algunos clubes de Bahía, pasando por Sportiva (donde también dio clases tiempo después), Pacífico y Ferroviario.
Su esfuerzo y buenas condiciones le permitieron ir mejorando su juego y escalando categorías, mientras iba desbloqueando distintos logros.
Hasta que finalmente un día llegó el gran objetivo que marcó sus próximos pasos a seguir. Un desafío gigante y que insumía muchísimo trabajo, sobre todo para alguien que se metió de lleno en la disciplina a los 25 años y sin una ligazón familiar o marcada en su niñez.
"Sabía del Mundial por una señora de Bahía que había viajado y siempre pensé que me gustaría estar ahí, representar al país, escuchar el Himno. Era un sueño. Pero siempre pensás que te faltan cosas, que no te sale algo, que te da miedo. Y un día me decidí y arranqué", contó.
Este nuevo camino nuevo y, por lo tanto, lleno de desafíos e incertidumbre, lo fue transitando con un grupo de trabajo que la acompañó en el día a día.
Entre ellos, parte fundamental fue el psicólogo deportivo Martín Laschiaza, quien también fuera uno de los jugadores de hockey más destacados de la ciudad, multicampeón con El Nacional y el seleccionado de la Asociación Bahiense.
"Cuando lo conocí a Martín corrimos el foco de eso (del Mundial), porque no hacía tanto que jugaba. La idea fue concentrarnos en poder jugar todos los torneos que se presentaran, que lo llamamos 'sumar horas de vuelo' y sumarle herramientas a mi caja de herramientas. Jugué todos los torneos que pude, viajé por todos lados hasta que surgió esto del codo (NdR: una tendinitis que la obligó a regular sus entrenamientos). Entendí que había cosas que iba a ir aprendiendo, me sacó el foco del Mundial, entendí que eso iba a ser consecuencia. Eso me relajó un montón, porque cada torneo que iba a jugar entendía que estaba sumando horas de vuelo, si lo sabía aprovechar ya era un pequeño objetivo para el objetivo más grande", explicó.
"Le dije a Martín que me encantaba el tenis, pero no disfrutaba lo que hacía y además que entrenaba un montón, pero cuando iba a competir sentía que no daba todo y después estaba toda la semana reprochándome lo que creía que no había hecho en la competencia. Eso fue lo primero que le plantee: tratar de disfrutar más en el día y por qué sentía que no daba todo. Le encontramos la vuelta a eso", agradeció.
Otra lesión, esta vez en el hombro, le hizo sumar a su equipo de trabajo al kinesiólogo Nicolás Schamberger y a todo lo que ya venía haciendo le siguió agregando otros buenos hábitos.
Mientras tanto seguía trabajando con Alberto Maronna (histórico entrenador de la ciudad recientemente fallecido), Mauricio Arano (su entrenador en Pringles) y Raúl Herrero (preparador físico).
Estas complicaciones físicas hacían que, de a poco, el Mundial, al que clasifican los 4 mejores ránking de la Asociación Argentina de Tenis de la categoría, empezara a quedar un poco lejos.
"Con lo de la lesión, medio que lo había descartado porque seguía viendo que estaba quinta en el ránking , aunque la cuarta ya no podía ir porque cambiaba de categoría por la edad. No perdía la esperanza pero sabía que también podían convocar a una doblista y que no se diera", recordó Amanda.
Pero... un día llegó la buena nueva: ¡estaba citada para jugar el Mundial!
La convocatorio la recibió en modo de mail, que hoy todavía guarda con cariño y en un lugar especial.
"Lo miré 500 veces al mail, lo imprimí y lo pegué en el respaldo de la cama. Todavía lo tengo, lo tendría que sacar. Me fui al patio a llorar, estuve media hora tirada llorando, se me venían un montón de imágenes, del sacrificio que hice. Creo que fue el momento de mayor alegría, satisfacción, no sé cómo llamarlo. De todo lo que viví, el momento de leer el mail fue la máxima alegría", admitió.
"Lo pegué en el respaldo para verlo todos los días, porque la verdad que no lo podía creer. Pensaba si se habrían equivocado", recordó.
"El camino me lo fui haciendo sola, a veces escuchando boludeces. Fue como una revancha de algunas cosas que había vivido. Fue increíble", agregó.
Apenas unos cinco días después debía confirmar si iba. Lo hizo y de a poco fue llegando lo que tanto había esperado, mientras seguía preparándose.
No obstante, el contexto hacía que no pudiera dejar de pensar en ese Mundial, porque claro todos estábamos pendientes del otro Mundial.
"Como justo fue el Mundial de fútbol veía la bandera por todos lados y a todos los lugares adonde iba pensaba en eso. Que, obviamente, yo no tengo nada que ver con Messi, pero yo también iba a ir a representar a Argentina. En cada lugar que iba me emocionaba mucho, tengo el Himno bajado en el Spotify y lo pongo en el auto", contó.
Con su lugar asegurado entre las mejores del país en su categoría, llegaba el momento de la preparación final.
"Me puse más prolija de lo que ya era, pero a la vez tenía que regular por la tendinitis. Fue todo muy día a día. Martín me decía que viva en el presente. Me agarró ansiedad, nunca había ido a Europa ni había viajado tanto en avión. Esos fueron los días más difíciles, es como que tenía algo en la panza todo el tiempo. Antes de ir estuve como cuatro días sin dormir", recordó.
Aún sin la experiencia de cómo sería vivirlo desde adentro, Amanda sabía que iba a compartir un torneo contra jugadoras que fueron profesionales y algunas hasta estuvieron entre las mejores 50 del ránking mundial.
"Sabía que nada me iba alcanzar para jugar contra ellas, pero me iba a preparar de la mejor manera posible para sentir que la convocatoria había estado bien y que todo lo que le iba a sumar a tenis y mi entrenamiento me iba a servir", explicó.
En definitiva, el sueño ya se estaba cumpliendo y arrancó mucho antes de cruzar hacia Europa.
"Fue increíble cuando me dieron la ropa que dice Argentina, que también la podés comprar, pero no es lo mismo. Cuando la fui a buscar, que se hizo un pequeño acto, me puso muy contenta. Tener esa ropa que me va a quedar para siempre es algo muy lindo", agradeció.
Ya en tierras portuguesas y luego de un pequeño acto de inauguración, Amanda compartió cancha con la capitana del equipo Jesica Orselli, la más experimentada de la delegación.
"Era un partido accesible, pero al estar con ella iba a estar más tranquila. Estaba muy nerviosa, la luché más que jugué", recordó.
En la competencia por equipos, Argentina terminó séptima, cayendo ante Italia, el equipo más jerarquizado y que a la postre fue campeón.
"El nivel fue subiendo cada vez más. Después jugué los dobles. Para mí era todo nuevo", resumió.
Luego también participó del torneo individual que es a libre elección, disputando el certamen individual y también en parejas.
Aunque lo vivido aquellos días en Portugal tenían un condimento más, que también hizo mas que especial la experiencia.
"Compartí dos días con mi hermana y dos de mis sobrinas, que justo estaban en Europa y me fueron a ver. No la veo estando en Suárez y la vi allá, fue increíble todo", reconoció.
"Fue como que la vida te devuelva lo bueno que es uno a veces en ciertas situaciones. Creo que la vida siempre te termina devolviendo lo que uno hace. Sentí que fue un poco de eso", admitió.
En definitiva, fue un cierre ideal para esta parte de su historia con el tenis.
"El tenis me ayudó a superar un montón de miedos y a animarme a un montón de cosas. Cuando fui profe me ayudó un montón a soltarme un poco más. Y como siempre digo y es una frase que me acompaña siempre: del otro lado del miedo están los sueños", recordó.
"Me siento una privilegiada de poder hacer lo que me gusta. Lo hermoso de la vida es tener sueños y poder trabajar por ellos, ojalá todas las personas tengan un sueño que perseguir”, se ilusionó.
De regreso en Bahía, Amanda sigue con su rutinas de entrenamiento y dedicación, que incluye no solo trabajos físicos y psicológicos sino también toda una organización. Como haber adquirido una máquina lanzapelotas que importó de Estados Unidos, organizarse partidos amistosos para ajustar detalles y filmarse en los entrenamientos para corregir aspectos del juego, mientras sigue entrenando y compitiendo.
"Por lo que vi allá quiero seguir mejorando, incorporando herramientas a mi juego para poder hacer los puntos más cortos, ya que me voy poniendo más grande. Voy a volver a un Mundial, pero tranquila, sin hacer una carrera contra el tiempo como fueron estos últimos meses. La idea siempre es mejorar mi nivel, sin pensar tanto en los resultados. Obviamente que me gustaría volver algún día por una medalla, sé que es difícil, pero nunca sabes: hay que estar en el lugar y el momento indicado, tener un poquito de suerte y capaz se da...", se ilusionó Amanda.
El lugar justo y el momento indicado, como aquella ventana por la que pasaba aquel señor con su raquetero y la impulsó a hacer muchos años después algo que había querido desde chica: jugar al tenis. Tanto fue el deseo que hasta llegó a disputar un Mundial y, ahora, sueña con más.