El escudo natural de Bahía: por qué los humedales importan cada vez más
El estuario bahiense es uno de los grandes humedales del país y cumple funciones clave para regular el agua, proteger las costas y sostener la biodiversidad. Después del 7M, conservar estos ambientes adquiere una nueva dimensión.
Cuando se habla de cómo proteger a Bahía Blanca frente a las inundaciones, la primera imagen suele ser la de una obra: un canal, un conducto, un reservorio o una estación de bombeo.
Pero existe otra infraestructura, mucho más antigua y silenciosa, que también cumple una función fundamental frente al agua: los humedales.
En el caso de Bahía Blanca, esa infraestructura natural tiene una dimensión extraordinaria. El estuario es un gran humedal costero formado por marismas, islas, planicies intermareales, canales y cangrejales. Con unas 262.500 hectáreas, constituye uno de los humedales más importantes de la Argentina y un enorme reservorio de biodiversidad.
Para buena parte de los habitantes de la ciudad, los cangrejales y las extensas superficies que quedan expuestas cuando baja la marea pueden parecer simplemente terrenos fangosos, alejados de la vida cotidiana. Sin embargo, esos ambientes cumplen funciones ambientales que tienen consecuencias directas sobre la población.
Una de ellas es precisamente la regulación del agua.
Mucho más que un terreno inundable
Un humedal no es un espacio vacío que simplemente se llena de agua. Es un ecosistema cuya dinámica depende de la presencia temporal o permanente del agua.
Estos ambientes pueden almacenar agua, reducir la velocidad de los escurrimientos, retener sedimentos y nutrientes y contribuir a disminuir los efectos de las inundaciones. En los humedales costeros, además, las marismas pueden actuar como una primera barrera frente a tormentas y oleajes, mientras que la vegetación ayuda a fijar sedimentos y proteger las costas.
Por eso, conservar un humedal no significa solamente proteger plantas y animales. También significa mantener en funcionamiento una infraestructura natural que presta servicios ambientales de manera permanente.
La ría, una infraestructura natural
Investigadores del CONICET y la Universidad Nacional del Sur consideran al estuario de Bahía Blanca uno de los humedales más importantes del país. Su sistema de marismas, islas y planicies de marea se extiende por los partidos de Bahía Blanca, Coronel Rosales y Villarino.
El estuario alberga una amplia variedad de ambientes y especies. Entre ellas se encuentran el cangrejo cavador, la gaviota cangrejera, la franciscana y numerosas aves migratorias. Recibe anualmente más de 20.000 aves playeras y forma parte de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras.
Pero su valor no termina en la biodiversidad. Los estudios sobre el sistema socioecológico del estuario identificaron entre sus servicios la reducción del riesgo de inundaciones, la protección de las costas frente a la erosión y las tormentas, el filtrado de contaminantes, el almacenamiento y reciclaje de nutrientes y la mitigación de los efectos del cambio climático.
Es decir que una parte de la protección ambiental de Bahía Blanca ocurre todos los días, aunque no siempre sea visible.
El cangrejal también trabaja
Entre los ambientes más característicos del estuario están los cangrejales. El cangrejo cavador es una pieza clave de este ecosistema: sus cuevas modifican el sedimento, favorecen la circulación de agua y oxígeno y generan condiciones para otros organismos.
Las planicies de marea y los cangrejales también constituyen áreas de alimentación y descanso para numerosas especies de aves y sostienen una compleja red de organismos que se encuentra en la base de buena parte de la vida del estuario.
Cuando se deteriora un cangrejal, entonces, no desaparece solamente un paisaje. Se altera una parte del funcionamiento del sistema.
Una protección que puede perderse
Los humedales no son ecosistemas indestructibles. En el estuario bahiense se han identificado como amenazas la concentración de infraestructura sobre el borde costero, el dragado y relleno artificial de humedales, la contaminación y la introducción de especies exóticas.
El problema adquiere una dimensión mayor en un contexto de crecimiento de la actividad portuaria e industrial. El estuario reúne una actividad económica de enorme importancia para la región con ambientes naturales de alto valor ecológico.
El desafío consiste en lograr que ese desarrollo no comprometa las funciones que hacen posible la existencia del propio ecosistema.
Después del 7M
La inundación del 7 de marzo de 2025 obligó a Bahía Blanca a revisar su relación con el agua y a acelerar la planificación de obras destinadas a reducir el riesgo hídrico. Pero la experiencia también permite formular una pregunta más amplia: ¿qué papel tienen los ambientes naturales en esa estrategia?
La respuesta no implica reemplazar las obras de infraestructura. Canales, desagües y reservorios siguen siendo indispensables. Pero una estrategia de adaptación climática puede combinar infraestructura gris e infraestructura natural.
La primera está construida con hormigón, acero y maquinaria. La segunda está formada por humedales, áreas verdes, planicies de inundación y otros ambientes capaces de almacenar, absorber, retardar o conducir naturalmente el agua.
La clave está en que ambas funcionen juntas.
Una ley que sigue pendiente
La importancia de estos ecosistemas volvió a instalarse durante 2026 en la agenda legislativa nacional. En marzo ingresó al Senado un nuevo proyecto de ley de presupuestos mínimos de protección ambiental de los humedales, que propone establecer criterios nacionales para su conservación, restauración y uso racional.
El debate no es nuevo. Argentina lleva años discutiendo una legislación específica y todavía carece de una ley nacional de humedales. Mientras tanto, distintas provincias avanzan con sus propias herramientas y el país cuenta con un Inventario Nacional de Humedales destinado a aportar información para el ordenamiento ambiental del territorio.
La discusión sobre los humedales puede parecer alejada de los problemas cotidianos de los bahienses. Sin embargo, su importancia aparece cuando se mira el territorio como un sistema.
El estuario no es solamente el paisaje que se observa desde la costa ni únicamente el espacio donde se desarrolla una parte fundamental de la actividad económica regional. Es un sistema natural que almacena, filtra y mueve agua, protege costas, sostiene biodiversidad y captura carbono.
Después de una inundación como la del 7M, cuando la ciudad discute cómo prepararse para lluvias más intensas y fenómenos extremos, conservar esos espacios adquiere una dimensión nueva.
Porque una ciudad resiliente no se construye solamente levantando más infraestructura para enfrentar el agua. También se construye dejando funcionar a la infraestructura natural que ya existe.
En Bahía Blanca, esa infraestructura tiene nombre propio: la ría, sus marismas, sus planicies de marea, sus islas y sus cangrejales.